Alfonso Santana Díaz

Cómo terminará el 2026 el sector ganadero

Por Alfonso Santana Díaz - 05 de Mayo 2026


Más allá de la intención del gobierno de bajar a garrotazos el precio interno de la carne bovina con limitar la exportación de determinados ganados, el gran reto para el sector ganadero está en cómo capotear la tendencia de la producción y del consumo, y los embates de la tasa de cambio que se avecinan para lo que resta de 2026 y entrado el 2027, los cuales están muy ligados a lo que suceda en política pública y lectoral a nivel interior y en política internacional relacionada con temas de control del petróleo.

Y es que detrás de ese discutible decreto de limitar las exportaciones de bovinos, está el interés del gobierno por atajar el aumento de una inflación advertida, que él mismo propició, y no tanto para que los colombianos dispongan de una mayor oferta de carne y así un menor precio de este bien.

¡Cómo va a entregar el gobierno del pueblo, al término de su mandato, una inflación elevada! Eso no puede ser, diría el primer mandatario. Recordemos que la evolución del sector bovino ha estado marcada por la incertidumbre económica y la inseguridad jurídica que desde el comienzo del mandato le imprimió a la política sectorial, empezando por calificativos de desprecio y la narrativa de odio hacia los ganaderos, con su relato de terratenientes, explotadores, usurpadores, etc., reforzando el nivel de incertidumbre con la implantación de una reforma agraria a como diera lugar, expropiación exprés, jurisdicción agraria, y elevación descomunal de los prediales, entre otras, algunas de las cuales fueron, en buena hora, contenidas por Fedegán gracias a su papel de facilitador en la venta de tierras de ganaderos al gobierno para la reforma agraria. En general, durante este gobierno, los ganaderos han estado a la expectativa, y por qué no decirlo, temerosos ante los arrebatos de un gobierno hacia la transición comunista, que hace imposible no recordar del actuar de su émulo en Venezuela. Eso ha frenado la economía ganadera.

Paradójicamente, en su afán de congraciarse con lo que él llama el pueblo —que al fin de cuentas ha sido el mantenimiento de la base electoral de su partido—, también favoreció al sector ganadero. No solo a través de la capacidad de compra que le otorgó a esta base a través de contratos, programas y subsidios que repartió a diestra y siniestra, sino por medio de los aumentos del salario mínimo por encima de la inflación que decretó. Indudablemente esto generó una mayor demanda por bienes de consumo, que se potencializó con el incremento decretado para 2026, que audazmente argumentó como salario vital. Esa mayor demanda ha mantenido el precio del ganado al alza, que ha servido a su vez para compensar el mayor costo que el mismo gobierno propició.

Pero no todo es tan bueno, y esa es la preocupación en lo que resta del año y comienzos del entrante. Ya de por si vamos a tener un resultado importante de precios de la carne al final del año. Se va a repetir la historia del año pasado. Adicionalmente, el problema es su política fiscal que está constriñendo los sectores exportadores vía apreciación del peso, impulsado por el manejo de deuda externa de su ministro de Hacienda o desapareciendo las actividades como es el caso de Ecopetrol. Apreciación en la que la debilidad del dólar ha hecho su parte, por los temas internacionales que no parecen detenerse. No hay que olvidar, además, el manotazo que el ministro de Hacienda, como como fiel copia del comportamiento del primer mandatario, le dio a la Junta del Banco de la República. Además, de quien resulte electo va a marcar el rumbo de la tasa de cambio, o mejor dicho la confianza o desconfianza hacia el país. Ya las calificadoras internacionales de riesgo han dado su anticipo.

En resumen, tenemos un tipo de cambio en el entorno internacional que fluctúa dependiendo del precio del petróleo y que impactará el precio de los fertilizantes, y de las tasas de la Reserva Federal, cuyo efecto combinado con las políticas del gobierno nacional ya descritas, ha situado el tipo de cambio alrededor de $3.650 por dólar. Es un nivel que reduce la competitividad a las exportaciones del sector ganadero.

Pero también se debe contemplar el fenómeno de El Niño que, según las previsiones, se sentirá con mayor dureza a finales de este año y comienzos del 27, lo que afecta la disponibilidad de comida para los ganados. Otro factor en favor es la determinación del Consejo de Estado que suspendió el traslado de recursos desde los fondos privados (AFP) a Colpensiones por $25 billones de pesos, parte de los cuales estarían invertidos en el exterior, y su ingreso al país habría presionado aún más a la baja el tipo de cambio. Continuar abriendo esa puerta estimulará las importaciones y de pronto resultemos comprando carne en grandes cantidades. Por lo menos de leche sí es seguro.

Es que la perorata del primer mandatario no solo ha servido para mantener su teflón de popularidad sino para hacer que sus embelesados ministros —que dan la impresión de que solo se enteran en el Consejo de ministros de lo que a su jefe se le ocurre, mejor dicho, de su improvisada política—, e impactados por el tono autoritario de sus instrucciones ¡porque yo soy el presidente! salen a pie juntillas a armar legalmente lo que él cree como deben ser las políticas, no lo que propongan los técnicos (no creo que siquiera se les preguntó) buscando la fiebre en las sábanas. De ahí el proyecto de decreto que establece un cupo máximo de exportación de 66.700 machos menores de dos (2) años. Ilegal, pero estamos en la era Petro, y el retroceso del sector y ese futuro incierto será su legado.


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