Silverio Herrera

El pulso de la tierra: honor al trabajo de los ganaderos en Colombia

Por Silverio Jose Herrera - 13 de Mayo 2026


En el marco del Día del Trabajo, cuando el país se detiene a reconocer el valor de quienes sostienen con su esfuerzo la vida económica y social de la nación, es justo y necesario dirigir una mirada respetuosa y solemne hacia uno de los sectores más sacrificados, constantes y fundamentales: el sector ganadero colombiano. Allí, donde el día comienza antes que el sol y termina mucho después de que cae la noche, se forja un tipo de trabajo que no admite pausas ni concesiones.

Hablar de la ganadería es hablar de hombres y mujeres que han hecho de la tierra su destino y de la constancia su mayor virtud. Desde el obrero raso, el ordeñador que inicia la jornada en la madrugada, el corralero que organiza con precisión cada movimiento del ganado, el vaquero que recorre extensas sabanas y montañas, hasta el administrador, el caporal o el encargado que asume la responsabilidad integral de la producción, todos conforman una cadena humana que sostiene uno de los pilares de la economía nacional.

No se trata simplemente de un oficio. Es una forma de vida. Una vocación que exige disciplina, conocimiento del entorno, resistencia física y, sobre todo, un profundo respeto por la tierra y los animales. El trabajador ganadero no conoce de horarios rígidos ni de condiciones ideales. Su labor está sujeta al clima, a los ciclos naturales, a los desafíos sanitarios y a las dinámicas del mercado. Y aun así, cada día, sin excepción, cumple con su deber.

En cada litro de leche, en cada kilo de carne que llega a las mesas colombianas, hay una historia de esfuerzo silencioso. Hay madrugadas frías, jornadas bajo el sol inclemente, manos curtidas por el trabajo y una voluntad que no se doblega ante la adversidad. Ese trabajo, muchas veces invisible para quienes habitan las ciudades, es el que garantiza la seguridad alimentaria de millones de colombianos.

Es importante destacar que el sector ganadero no solo aporta al sustento económico del país, sino que también construye tejido social en las regiones. Genera empleo, dinamiza las economías locales y mantiene vivas tradiciones que hacen parte de la identidad rural colombiana. En cada finca, en cada hato, hay historias de emprendimiento, de superación y de arraigo.

Sin embargo, a pesar de su importancia, el reconocimiento hacia estos trabajadores no siempre ha sido proporcional a su aporte. Por eso, este Día del Trabajo representa una oportunidad para saldar, al menos en parte, esa deuda simbólica. Para decirles, con claridad y respeto, que su labor importa, que su esfuerzo cuenta y que su papel en la construcción de país es invaluable.

Esta es también una ocasión para exaltar el espíritu emprendedor del ganadero colombiano. Porque más allá de las dificultades propias del campo (la incertidumbre climática, los retos de seguridad, las fluctuaciones del mercado), han sabido mantenerse firmes, innovar, adaptarse y seguir produciendo. Esa resiliencia es, sin duda, una de las mayores fortalezas del sector.

No hay distinciones cuando se habla del trabajo ganadero. Todos, desde el más humilde jornalero hasta el más experimentado administrador, comparten una misma esencia: la de quienes entienden que el progreso se construye con esfuerzo diario, con compromiso y con amor por lo que se hace. Son trabajadores que no buscan protagonismo, pero que merecen reconocimiento.

En este primero de mayo, Colombia debe volver su mirada al campo con gratitud. Debe reconocer que en esas manos trabajadoras se sostiene buena parte de su estabilidad y de su futuro. Debe entender que la ganadería no es solo un renglón económico, sino un componente esencial de la vida nacional.

A todos los trabajadores del sector ganadero, sin distingo alguno, va este homenaje sentido y solemne. A ustedes, que madrugan cada día con la convicción de sacar adelante su labor; a ustedes, que han hecho patria desde el campo, con esfuerzo, dignidad y perseverancia.

Que este Día del Trabajo sea un momento de reconocimiento sincero. Porque en el pulso constante de la tierra, en el ritmo inquebrantable de sus jornadas, late una de las expresiones más auténticas del trabajo colombiano. Y ese, sin duda, merece ser honrado con respeto y gratitud.