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¿Preparan un concierto antisemita en Bogotá?

Por Eduardo Mackenzie - 08 de Enero 2024

Se le acaba de ocurrir esto a Gustavo Petro: hacer un gran concierto en Bogotá “para criticar el genocidio contra el pueblo palestino”. Como lo que dice Petro es generalmente confuso, es necesario desenmascarar el sentido real que esconde ese nuevo anuncio.

El cuestionado presidente de Colombia no organiza un concierto con un objetivo pretendidamente humanista. Por el contrario, va a lanzar una vasta cruzada de odio antijudío que avergüence no solo las plazas y calles de Bogotá sino también las avenidas de Medellín, Cali y Barranquilla y “las regiones de Colombia”.

Pedro enmarañó ese objetivo en un texto del pasado 2 de enero, en X, que dice así: “Me gustaría que Rene [René Pérez Joglar, un rapero y activista puertorriqueño que se presenta como “embajador de conciencia de Amnesty International”] y todo el que quiera usar el arte para criticar el genocidio contra el pueblo palestino me acompañaran en la plaza de Bolívar o en el parque Simón Bolívar de Bogotá en una gran concierto (sic) contra el genocidio y por la vida. Que de Bogotá saliera un grito de humanidad contra la infamia. Y que de allí fuéramos (sic) a Medellín, a Cali y a Barranquilla y las regiones de Colombia salieran en caravanas a encontrarnos en medio del arte y de la música a juntarnos para gritar Basta, ¡detenga la matanza señor Matanza!” (los errores de ortografía y sintaxis son de Petro). (1).

El “señor Matanza” es el calificativo insultante que Petro le arroja al primer ministro Benjamín Netanyahu. Así, el plan de Gustavo Petro es transparente: desatar jornadas de odio antisemita en varias ciudades de Colombia para aplaudir subrepticiamente la matanza cometida el 7 de octubre pasado por los terroristas de Hamas en la que 1 400 civiles judíos —jóvenes, adultos, ancianos, mujeres, bebés y niños—, fueron asesinados a bala y hachas en sus casas, en las calles y en un festival de música al aire libre y con los cohetes disparados por Hamas hacia el sur de Israel. Ese día, 240 personas fueron secuestradas porque eran judías, como las otras víctimas.

Ni ese día, ni en los días posteriores al pogrom más bestial que haya tenido que sufrir el pueblo judío después del fin de la Shoah, Gustavo Petro tuvo la decencia de pronunciar una sola palabra de compasión por esas personas. Hasta hoy, Petro no ha pedido siquiera que el bebé Kfir Bibas, de nueve meses, secuestrado en el kibutz de Nir Oz, junto con su hermano Ariel, de cuatro años, y sus padres Yarden y Shiri, sean liberados.

Desde aquel terrible día, Gustavo Petro no tiene sino una sola obsesión: travestir en “genocidio contra el pueblo palestino” el derecho de Israel a defenderse y a liberar los rehenes. Petro acogió la línea de Hamas y gesticula ahora contra la ofensiva de Tsahal. El presidente colombiano pretende ocultar que la ofensiva de Israel busca destruir militar y políticamente a Hamás, movimiento armado y apoyado por el régimen iraní, y que ella fue decidida por un gobierno de unidad nacional donde Netanyahu trabaja con los líderes de los otros partidos, como Yoav Gallant, el actual ministro de Defensa y con Benny Gantz, exministro de defensa y exjefe del Estado Mayor del ejército. Petro actúa como si ignorara que devastar a Hamás es liberar a los palestinos de un terrible verdugo.

La idea de Petro de “criticar el genocidio contra el pueblo palestino” es pues una impostura. Él trata de destruir la lógica mediante una narrativa y un lenguaje falsos. Él prepara unas jornadas peligrosas en las principales ciudades de Colombia para verter sobre la población la visión que él tiene de la guerra en Medio Oriente.

