La incorporación de fibra en la dieta en tiempos de sequía

27 de Febrero 2017
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El incremento en la escala productiva de muchos tambos sobre igual superficie (intensificación), sumado a contingencias climáticas extremas, como la sequía que está afectando actualmente la región, implican que en el sistema la provisión de ciertos nutrientes se puede tornar crítico, tal el caso de la fibra, en particular la fibra seca (tipo heno).
 
Por diversas razones, en muchos planteos productivos los henos (rollos/fardos) son cada vez más escasos y en algunos casos incluso se los ha terminado reemplazado totalmente por silajes.
 
¿Qué es la fibra?
 
La fibra es el componente más importante de la pared celular de las plantas y constituye su elemento estructural o de “sostén”. Está integrada por celulosa, hemicelulosa, lignina y una serie de compuestos menores ligados a ella, también indigestibles (sílice, cutina, N-ligado, compuestos Maillard, etcétera).
 
A este conjunto químico también se lo denomina vulgarmente “carbohidratos fibrosos o estructurales” (aunque sólo la celulosa y la hemicelulosa sean estrictamente los carbohidratos) y en el laboratorio se lo reporta como FDN (fibra detergente neutro).
 
¿Para qué sirve la fibra como nutriente?
 
La fermentación de la fibra (celulosa y hemicelulosa) en rumen da lugar a la producción de ácidos grasos volátiles (acético-propiónico-butírico) que son utilizados por la vaca como la principal forma para obtener energía. Además, el ácido acético (el más importante cuando hay mucha fibra en la dieta) es el precursor primario de la grasa en leche.
 
En contraste, la digestión de azúcares y almidones (de los granos de cereales, por ejemplo) produce ácido propiónico, que se convierte en glucosa vía metabolismo hepático, y que es posteriormente utilizada para sintetizar leche y también para obtener energía (por ejemplo, para sintetizar grasa corporal).
 
¿Y si falta la fibra en la dieta?
 
Si la fibra de tipo “larga” (también llamada fibra “efectiva”) es escasa en la dieta y/o hay una gran proporción de alimentos concentrados y/o fermentados de tamaño de partículas muy pequeñas (como los ensilajes de forrajes picados muy finos), se puede producir acidosis ruminal, por alteraciones en la fermentación y descenso marcado del pH.
 
El tamaño de las partículas de fibra en las dietas de vacas lecheras en lactancia es importante, ya que la fibra larga forma un “entramado, tipo malla” en la parte superior del rumen, donde se enredan las partículas más groseras. Este estrato fibroso es el que regula el tránsito de partículas que dejará el rumen, a la vez que permite la regurgitación y la masticación, produciendo grandes cantidades de saliva. La saliva es la que protege el rumen, evitando que se acidifique.
 
Si el pH se encuentra entre 5,8-5,9, la digestión de la fibra en el rumen cesa totalmente. Cuando el pH cae debajo de 5,2 a 5,5, los animales pueden morir por acidosis. Los signos más comunes de la acidosis desde la subclínica a la clínica incluyen laminitis, reducción de grasa en leche (3,2 por ciento GB), diarrea, reducción de la masticación y el consumo y menor utilización de los nutrientes en general.
 
Por lo tanto, las vacas requieren tanto un mínimo como un máximo de fibra. Las distinguimos en:
 
Fibra de tipo “química” (FDN): no menos de 30 por ciento, ni mucho más del 50 por ciento, en MS de la dieta total.
 
Fibra “efectiva”: no debe ser inferior al 5-8 por ciento de la MS total suministrada ni mayor del 15 por ciento si se trata de fibra larga de baja digestibilidad (45 por ciento), ya que provocaremos “efecto llenado ruminal” que es también perjudicial. En resumen: si falta fibra, acidosis ruminal; si hay exceso, llenado ruminal.
 
Fuentes de fibra. Las fuentes más representativas son los henos (rollos/fardos/cubos), tanto de gramíneas (moha, pasturas y verdeos) como de leguminosas (alfalfa, trébol rojo). (Lea: La importancia de la fibra efectiva en la alimentación del ganado)
 
Comparados a una misma calidad, los henos de alfalfa son superiores a los de moha o mezclas de gramíneas tipo festuca y pasto ovillo. Aunque cuando la leguminosa se henifica “pasada” pierde más calidad que la gramínea en general, debido no sólo a su mayor contenido en lignina de los tallos, sino a las grandes pérdidas de hoja (la parte de mayor valor nutritivo).
 
