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Cuero de sapo, la enfermedad silenciosa que pone en jaque la yuca en Colombia

Álvaro Quintana 04 de Febrero 2026
Cuero de sapo, la enfermedad de la yucaFoto: CortesíaLa yuca afectada por cuero de sapo no presenta síntomas visibles en el follaje, pero sus raíces pierden valor comercial y nutricional al momento de la cosecha.

Una enfermedad silenciosa conocida como cuero de sapo está causando pérdidas totales en cultivos de yuca en distintas regiones del país. Su difícil detección y su propagación a través de material vegetal contaminado la convierten en una amenaza directa para la seguridad alimentaria y la agricultura familar.


En muchas zonas rurales de Colombia la yuca crece sin levantar sospechas, el follaje se mantiene verde, el desarrollo parece normal y el productor confía en una cosecha estable. Sin embargo, al momento de arrancar la planta la realidad cambia: raíces deformes, cortezas endurecidas y una textura áspera revelan la presencia del cuero de sapo, una enfermedad que actúa sin señales visibles y que puede arrasar con toda la producción.

La gravedad del problema se explica por el lugar que ocupa la yuca en el campo colombiano: es un cultivo presente en todos los departamentos, base de la alimentación rural y soporte económico para miles de familias campesinas. Por eso, cualquier afectación tiene impacto directo sobre la seguridad alimentaria y la estabilidad productiva. En predios donde la enfermedad se establece, las pérdidas pueden ser totales, ya que las raíces dejan de almacenar almidón, se vuelven fibrosas y pierden valor comercial tanto para el consumo como para la agroindustria.

Aunque muchos productores creen que se trata de una afectación reciente, el cuero de sapo fue identificado en el país hace más de cinco décadas y desde entonces ha golpeado regiones estratégicas como la región Caribe, el Valle del Cauca, el Tolima y los Llanos Orientales, zonas donde la yuca no solo es cultivo tradicional, también sustento diario. Su permanencia está ligada a una forma de propagación silenciosa, la siembra mediante estacas, una práctica extendida que facilita que una sola planta enferma multiplique el problema en amplias áreas de cultivo.

A esta dinámica se suma la complejidad de la enfermedad. Durante años se asumió una causa única, pero hoy se sabe que el cuero de sapo está asociado a la interacción de varios virus y un fitoplasma. También existe la hipótesis de la posible transmisión por insectos como moscas blancas y cicadélidos, un escenario que dificulta el control y obliga a reforzar el manejo sanitario desde la finca.

El mayor riesgo para el agricultor es que la planta no muestra señales evidentes en su parte aérea, lo que retrasa la detección y permite que el daño avance sin ser percibido. En este contexto, el diagnóstico de laboratorio ha cobrado relevancia como herramienta para identificar material vegetal contaminado antes de la siembra. (Lea en CONtexto ganadero: Nueva variedad de yuca promete transformar la producción en la Orinoquía)

Desde el ámbito técnico, entidades de investigación como Agrosavia, en articulación con otros centros científicos, han aportado al entendimiento del comportamiento de la enfermedad y a la definición de medidas prácticas. Algunas de ellas incluyen el uso de semilla sana, la selección cuidadosa de plantas madre, la eliminación temprana de focos infectados, la renovación periódica del material de siembra y el control de insectos asociados.

El cuero de sapo continúa siendo una amenaza latente para la yuca en Colombia, no obstante, el conocimiento acumulado, junto con decisiones oportunas en finca y buenas prácticas agrícolas, ofrece herramientas reales para proteger un cultivo esencial para el campo y para la alimentación de millones de personas.


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