Pensar y actuar con planeación

Por: 
Gonzalo Maldonado
15 de Noviembre 2012
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La carencia de planeación en muchas actividades oficiales y privadas es uno de los principales indicadores del nivel de atraso de Colombia. En general actuamos sin priorizar las tareas, lo cual es grave en un país con escasos recursos como el nuestro, pues termina despilfarrándose en lo que no es importante.

Con excepciones, el sector pecuario es demostración de ello. Quizás una de las razones para asumir ese comportamiento sea el seguir creyendo que vivimos en medio de abundancia de recursos y circunstancias propicios para la producción como clima, tierra, agua, horas luz, y otros tantos. Con el agravante de pensar que nunca se agotarán, nos esforzamos lo menos posible, los derrochamos y nos conformamos casi con cualquier resultado.

Por otro lado, un ambiente de irracional xenofobia, exasperado por estos días, nos impide derrotar la mediocridad. En momentos en que tantos países buscan, a veces con desespero, que gente con recursos económicos, ideas y arrojo se fije en ellos y los escojan para llevar a cabo su desarrollo, un grupo de ultranacionalistas miopes quieren convencer al país que el único propósito del capital extranjero es arrebatarnos la soberanía como Estados y sociedad.

Para no apartarnos tanto del tema central, vemos que al lado de la improvisación persiste entre algunos de los encargados de tomar decisiones en temas sensibles y costosos –en lo social y lo económico-, la creencia de que lo que se ve o se puede aprender en otro país, por el simple hecho de estar ubicado en un escalón superior del desarrollo es la fórmula que Colombia necesita para mejorar su condición.

Por comodidad ni siquiera se detienen a ver si es sensato o lógico trasplantarlo o instalarlo sin haberse tomado el tiempo y el trabajo necesarios para establecer, sin lugar a dudas, un proceso de prueba y verificación, con el indispensable rigor científico, que permita adaptarlo y crear un modelo propio para nuestro país.

Lo inteligente y sensato es ubicarse en el justo medio, estar pendientes de las tecnologías foráneas y conocer profundamente el país al punto de convencerse de que es tan diverso que no es posible diseñar un proyecto de alcance nacional pues nuestro territorio se compone no solo en regiones sino en microrregiones, muy diferenciadas en casi todos los casos.

Esto debería obligar a los planificadores a pensar en construir un modelo propio, colombiano, y en función de él, analizar qué puede ser trasplantado, en cada caso, sólo después de haber constatado que es adaptable a las condiciones propias de cada uno.

Como ejemplo de la forma lógica en que se debe diseñar y actuar se plantean proyectos pecuarios de gran envergadura en Colombia que han sido sometidos a depuración, análisis y ensayo que permiten esperar que resultarán exitosos. Es una labor de años que requiere de conocimiento de la tierra, el agua, la fertilización, el desarrollo de forrajes y alimentos, tipo de ganado y sus correspondientes pruebas de campo.

Estos proyectos en las diferentes regiones del país serán, sin duda, los más grandes en el campo de la lechería, tanto por su tamaño en número de vacas destinadas a la producción con las que se busca trabajar, como por todo lo que debe implementarse a su alrededor para que salga avante, y que lo erigirá en el nuevo o primer polo de desarrollo lechero.

Si bien la vinculación a Colombia de capitales foráneos a la actividad agrícola obedece, en parte, a que este país es uno de los pocos donde aún existe tierra apta para producir alimentos, ello no habría sido posible si los inversionistas no encontraran la suficiente seguridad que les garantice la estabilidad y la garantía necesarias para “plantar” entre nosotros importantes capitales.