¿Qué hacer con la informalidad?

Por: 
Oscar Cubillos Pedraza
17 de Abril 2019
compartir
Nuestra ganadería es la de mayor representación a nivel nacional: al menos un bovino hace presencia en cada uno de los 1123 municipios de Colombia. Si bien existen zonas de mayor concentración de hatos ganaderos como el Caribe húmedo, los Llanos Orientales y el Magdalena Medio, bovinos se encontrarán a lo ancho y largo del país.

Esa misma ubicación en las diferentes alturas sobre el nivel del mar, en valles y cordilleras, contribuye a que permanentemente se esté produciendo leche y animales vivos. De allí que el sector sea el más dinámico en actividad económica en toda la rama agropecuaria.

 

Sin embargo, una parte de lo que produce el eslabón primario estructuralmente no ha estado suficientemente encadenado con el sector industrial, bien sea por dispersión geográfica, aparentes excesos de oferta o al contrario por una demanda sub-aprovechada, situaciones que han terminado por contribuir a la promoción de la actividad informal.

 

En el caso del sacrificio de ganado y consumo de carne, diferentes fenómenos han estimulado al crecimiento de la informalidad, pudiéndose hablar con certeza más de ilegalidad, al atentar contra la salud pública, las finanzas del Estado y el daño a la actividad económica.

 

De un lado, está el sacrificio clandestino en territorio colombiano de animales provenientes de contrabando desde Venezuela, e incluso el mismo ingreso de carne desde el vecino país sin estándares de higiene y salubridad. De otro lado, el cierre de plantas de sacrificio por no cumplir con la legislación mínima establecida en el Decreto 1500, cuya oferta de carne no fue recogida por los frigoríficos formales, sino que fue absorbida por agentes ilegales que la colocan en diferentes mercados del país.

 

En el caso del sector lechero al menos un 35% de la producción nacional termina satisfaciendo la demanda de lácteos a través de canales informales. Todos de una u otra forma, consumimos leche cruda no pasteurizada, bien sea cuando compramos ricuras y postres en el paseo del fin de semana, o cuando arribamos a lugares reconocidos que sirven como zona de alimentación, en viajes de mayor distancia.

 

Las dos problemáticas requieren acciones diferenciadas para su tratamiento. En el caso de la oferta ilegal de carne, el Decreto 1500 debe actualizarse para que diferentes plantas locales puedan colocar carne en sus mercados naturales, quitando esa actividad de las manos criminales que hoy la realizan. Pero además la vigilancia en frontera debe permitir mayores resultados contra el contrabando.

 

Se estima que entre clandestinidad y contrabando de animales entran a la economía ganadera más de 600 mil animales anuales para el sacrificio, lo que le hace un daño enorme al sector.

 

En el caso de la informalidad lechera, y sabiendo que gran parte de productores del campo dependen de esta actividad, valdría la pena el fomento de asociatividad y buenas prácticas de higiene y manufactura para el impulso de marcas regionales. Buen ejemplo es el caso del queso Paipa como clúster de producción, o el de diferentes quesos artesanales o genéricos que se elaboran en diferentes zonas del país.

 

Bien vale tener en cuenta que la desgravación de diferentes TLC está a la vuelta de la esquina, y que aún seguimos pensando en qué hacer con la informalidad. Ideas sobran, pongámoslas en marcha.