Alfonso Santana Díaz

Lo sorprendente del sector lácteo y lo preocupante para 2026

Por Alfonso Santana Díaz - 07 de Abril 2026


El balance del sector lácteo colombiano arrojó, en el año 2025, unos resultados sorprendentes que merecen ser destacados, pero a la vez nos llevan a preguntarnos, qué tan sostenibles son en el tiempo.

Empiezo por el destacado volumen de producción de leche cruda, que aumentó 9 %, y contrasta con la reducción del hato y del número de predios en 1.4 % y 0.8 % respectivamente. Colombia rompió así la barrera de los 8 mil millones de litros al año, alcanzando un volumen de producción de 8.405 millones de litros, la cual supera en 693 millones de litros la producción registrada en 2024.

Este salto indicaría una mayor productividad por vaca y por predio, que se dio en un entorno climático favorable que mejoró las condiciones para el desarrollo bovino durante buena parte del año e impulsó la producción de leche cruda; y por la reactivación de la demanda agregada de leche y derivados lácteos, originada en una mayor estabilidad en los precios al consumidor (Balance y perspectivas del sector ganadero colombiano, producido por la Oficina de Planeación y Estudios Económicos, febrero 2026. Fedegán – Fedegán–FNG).

También sorprende la cifra de consumo aparente de leche por habitante, que aumentó en ese solo año 14 litros. Es un aumento muy significativo pues pasó de 154 litros en 2024 a 168 litros por habitante en 2025. Explica Fedegán que ese crecimiento se debe en parte por la recuperación del poder adquisitivo de los hogares, impulsado por el incremento del salario mínimo decretado para 2024 (12 % versus inflación de 5,2 %), lo que permitió a más familias incluir productos lácteos de manera más constante en su canasta básica.

La mejora del precio pagado al productor, incluyendo la bonificación voluntaria, también mostró un incremento importante, de 9,6 %, y se ubicó en $2.125 por litro en diciembre de 2025 en comparación con el precio registrado en el mismo mes de 2024, que fue de $1.938 por litro.

¿Qué eventos nuevos pueden truncar ese buen desempeño? Aparte del aumento de las importaciones, que continuarán creciendo en el resto de 2026, y de la falta de competitividad de las exportaciones —que nos condena a mirar solo el mercado venezolano—, está el creciente descalce entre la producción y el acopio y, desde luego, el mantenimiento de un modelo de producción de fincas dispersas en todo el país —con las consecuentes fallas viales y de logística— y el tamaño de las áreas de producción del 85 % de los predios.

Y aquí es donde aparece otro dato sorprendente y preocupante: la magnitud del salto que se observó en las importaciones, de 24,7 %. En 2025 ingresaron al país 77.605 toneladas de leche en polvo y productos lácteos, y en 2024, 62.220 toneladas.

Lo preocupante es el aumento sostenido de la participación de las importaciones en el mercado interno, que para 2025 alcanzó el 16%. Como señala el documento de la oficina de Planeación y Estudios Económicos de Fedegán-FNG, esto evidencia un desplazamiento progresivo de la oferta interna, especialmente de leche cruda, por productos importados como leche en polvo, lactosueros y otros derivados. En otras palabras, ese buen impulso de la demanda, vía mejores ingresos de los colombianos, también favoreció a ganaderos de otros países.

Aparejado a lo anterior se hace evidente la contracción del acopio de la industria. Cambio que no se percibe por el mayor aumento de la producción interna pese al crecimiento de las adquisiciones de la industria. En 2023, por ejemplo, la participación de este acopio fue de 46.9 %; en 2024, de 43.5 %, y en 2025 de 41.0 %. ¡Disminuyó 5,9 puntos porcentuales en los últimos 3 años!

Ahora bien, de cara al impulso de la demanda que está propiciando el incremento del salario mínimo decretado por el gobierno para 2026 (23 %), Fedegán explica que este aumento podría incentivar el consumo de productos de la canasta familiar, incluida la leche y sus derivados, pero esa misma presión tenderá a incentivar los precios al alza, lo que podría reducir el dinamismo del consumo en la segunda parte del año.

Y de cara al número y tamaño de las unidades de producción que se registra en el sector lácteo, un 85 % es minifundio, con bajas posibilidades de elevar la productividad, que es lo que requiere el sector, y reducidas posibilidades de diversificación para generar mayores valores agregados y diferenciados. Las queserías artesanales, por ejemplo, enfrentan hoy una dura competencia por los quesos de contrabando.

Todas estas cifras nos vuelven a poner los pies sobre la tierra sobre lo preocupante de las perspectivas para el sector lácteo en 2026, a la que se añade la alta probabilidad de registrarse un fenómeno de El Niño en el segundo semestre, y respecto a los mismos problemas que aquejan al sector ganadero desde hace muchos años.

No hay que olvidar que son cerca de 350 mil productores de leche dispersos por toda la geografía colombiana, sumidos en un entorno de violencia, sin seguridad jurídica, sin infraestructura vial, con un alto índice de informalidad, atacados por el contrabando, los paros armados, la limitación de precios decretado por el gobierno (1,3% a partir de marzo de este año) y por el desproporcionado incremento del salario mínimo y el incremento de los precios de los fertilizantes que se proyecta como una sombra por el conflicto del medio oriente (Golfo de Omán), y nos recuerda el alto impacto en los precios en 2022 por la guerra Ucrania – Rusia.

El balance entre lo sorprendente de los resultados del sector lácteo en 2025 y lo preocupante de las perspectivas para 2026, no deja espacio para el optimismo. Más bien plantea el cómo enfrentarlo.