Otra ganadería es posible

24 de Mayo 2021
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Foto: hispalgan.com

La alimentación de las principales producciones ganaderas en España (lácteos, cerdo, pollo y huevos de granjas industriales) consumió en 2019 más de 4,6 millones de toneladas de soja importada. Su sustitución por fuentes de proteína autóctona para piensos es inviable en el corto y medio plazo, y supondría la perpetuación de un modelo productivo con graves impactos.

 

Avanzar hacia la sostenibilidad del sistema alimentario requiere, además de reducir los consumos de proteína animal y apostar por los cultivos de legumbres autóctonas para alimentación humana, la transición a sistemas productivos ganaderos extensivos y ecológicos, adaptados a los recursos y particularidades de cada territorio.

 

La ganadería extensiva abarca diferentes modelos de aprovechamiento de los recursos naturales, principalmente mediante pastoreo, accediendo con el ganado a zonas generalmente no aptas para usos agrícolas. Para hacerla viable, se han desarrollado diferentes formas de trashumancia que facilitan la movilidad del ganado en busca de los recursos disponibles, en cada momento y en cada lugar: pastos, praderas, superficies de monte, zonas arboladas y arbustivas, rastrojeras y restos de los cultivos, eriales, linderos, caminos, riberas

 

La ganadería extensiva ha conformado durante siglos infinidad de ecosistemas y paisajes culturales de alto valor natural, como la dehesa, los pastizales de montaña, corredores ecológicos o la inmensa red de cañadas y vías pecuarias.

 

De esta manera, la ganadería extensiva nos ofrece alimentos de calidad para el ser humano, atendiendo y respetando el ritmo de crecimiento de los animales, sus procesos digestivos y los comportamientos propios de cada especie. Pero además, la ganadería extensiva bien gestionada y adaptada al territorio produce numerosos servicios ambientales y sociales:

 

  • Conserva biodiversidad y diversidad de paisajes y ecosistemas de alto valor ambiental.
  • Genera suelos, incrementando la materia orgánica y conservando la cubierta vegetal, que cumplen una importante función de sumidero de carbono y reservorio de agua.
  • Reduce el riesgo de propagación de los (cada vez más frecuentes) grandes incendios forestales, al controlar la proliferación arbustiva y reducir la carga combustible de los montes.
  • Preserva un valioso patrimonio cultural y etnográfico, atesorando un conocimiento tradicional de los ecosistemas locales necesario para su conservación, y cumple una importante labor de recuperación y mantenimiento de vías pecuarias, fuentes, caminos…
  • Es una actividad económica viable que mantiene tejido social en muchas zonas rurales amenazadas por la despoblación, genera empleo, contribuye a incorporar y fijar población en el mundo rural y favorece el desarrollo de otras actividades económicas paralelas, como actividades de turismo, ocio o formación…
  • Frente a los sistemas ganaderos industriales, la ganadería extensiva supone una herramienta imprescindible frente al cambio climático.

 

Por su parte, la ganadería ecológica añade a la base territorial de los manejos extensivos las restricciones en el uso de medicamentos convencionales, ya que la buena salud de los animales se logra mediante la prevención y adaptación al medio.

 

En los sistemas productivos ganaderos, la transición hacia la sostenibilidad supone pasar de la aplicación del paquete tecnológico estándar en todo el mundo (soja, maíz, razas de ganado selectas, confinamiento y medicamentos) al manejo agroganadero adaptado a cada territorio y centrado en el aprovechamiento de recursos marginales, que no compitan con la alimentación humana en el uso global del suelo.

 

Para ello es necesaria una importante reducción del uso de piensos concentrados en favor de un mayor aporte de forrajes: sacar al ganado de los establos y que aproveche a diente pastos, praderas y montes; siempre ajustándose a los ciclos naturales del pasto. Así como otros recursos disponibles en el territorio: barbechos y restos de cosechas o subproductos de la industria agraria y alimentaria. Recursos todos ellos no aprovechables directamente para la alimentación humana.

 

La adaptación de las ganaderías a la disponibilidad de recursos para la alimentación animal pasa por una importante reducción de la cabaña ganadera, ajustando la especie animal a las condiciones de cada territorio. En este camino, las ganaderías extensivas encuentran importantes retos para alcanzar la viabilidad económica, social y ambiental, como la dificultad para cerrar ciclos productivos y comercialización en el territorio, con fuertes inversiones para volúmenes bajos de producción; el acceso a pastos; o la disponibilidad de caminos y su estado de conservación. Son cuestiones que suponen un importante esfuerzo físico, económico y de gestión, que debe ser reconocido y recompensado en las políticas públicas, con el pago de los servicios ambientales, y también en el mercado, a través del precio o de políticas fiscales adecuadas.

 

La Unión Europea, y varios estados miembros, están promoviendo el cultivo en su territorio de diferentes leguminosas (guisante, soja, etc.) destinadas a alimentación animal, con el objetivo de reducir las importaciones de soja. Este planteamiento se enfrenta a la oposición de federaciones ecologistas europeas y organizaciones campesinas locales por diferentes motivos.

 

  1. La sustitución de la soja importada por soja y otros cultivos proteicos autóctonos (pero que se concentrarían en el centro y este europeo) permitiría mantener un modelo ganadero que afecta negativamente a nuestros ecosistemas y comunidades rurales, y que, bajo el control corporativo actual de la producción y comercio de granos, impacta muy negativamente en la soberanía alimentaria de las regiones exportadoras de granos: acaparamiento de tierras, desabastecimiento de mercados locales o desaparición del campesinado (1, 2).
  2. En los ambientes semiáridos (cada vez más áridos) de la Península, con suelos poco profundos y muy erosionados, el cultivo de cereales y leguminosas tiene muy bajos rendimientos: en muchas ocasiones ni siquiera merece la pena terminar el ciclo del cultivo y cosechar el grano. Cuando no se dan las condiciones de suelo o meteorológicas necesarias para terminar el cultivo, es importante tomar la decisión, en el momento adecuado, de segar y aprovechar el cultivo en forma de heno, o soltar al ganado para que lo consuma a diente.
  3. La disponibilidad de recursos hídricos en la Península es insuficiente para generalizar leguminosas en regadío destinadas a alimentación animal, como guisantes o la propia soja.
  4. España es importadora neta de legumbre y cereal; las cosechas locales de grano deberían destinarse principalmente a la alimentación humana, y en último caso, a complementar la alimentación del ganado en determinados momentos de mayor exigencia nutritiva y de escasez de otros recursos.

 

Necesitamos un programa sólido de reintroducción de variedades de cultivo adaptadas a nuestros suelos y clima, con especial atención a leguminosas integradas en las rotaciones con otros cultivos. Una estrategia clara para trabajar de manera participada la mejora genética (en términos de calidad mínima proteica y de eficiencia productiva); junto a la recuperación del conocimiento del cultivo, su conservación, uso y propiedades, y la puesta en valor en el mercado de las leguminosas autóctonas, asegurando la comercialización a precios estables.

 

Texto original en el siguiente enlace.