Los forrajes ensilados (maíz, sorgo, pasturas, verdeos invierno) y procesados con tamaños de partículas “media” (al menos un 15 por ciento de las partículas mayores a 2,5 centímetros de largo) también son fuente de fibra efectiva. Sin embargo, son alimentos “ácidos” que pueden ocasionar problemas si se utilizan en grandes cantidades en la dieta (+60% de la MS total).
 
Los rastrojos de cosechas (trigo, maíz, sorgo, soja, maní) y las cascarillas de algunas semillas (girasol, soja, maní, algodón, “afrechos” de trigo y arroz) también son fuentes de fibra; sin embargo, presentan limitaciones para una eficiente utilización en ganado lechero.

 

Obviamente, en la medida que el recurso sea de mayor calidad, el costo de utilización será proporcionalmente menor (20 a 30 por ciento inferior). Por ejemplo, la fibra obtenida de un rollo de rastrojo de soja de baja calidad puede hasta triplicar el costo por kilo de MS de cualquier otra fuente. Los rastrojos y cascarillas son de baja calidad.
 
Estos recursos son en general de muy bajo valor nutritivo en términos de energía, proteínas, carbohidratos fácilmente asimilables, minerales y vitaminas. Si bien son muy ricos en fibra (+75% de la MS total), esta fracción se encuentra normalmente muy “lignificada” ya que la planta ha completado su ciclo.
 
La lignina (una especie de “cemento” de la pared celular) es completamente indigestible e incluso perjudica la digestibilidad del resto de los componentes (celulosa, hemicelulosa). Por lo tanto, el uso de los rastrojos de cosecha y de algunas cascarillas (con excepción de la de soja y la de maíz) debe realizarse con mucha precaución.
 
El orden de la calidad (valor nutritivo) de los rastrojos y de las cascarillas, de mayor a menor es:
Rastrojos. Maíz, avena, cebada, trigo, sorgo, soja, girasol.
Cascarillas. Soja, maíz, trigo, girasol, algodón, maní.
 
¿Por qué los rastrojos de soja y sorgo y las cascarillas de girasol, algodón y maní son los de más baja calidad? Debido, justamente, a su mayor contenido en lignina. (Blog: La fibra, ingrediente funcional en productos cárnicos)
 
¿Cómo utilizarlos en el ganado lechero para ser más eficientes? En términos generales los residuos de cosechas y los henos de muy baja calidad deben siempre utilizarse en cantidades controladas y en lo posible previamente procesados (básicamente picados o molidos en partículas “grandes” (tamaño medio de picado de tres a cuatro centímetros) Las cascarillas, obviamente, no necesitan procesamiento.
 
Si bien su rol principal será el de abastecer de fibra “efectiva” al rumen, el suministro de la fibra demasiado larga en este tipo de alimentos (rastrojos/henos “pasados” en forma de rollos) deprimirá el consumo y la palatabilidad. Por ejemplo en porta-rollos los desperdicios de este tipo de recursos, debido a la selectividad del ganado, pueden llegar a ser del 40 a 50 por ciento.
 
Si se utilizan directamente en pastoreo, hacerlo con altas cargas instantáneas y horarios controlados de consumo. En el caso de la soja, esta forma no se aconseja, y menos aún si se trata de un cultivo completo, con muchas chauchas.
 
Como además también se los puede utilizar como un “vehículo” para suministrar otros alimentos más concentrados (granos, porotos, expeller; urea, minerales), procesarlos en forma conveniente permitirá formular buenas mezclas. Ante déficit de fibra en la dieta, y si hay que adquirir concentrados, los subproductos tipo semilla de algodón y afrechillo de trigo son los más apropiados (obviamente, incorporados balanceando la dieta).
 
Las cantidades a suministrar diariamente dependerán de los déficit en fibra de la dieta y obviamente, de los niveles productivos, pero nunca recomendamos exceder el 8 al 10 por ciento de la MS total que se estima comerán los animales. Si los rastrojos están muy contaminados con hongos y/o tierra, abstenerse de utilizarlos. A veces es peor el remedio que la enfermedad.

 

Miriam Gallardo
Ingeniera Agrónoma