El atentado terrorista en el sector El Túnel, en el Cauca, que dejó al menos 14 muertos, obligó al cierre total de la vía Panamericana durante más de 30 horas. La situación llevó a la Terminal de Transportes de Pasto a suspender viajes hacia Cali, afectando a miles de pasajeros y generando pérdidas económicas y sociales en el sector.
El suroccidente colombiano volvió a quedar incomunicado por cuenta de la violencia. El atentado con cilindro bomba en el sector El Túnel, sobre la vía Panamericana que dejó al menos 14 personas muertas y más de 20 heridas, provocó el cierre total del corredor internacional, una de las principales arterias de conexión del país.
El ataque, atribuido a las Farc, se sumó a una escalada de violencia que ya completa más de 26 atentados en distintas regiones en menos de 48 horas. Las imágenes del cráter en la carretera, vehículos destruidos y personas auxiliando heridos evidenciaron la magnitud del impacto.
Este hecho no solo golpeó la seguridad del país, sino que tuvo consecuencias inmediatas en la movilidad y en la economía regional.
Miles de afectados
La emergencia obligó a la Terminal de Transportes de Pasto a suspender de manera inmediata sus operaciones hacia el norte del país, especialmente hacia Cali, una de las rutas más transitadas.
Afranio Rodríguez, gerente del terminal, explicó que la decisión se tomó en coordinación con la Policía de Carreteras, ante la falta de garantías de seguridad para los viajeros.
“Estamos hablando de alrededor de 2.300 pasajeros que se movilizan en la ruta Popayán, Cali y desde allí hacia Medellín, Bogotá y el Eje Cafetero. Es un número bastante considerable”, señaló.
En total, cerca de 240 despachos fueron cancelados durante las más de 30 horas que duró la emergencia, dejando a miles de personas varadas o sin posibilidad de viajar.
La situación también obligó a restringir la venta de tiquetes y a informar a los usuarios, incluso mediante megáfonos, sobre la imposibilidad de movilizarse por este corredor.
Riesgos para viajeros y medidas de emergencia
Uno de los mayores retos durante la crisis fue evitar que los pasajeros recurrieran a transporte informal, lo que incrementa los riesgos en medio de un contexto de orden público deteriorado.
Rodríguez advirtió que algunas personas, conocidas como “pregoneros”, ofrecían viajes por fuera del sistema formal, trasladando pasajeros a vehículos no autorizados.
“Ellos ofrecen el transporte, pero ponen en riesgo la seguridad de los pasajeros. Por eso insistimos en que no hay garantías en la vía y que debían abstenerse de viajar”, indicó.
Además, el terminal tuvo que coordinar con otras ciudades como Ipiales para evitar el envío de más pasajeros hacia Pasto, donde ya se presentaban aglomeraciones y limitaciones para atender a quienes quedaron represados.
Refuerzo de seguridad ante temor de nuevos ataques
Ante la gravedad de los hechos, el Terminal de Pasto activó nuevos protocolos de seguridad en coordinación con autoridades locales.
Entre las medidas adoptadas están la restricción del ingreso de vehículos particulares, mayor control sobre paquetes y encomiendas, y la verificación estricta de la identidad del personal y vehículos que ingresan al lugar.
También se solicitó apoyo a la Policía, la Secretaría de Tránsito y entidades de control para vigilar la presencia de vendedores ambulantes y otros actores que podrían representar riesgos en un contexto de alerta.
“Hoy toca tener cierta desconfianza de todo. No podemos permitir paquetes abandonados ni ingresos sin control”, explicó el gerente.
Pérdidas económicas y afectaciones sociales
Aunque aún no hay una cifra consolidada de pérdidas económicas, el impacto para el sector transportador es evidente. Cada despacho cancelado representa ingresos que dejan de percibir tanto el terminal como las empresas, conductores y trabajadores vinculados a esta actividad.
Sin embargo, Rodríguez enfatizó que las afectaciones van más allá de lo económico.
“Hay personas que perdieron citas médicas, tratamientos, compromisos laborales o familiares. Las pérdidas son multidireccionales y muy lamentables”, afirmó.
El cierre de la vía también evidenció la alta dependencia que tiene el sur del país de este corredor estratégico, tanto para la movilidad de personas como para el transporte de bienes.
Reapertura parcial y llamado a la seguridad
Tras más de 30 horas de cierre y trabajos de adecuación en la vía, las autoridades habilitaron un paso restringido y posteriormente autorizaron la reanudación gradual de los despachos.
No obstante, persiste la preocupación por la seguridad en la región y la posibilidad de nuevos ataques.
Desde el Terminal de Pasto hicieron un llamado a reforzar la presencia de la Fuerza Pública en el suroccidente del país, con el fin de garantizar la movilidad y prevenir nuevas emergencias.
“Esperamos que no se repitan estas situaciones y que se pueda garantizar el tránsito en una vía tan importante para la economía y para miles de personas que dependen de ella”, concluyó Rodríguez.
La reapertura representa un alivio parcial, pero deja en evidencia la fragilidad de la seguridad en una de las rutas más estratégicas de Colombia.



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