Los TLC: trampolín o cadalso

Por: 
Amilkar Acosta
12 de Agosto 2013
compartir
Contra todos los pronósticos el ministro de Comercio, Industria y Turismo, Sergio Díaz-Granados, promete a pie juntillas que “la meta de este Gobierno es triplicar las exportaciones no mineras”.
Contra todos los pronósticos el ministro de Comercio, Industria y Turismo, Sergio Díaz-Granados, promete a pie juntillas que “la meta de este Gobierno es triplicar las exportaciones no mineras”.
 
Pero, cabe preguntarse cómo va a lograr el Ministro semejante hazaña. Él está convencido, contra toda evidencia en contrario, que la varita mágica para alcanzarla son los TLC y por eso anda como un trotamundos por doquier, firmando TLC a diestra y siniestra, sin reparar en las consecuencias que tal insensatez le pueda deparar al país. Ya tenemos vigentes 9 de esos tratados y a partir del primero de agosto se completan 10, al entrar en vigor el firmado con la Unión Europea, se han suscrito 3 más y están en proceso de negociación 5, pero hasta ahora los resultados han sido adversos, pues con los TLC Colombia exporta cada vez menos e importa cada vez más.
 
Es el caso del TLC con los EE.UU.: entre el 15 de mayo de 2012 y el 31 de marzo de 2013 la facturación al mercado estadounidense  - sin las exportaciones de petróleo, dado que estas no tienen nada que ver con el TLC – ascendieron a US $6.004 millones, para un incremento de solo el 3.3%. (Columna: La Paz: quizás, quizás, quizás...)
 
Entre tanto las importaciones crecieron el 14.6%. El caso de Colombia no es la excepción sino la regla; Perú y Chile, que se han presentado en Colombia como paradigmáticos, han corrido con la misma suerte. Las exportaciones del Perú a los EE.UU. en 2012 se incrementaron 10.6% con respecto al 2008, antes de su entrada en vigor, en tanto las importaciones se incrementaron el 51.3% (¡!). Por su parte las exportaciones de Chile entre 2003 – 2012 aunque crecieron 153% las importaciones crecieron cuatro veces más (¡596%!).
 
Como lo señala muy bien el analista Mauricio Cabrera, “en la década de los noventa el comercio exterior (exportaciones más importaciones) representaban un 30% del PIB, y hoy son el 45%. El ministro del ramo podría estar muy satisfecho con este resultado, salvo por el pequeño detalle de que ha sido una apertura hacia adentro: las exportaciones eran el 16.1% del PIB y ahora son el 16.4%, mientras que las importaciones duplicaron su participación pasando del 15.4% al 29.4% del PIB”. (Lea: Mirada panorámica a la economía de Colombia con Amylkar Acosta)
 
Este resultado no puede ser más desolador y se debe en gran medida a tres factores, entre otros: primero, Colombia no cuenta con una oferta exportadora, segunda al coctel fatídico de la desgravación arancelaria mezclada con la revaluación del peso y, finalmente, los sobrecostos en que incurre el productor colombiano por las enormes deficiencias en materia de infraestructura y logística. Lo reconoce Hernando José Gómez, coordinador del equipo de negociación del TLC con EE.UU. y hasta la semana anterior Zar de los TLC: “por primera vez, desde la crisis de los años 30, Colombia tiene más acceso a mercados internacionales que oferta exportable”.
 
Pero las dificultades para el sector productivo colombiano no solo han sido para salir a competir afuera, sino para poder competir en desigualdad de condiciones con la producción y los productores extranjeros que están copando el mercado nacional. Con gran claridad nos explica el exministro de Hacienda y exsecretario adjunto de las Naciones Unidas para asuntos económicos José Antonio Ocampo, que “la desindustrialización ha avanzado a un ritmo vertiginoso, similar al que experimentó el país después de la apertura acelerada de 1991…El mayor mito es que los TLC ofrecen de por sí grandes oportunidades de crecer. (Lea: Colombia debe desarrollar su infraestrutura para aprovechar TLC)
 
Esto puede ser cierto cuando se tiene la capacidad productiva, pero esa capacidad no se construye por el mero hecho de tener oportunidades para exportar”. Bien dice el Presidente de ANIF Sergio Clavijo que “los TLC son simples oportunidades para incrementar nuestro comercio, pero ellos no garantizan el éxito por sí solos”.
 
Ante los estragos de los TLC se apela por parte de sus alabarderos al socorrido argumento de que hay que darle tiempo al tiempo, pero cuando se mira retrospectivamente lo que ha pasado en México, que ya lleva veinte años de vigencia, ello se cae de su peso. Y, al fin y al cabo, a largo plazo, como dijo Keynes “todos estaremos muertos”. A ratos uno piensa, que a diferencia del Quijote que confundía los molinos de viento con gigantes, en este caso se está confundiendo el cadalso con un trampolín. (Lea: "Gobierno no actúa ante avalancha de leche importada": Fedegán)