La industria estancada

Por: 
Amilkar Acosta
25 de Febrero 2013
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Tanto la industria como el sector agropecuario del país han sido las víctimas de la enfermedad holandesa, que para el Gobierno sigue siendo todavía dizque una amenaza.
Ello, de paso, impide reducir la tasa de desempleo y subempleo, dado que el sector manufacturero, a diferencia del sector minero – energético, es por excelencia intensivo en mano de obra. Las cifras hablan por sí solas: el déficit comercial del sector industrial – exportaciones menos importaciones – ascendió a US $27.471 millones a noviembre de 2012, el más elevado de la historia económica colombiana.
 
Ahora, que nuestra dependencia con respecto del sector minero – energético es mayor y el mismo pierde dinamismo, al tiempo que se desploman sus exportaciones, la preocupación es mayor porque empieza a convertirse en un lastre para el crecimiento de la economía en su conjunto.
 
Y no es para menos, dado que si hacemos abstracción de los ingresos por las exportaciones petroleras, el hueco en la cuenta corriente nacional sería cercano a 10% del PIB (unos US $27.000 millones, es decir $50 billones). Esto es una barbaridad, solo países sin petróleo, como Serbia, Albania, Armenia, Sierra Leona o Georgia muestran un balance tan sombrío. Es más, el déficit en la cuenta corriente de la Balanza de pagos se ha vuelto crónico, estructural, al punto que los ingresos de divisas no petroleros no dan abasto para cubrir los gastos. 
 
Las exportaciones en general, que no bajaban desde octubre de 2009, vienen de capa caída: en junio cayeron 1.9%, en julio 4%, en agosto 7.6%, pero definitivamente la mayor caída de las exportaciones se produjo en los meses de noviembre y diciembre del año pasado con el -  y el - 11.2%, respectivamente.
 
Para el año completo las exportaciones crecieron el 5.7%, lo que contrasta con el 43% del 2011. El impacto, desde luego, ha sido mayor en el renglón exportador de las manufacturas; el saldo neto de la balanza manufacturera supera los US $32 mil millones. Dicho de otra manera por cada dólar exportado de productos industriales se importan al país cuatro.
 
Es decir, los mayores ingresos que ha recibido el país como producto del boom minero y petrolero, ha contribuido a insuflar la apreciación del peso y con ello a restarle competitividad no solo a los productos transables sino a aquellos que deben competir con la invasión de artículos importados con dólar barato.
 
El hecho de que en el mes de noviembre pasado al tiempo que la producción industrial cayera el 4.1% y las ventas se incrementaran el 6.7% es una prueba irrefutable de ello.
 
Es de anotar que, contrariamente a las predicas de los impulsores de los TLC, la participación de las exportaciones no tradicionales (distintas a carbón, petróleo y café) en las exportaciones totales  sigue siendo prácticamente la misma después de su entrada en vigencia, 26% en mayo del año pasado y 27% para el período enero – noviembre de 2012.
 
En el caso particular de EE.UU., según el Departamento de Comercio, hasta septiembre de 2012 solo el 15.2% de las exportaciones colombianas a este destino correspondieron a las no tradicionales e incluso bajaron con respecto a 2011 al pasar de US $2.955 millones este último año a US $2.864 millones.
 
El desconcierto ha sido total, luego de conocerse la cifra revelada por el DANE según la cual al cierre del año pasado las exportaciones colombianas a EE.UU. no solo no crecieron sino que cayeron el -2% (¡!). 
 
Bien ha dicho el presidente de la Asociación Colombiana de Industriales del Calzado, el cuero y sus manufacturas Luis Gustavo Flórez,  “en la medida que la industria nacional pierda su piso en el mercado local, esto tiene un efecto directo en las exportaciones”.
 
Por ello es bueno señalar que, como lo destaca Portafolio, el principal responsable de la debacle del sector industrial no es propiamente la revaluación, “el derrumbe industrial se origina primordialmente por la disminución de la demanda doméstica por bienes de origen nacional, que en varios sectores es desplazada por productos importados”.
 
Es muy diciente que, según el Presidente de la ANDI Luis Carlos Villegas, “más del 80% de las empresas han manifestado que se han visto fuertemente afectado por la competencia de las importaciones”. Así las cosas, no es de extrañar que, como lo reportó el DANE esta semana la industria colombiana no creció en 2012 y sigue estancada o, mejor, estacada.
 
La Junta del Banco Emisor, en un intento desesperado por galvanizar la economía redujo por segunda vez en lo que va del año su tasa de intervención a 3.75%; para muchos esta medida es insuficiente y tardía para lograr su cometido.