Una investigación pionera del Instituto de Investigación Ganadera de Taiwán demuestra que prácticas como la intercalación de cultivos y el uso de fertilizantes orgánicos pueden aumentar el carbono en el suelo sin comprometer la productividad ni generar acidificación. El hallazgo abre nuevas vías para una ganadería más sostenible frente a la crisis climática.
Cultivar forraje que cuide el planeta ya es posible, pues desde 2023, el Instituto de Investigación Ganadera de Taiwán (TLRI), adscrito al Ministerio de Agricultura, ha estudiado los efectos de prácticas agrícolas carbono-negativas en campos de pasto elefante, como se informó en el portal Taipei Times. (Lea en CONtexto ganadero: Cogancevalle ofrece análisis gratuito de costos de producción para ganaderos)
El resultado es una combinación innovadora con cáñamo sunn y fertilización orgánica que no solo mantiene los niveles de producción, sino que ayuda a capturar carbono atmosférico y protege la salud del suelo.
El concepto de agricultura carbono-negativa busca transformar el rol del agro en el cambio climático, es decir, pasar de ser fuente de emisiones a convertirse en sumidero de carbono. Bajo esa realidad, el TLRI evaluó durante tres años el impacto de nuevas técnicas sobre el cultivo de pasto elefante, una especie forrajera clave en la ganadería taiwanesa desde 1961.
El director general del TLRI, Huang Jeng-fang, explicó que, aunque los fertilizantes nitrogenados tradicionales siguen liderando en términos de volumen de producción y contenido de proteína cruda, su uso intensivo contribuye a la acidificación del suelo, lo cual compromete la salud a largo plazo de los ecosistemas agrícolas.
La investigación reveló que la siembra intercalada de pasto elefante con cáñamo sunn, junto con una reducción en el uso de fertilizantes nitrogenados, puede ofrecer un equilibrio más saludable. Esta combinación no solo previene la acidificación, sino que también incrementa significativamente el contenido de carbono orgánico en el suelo.
De acuerdo con Huang, “ambas estrategias, la intercalación de cáñamo y la aplicación de estiércol de vaca, aumentaron el carbono del suelo entre un 3,6 % y un 5,5 % en tres años, superando el 2,4 % logrado solo con fertilizantes nitrogenados”. Además, no se detectaron alteraciones relevantes en el pH del suelo, lo que confirma su estabilidad.
Ganadería con menor huella de carbono
En paralelo, la Estación de Investigación y Extensión Agrícola del Distrito de Taoyuan evaluó la huella de carbono del bok choy producido por una granja orgánica. Aunque cada paquete de 250 gramos emite 0,35 kg de CO₂ equivalente, la mayor parte de estas emisiones ocurre durante la producción, especialmente por el uso de fertilizantes y sustratos.
El informe destacó oportunidades de mejora como el uso de fertilización de precisión o la sustitución de insumos importados por alternativas locales, reduciendo así la huella del transporte y los gases de efecto invernadero como el óxido nitroso.
Los hallazgos de ambas investigaciones subrayan una verdad clave para el futuro de la ganadería, es posible mantener o incluso mejorar la productividad agrícola mientras se protege el medio ambiente. Las prácticas evaluadas no solo reducen las emisiones, sino que convierten los campos forrajeros en auténticos sumideros de carbono.
En palabras de Huang Jeng-fang, “el uso de fertilizantes orgánicos y prácticas agrícolas respetuosas con el medio ambiente no solo protege los suelos, sino que mejora los beneficios de los campos de forrajes perennes como sumideros de carbono”. Un paso firme hacia una ganadería más resiliente, rentable y alineada con el desafío climático global. (Lea en CONtexto ganadero: Fedegán y Cogancevalle impulsan la formación en ganadería sostenible con cursos de mayordomía)



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