Por Horacio del Castillo Restrepo
La detención y condena a varios años de prisión de Jorge Visbal Martelo, otrora presidente de Fedegán, se convierte en otra vejación más contra las víctimas de la guerrilla en Colombia. Los ganaderos de este país, con más de 10.000 afectados por los delitos de secuestro y asesinato, no podemos entender cómo nuestros verdugos gozan de total impunidad, sin indemnizar a los afectados durante décadas de conducta criminal regando dolor y sufrimiento por toda la geografía nacional.
Mucho tiene que estar mal cuando uno ve que personajes abiertamente amigos y amigas de las guerrillas y hasta candidatos a la Presidencia, afines políticamente con la insurgencia criminal, han ocupado escaños gratis en el Senado y ministerios en este gobierno, sin que nada les pase, habiendo servido inclusive como intermediarios entre las familias de los secuestrados y sus captores para el pago de rescates, seguramente cobrando jugosas comisiones, mientras que a Visbal le fue negada la oportunidad de acogerse a la JEP para defenderse ante una acusación de simpatía con las Auc. Es tan torcida esta política, que no logro entender cómo ante los ojos de algunos jueces, los crímenes cometidos por la derecha hay que condenarlos mientras que los de la izquierda son inocuos.
Nada genera más violencia que cuando un Estado no protege a sus ciudadanos; ya sea porque no tiene los medios o el marco legal, o no desea hacerlo. En los años anteriores al Gobierno de Álvaro Uribe, los ganaderos y demás empresarios del campo estábamos abandonados a nuestra suerte; muchos fuimos secuestrados o asesinados. En ese contexto nacieron las Auc como única manera de sobrevivir al abandono estatal, era la vida y patrimonio de los ganaderos y agricultores o perder todo ante los violentos. Fedegán se convirtió en nuestra única esperanza intercediendo ante el gobierno por el gremio, por eso pagó con su vida José Raimundo Sojo en 1995, ilustre expresidente de Fedegán. En octubre del 2003, el entonces presidente de nuestra Federación, Jorge Visbal, se salvó milagrosamente de un atentado con rocket, lanzado a corta distancia contra su humanidad por una guerrilla que declaró a Fedegán como su objetivo militar.
No puede haber sanación espiritual ni perdón entre los colombianos ante tamañas injusticias, donde solamente una parte de los ciudadanos son encarcelados y perseguidos, y la otra exonerados de toda culpa después de un largo y sangriento conflicto. Jorge Visbal Martelo es un mártir más de la tragedia de este gremio ganadero, que lejos de ser victimario en el conflicto, según la narrativa de la izquierda, ha sido víctima de una cruel persecución de la delincuencia guerrillera en este país.


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