La creación de Agasurbol abre una oportunidad para convertir la vocación productiva de Morales en una agenda colectiva de competitividad, tecnología, comercialización e infraestructura.
En Morales, hablar de ganadería es hablar de la economía cotidiana, del empleo rural y del sustento de las familias. También es hablar de una tradición productiva que ha resistido inundaciones, veranos intensos, aislamiento vial y décadas de violencia. Por eso, el futuro del municipio no depende únicamente de conservar su vocación ganadera, sino de organizarla, modernizarla y convertirla en una fuerza colectiva capaz de negociar, gestionar y competir.
Con un inventario aproximado de 96.000 bovinos, Morales se destaca como el municipio con mayor vocación ganadera del cono sur de Bolívar. Sus productores se dedican, principalmente, a la cría y al doble propósito y, en menor medida, a la ceba. Esta dinámica lo ha convertido en una importante despensa de terneros para Cesar y Santander, con abastecimiento semanal a la subasta comercial de Aguachica.
La geografía ha sido determinante en esa historia. Las tierras fértiles, el río Magdalena y el brazo del río Morales han favorecido el desarrollo de la actividad pecuaria. Durante las décadas de 1920 y 1930, la vía fluvial facilitó la llegada de animales que contribuyeron a consolidar la calidad de los hatos. Desde entonces, la ganadería ha sido una fuente de ingresos, empleo y arraigo para el territorio.
Sin embargo, ese potencial convive con enormes limitaciones. Las inundaciones del primer semestre de 2025 obligaron a movilizar más de 30.000 animales, mientras que los veranos intensos ponen a prueba la disponibilidad de agua y alimento. A ello se suma una infraestructura vial insuficiente: después de más de cuatro siglos de historia, el municipio apenas contaba con seis kilómetros de vía pavimentada, y los productores todavía deben cruzar el río Magdalena en ferri para sacar sus animales y productos, ante la ausencia de puentes.
La ganadería también ha soportado el impacto del conflicto armado. Secuestros, desplazamientos, extorsiones y presencia de grupos ilegales han golpeado durante años a los productores. Pese a ello, han permanecido en el territorio, han reconstruido sus proyectos de vida y han sostenido una actividad que dinamiza la economía local. Esa resistencia merece reconocimiento, pero no puede seguir siendo la única estrategia para sobrevivir.
Frente a esta realidad, continuar trabajando de manera aislada limita la capacidad de los ganaderos para acceder a asistencia técnica, incorporar tecnología, reducir costos, mejorar la comercialización y defender intereses comunes. La asociatividad deja de ser, entonces, un discurso deseable y se convierte en una necesidad productiva y territorial.
Con esa convicción nació la Asociación de Ganaderos del Sur de Bolívar (Agasurbol), impulsada por productores de Morales que entendieron que la unión puede transformar dificultades individuales en soluciones colectivas. El proceso contó con el acompañamiento de la administración municipal, a través de la Secretaría de Desarrollo Social y Económico, liderada por Katherine Moreno; del Colegio Agropecuario Vicente Hondarza, con el apoyo del médico veterinario y docente Mauricio Zayas; y de Fedegán, mediante el profesional de desarrollo ganadero del Proyecto Local Sur de Bolívar.
La creación de la asociación es un paso importante, pero el verdadero trabajo comienza ahora. Agasurbol deberá convertirse en una plataforma para impulsar capacitación técnica, compras conjuntas, acceso a programas institucionales, transferencia de tecnología, mejores canales de comercialización y preparación ante emergencias climáticas. También tendrá que representar con firmeza las necesidades del territorio en materia de vías, conectividad, seguridad rural y acceso a servicios.
Una asociación sólida no se mide únicamente por el número de afiliados o por la firma de un acta de constitución. Se mide por su capacidad para generar resultados concretos, mantener la confianza entre sus integrantes y construir una agenda común. Para lograrlo, será indispensable una participación activa de los productores, una administración transparente y una relación permanente con la academia, el gremio y las autoridades.
Morales no parte de cero. Tiene ganado de calidad, experiencia productiva, una ubicación estratégica sobre el río Magdalena y productores que han demostrado una enorme capacidad de resistencia. Lo que necesita es convertir esas fortalezas dispersas en una visión compartida de desarrollo.
La asociatividad puede ser el puente que durante años le ha faltado al territorio: un puente para acercar la tecnología, mejorar la productividad, abrir mercados y hacer escuchar la voz de los ganaderos. Si Agasurbol logra consolidarse alrededor de esos propósitos, no solo fortalecerá al sector pecuario de Morales; también demostrará que, en el sur de Bolívar, organizarse es una forma concreta de construir progreso y permanecer en el campo con dignidad.


/?w=256&q=100)