Que no se nos olvide

Por: 
Oscar Cubillos Pedraza
24 de Junio 2020
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El tiempo está por terminar para que el libre comercio inicie, primero con Estados Unidos, y luego con la Unión Europea. En el caso cárnico, empezará en el año 2021 con el país del norte y en 2022 con el viejo continente, mientras que en leche será en 2025 y 2027 respectivamente.

En otras palabras, en seis meses se activará el libre comercio de carne con Estados Únicos, con la desventaja que hasta hoy no hemos logrado colocar un solo kilo de carne en el mercado norteamericano, y que, si bien no somos grandes importadores de su carne, el hecho que la puerta ya se abra en su totalidad, impone unas condiciones diferentes en el equilibrio comercial.

 

Sería fundamental llegar a 2021 con un sistema de trazabilidad e identificación animal, luego de avanzar la semana pasada en la zonificación sanitaria, necesaria y estratégica para consolidar la entrada a mercados internacionales, protegiendo de la mejor manera nuestro estatus sanitario. Por supuesto, la identificación bovina será útil para generar confianza en todos los destinos de exportación, lo que incluirá Asia Pacífico, de tan especial interés para Colombia.

 

Sin embargo, la preocupación está en que desde que entró en vigor el TLC con Estados Unidos, en mayo de 2012, los gobiernos de turno no hicieron la tarea de implementar un moderno sistema de movilización animal y de identificación, al contrario, desmontaron lo que se había iniciado.

 

Hoy, como desde hace años, el balance de no contar con dichas herramientas tecnológicas es autoimponernos una restricción comercial desaprovechando destinos de alto valor para nuestra carne, los negociados en diferentes TLC.

 

Tenemos la fortuna de no ser un importador de carne de bovino, como sí ocurre con los demás bienes sustitutos. Vale recordar que en 2019 se importaron 106 mil toneladas de carne de cerdo, 92 mil toneladas de pollo y solo 10 mil de carne vacuna, especialmente de cortes premium para segmentos especiales de mercado.

 

En buena medida no ser tan especializados como consumidores y ser un país de ingreso medio, nos ha protegido de importar carne. En otras palabras, lo que se produce en el país es suficiente para su abastecimiento y además no es más costoso que un producto importado. Sin embargo, como quien manda en el mercado es la relación precio/calidad, con libre comercio en carne la exposición del país será mayor frente a la producción originaria de Estados Unidos.

 

Por supuesto, la problemática no es que se importe, pues son las reglas de juego acordadas. La problemática radica en que luego de ocho años largos no hayamos exportado carne a Estados Unidos. Para lograrlo, el primer paso fue recuperar el estatus sanitario, el segundo implementar las zonas sanitarias, el tercero será; y esperemos que sea pronto; la implementación de un sistema moderno de movilización e identificación animal, el cuarto, contar un permanente cuerpo diplomático comercial que no solo promueva nuestro café, sino también nuestra carne, nuestros aguacates, nuestras frutas, y todo lo demás. Y por supuesto, un quinto punto, que no depende de nosotros, será una transformación social, económica y política en Venezuela, que mientras se mantenga en la esclavitud del Socialismo del Siglo XXI continuará siendo una amenaza sanitaria para nuestro país.

 
@ojcubillosp