¿Ese día Petro irá más lejos e inaugurará, sin bambalinas, pero sin que nadie lo deduzca, un brazo de Hamás en Colombia?

Petro sabe por qué escogió a René Pérez Joglar, para esa aventura. Alias Residente aporta el color poético al mismo tiempo que se niega a condenar el pogrom cometido con salvajismo insoportable por Hamas, el 7 de octubre de 2023. El rapero cree estar en el campo del bien por definir la guerra anti-Hamás como un “genocidio macabro”. Él parece convencido de que exterminar a la población palestina y del Medio Oriente es la meta de la única democracia de Medio Oriente en lucha contra implacables enemigos. Solo un ignorante, aquejado de fanatismo ciego, puede llegar a tales extremos, repudiar los hechos, la historia y la memoria.

Ante ese sombrío panorama, la pregunta fundamental es: ¿dejaremos que Petro haga eso? ¿Carlos Fernando Galán, el nuevo alcalde de Bogotá, tolerará que Petro sabotee su gestión de esa forma? ¿Qué actitud tomarán los nuevos alcaldes? ¿Federico Gutiérrez, de Medellín, Alex Char, elegido por tercera vez en Barranquilla, Alejandro Éder de Cali y los de otras grandes ciudades, como Dumek Turbay, de Cartagena, Mikhail Krasnov, de Tunja, y Jaime Andrés Beltrán, de Bucaramanga e incluso el ex Farc Armel Caracas, de Cumaribo (Vichada), dejarán invadir sus ciudades de judeofobia? ¿Y los partidos políticos de derecha, centro, verdes y de izquierda en general aceptarán que el gobierno de Petro cometa ese ultraje y transforme esas bellas ciudades en escenario de tenebrosos aquelarres de racismo? ¿Podrá Colombia lavar su cara ante el mundo después de una campaña de esa naturaleza?

¿Qué actitud seguirán ante ese plan los nuevos gobernadores departamentales, como Dilian Francisca Toro, Andrés Julián Rendón, Jorge Rey y Juvenal Díaz?

Imaginemos por un instante lo que pueden desatar esas marchas y conciertos en el clima de fanatismo antijudío que está creando Petro. Ese proyecto ofrecerá el pretexto para crear disturbios callejeros violentos. ¿Esta vez quién sería el blanco de los ataques? ¿Las empresas, viviendas y comercios de judíos? ¿Estos no son acaso definidos por Petro como “genocidas”? Gustavo Petro compara a Gaza con el campo de exterminio de Auschwitz y a Netanyahu con Hitler. Todos los elementos están reunidos para que Bogotá y las otras ciudades sufran un nuevo “estallido social”, para usar el lenguaje petrista. Eso sería, quiéralo o no el gobierno, una réplica de la “noche de los cristales rotos”, como la que ocurrió en Alemania en la noche del 9 de noviembre de 1938 en la que el partido nazi organizó una oleada de ataques físicos a judíos, linchamientos y quema de sinagogas. Según algunos historiadores, ese pogrom fijó el comienzo del ulterior Holocausto y del asesinato sistemático de seis millones de judíos y de otras categorías sociales.

¿Petro lanzará a sus “primeras líneas” a marcar, saquear y destruir los almacenes judíos durante esos conciertos? ¿Será un punto de quiebre hacia formas más violentas de gobierno? ¿Será esa la vía para castigar e imponer su influencia sobre las ciudades y departamentos que le dieron la espalda en las elecciones regionales y que gritan “Fuera Petro” en todos los estadios?

Los nuevos alcaldes y gobernadores harían bien en investigar qué hay detrás de esa iniciativa falsamente humanitaria. Las ciudades y departamentos pueden ser de nuevo cogidos por sorpresa pues, en lugar de música, tendrán energúmenos manipulados destrozando todo a su paso y convencidos de que están defendiendo una justa causa.

(1).- https://twitter.com/petrogustavo/status/1741897887078871188