El departamento de Vichada, reconocido por su riqueza ecosistémica, la amplitud de sus sabanas y su marcada vocación ganadera, enfrenta una amenaza sanitaria que no puede seguir siendo subestimada: la rabia de origen silvestre.
La circulación del virus asociada al murciélago hematófago Desmodus rotundus forma parte de la realidad epidemiológica de la Orinoquía. Sin embargo, el problema trasciende la muerte de bovinos y las pérdidas económicas para los productores. También representa un riesgo para los demás animales domésticos y para las personas que habitan y trabajan en los predios rurales.
La discusión, por tanto, no puede reducirse a una confrontación entre producción ganadera y protección ambiental. El verdadero desafío consiste en encontrar un equilibrio que permita conservar las especies benéficas de murciélagos y, al mismo tiempo, controlar de manera técnica, selectiva y responsable al principal vector de la rabia silvestre en los animales de producción.
No se trata de promover la erradicación indiscriminada de los murciélagos. Se trata de aplicar la vigilancia epidemiológica, la vacunación y las medidas de control autorizadas, con fundamento científico y bajo el enfoque de Una Salud, que reconoce la estrecha relación entre la salud humana, la sanidad animal y la protección de los ecosistemas.
Un riesgo que puede trascender los hatos
La cadena de transmisión debe analizarse con seriedad. Cuando un bovino presenta signos neurológicos o muere bajo sospecha de rabia, cualquier manipulación inadecuada del animal o de sus tejidos puede aumentar el riesgo de exposición para trabajadores, médicos veterinarios, animales de compañía y fauna silvestre.
Perros y gatos que tienen acceso a animales enfermos o a sus restos pueden convertirse en un eslabón entre el ciclo silvestre y las comunidades rurales. De esta manera, una enfermedad inicialmente identificada en los hatos puede adquirir una dimensión mucho más compleja para la salud pública.
Por ello, todo animal que presente cambios repentinos de comportamiento, dificultad para caminar, salivación excesiva, parálisis, incoordinación u otros signos nerviosos debe ser reportado inmediatamente al Instituto Colombiano Agropecuario, ICA. No debe ser manipulado, abierto, trasladado ni sometido a procedimientos improvisados por parte del productor.
La toma de muestras, el diagnóstico y la definición de las medidas sanitarias correspondientes deben quedar en manos del personal autorizado. De igual manera, la disposición final de los cadáveres tiene que realizarse siguiendo las instrucciones del ICA y de las autoridades competentes, con las condiciones de bioseguridad necesarias para impedir la exposición de personas y animales.
La prevención también es responsabilidad del sistema de salud
La rabia es prevenible antes de que aparezcan los síntomas, pero una vez se desarrolla la enfermedad clínica su desenlace suele ser fatal. Por esta razón, cualquier mordedura, arañazo o contacto de una herida o mucosa con la saliva o los tejidos de un animal sospechoso debe considerarse una urgencia médica.
En territorios extensos, dispersos y con dificultades de conectividad como Vichada, la prevención adquiere una importancia aún mayor. No basta con reaccionar cuando aparezca un caso. Es necesario fortalecer previamente las rutas de atención, capacitar al personal sanitario, garantizar la disponibilidad oportuna de vacunas e inmunoglobulina antirrábica y establecer mecanismos de remisión para las comunidades rurales más apartadas.
La pregunta que deben responder las autoridades territoriales es concreta: ¿está preparada la red de salud de Vichada para atender de manera inmediata una exposición rábica en una vereda distante de los principales centros urbanos?
Plantear esta inquietud no busca generar alarma, sino promover una evaluación responsable de las capacidades existentes. En una enfermedad en la que cada hora puede ser determinante, las distancias, las barreras administrativas y la falta de información también constituyen factores de riesgo.
La responsabilidad gremial demuestra que sí es posible
Frente a este panorama, el sector ganadero ha demostrado que la organización territorial y la ejecución técnica pueden producir resultados concretos.
La labor desarrollada por FEDEGÁN, como entidad ejecutora de los ciclos oficiales de vacunación, junto con el trabajo operativo de las organizaciones ganaderas vinculadas al proceso en el territorio, ha permitido proteger el hato contra enfermedades de control oficial como la fiebre aftosa, la brucelosis bovina y, en las zonas definidas como de riesgo, la rabia de origen silvestre.
La experiencia acumulada en estos ciclos demuestra que cuando existen planeación, cadena de frío, personal capacitado, rutas definidas, información para los productores y seguimiento institucional, es posible llegar a miles de predios, incluso en regiones con enormes desafíos geográficos.
Los ganaderos de Vichada conocen el territorio, identifican los cambios en sus animales y suelen ser los primeros en advertir la presencia de mordeduras de murciélagos o de signos neurológicos. Por eso, deben ser reconocidos como aliados fundamentales de la vigilancia epidemiológica y no únicamente como receptores de instrucciones.
La corresponsabilidad sanitaria implica vacunar los animales en los tiempos establecidos, reportar oportunamente las sospechas, facilitar las visitas oficiales y abstenerse de realizar capturas o controles de murciélagos sin autorización. Pero también exige que las instituciones respondan de manera rápida, coordinada y efectiva ante las alertas provenientes de los predios.
¿Hacia dónde debemos avanzar?
Vichada necesita una estrategia integral de prevención y control de la rabia de origen silvestre basada, al menos, en cuatro componentes.
1. Vigilancia epidemiológica territorial
Es necesario fortalecer una red de sensores epidemiológicos integrada por productores, médicos veterinarios, vacunadores, autoridades locales y líderes comunitarios. Toda sospecha de enfermedad neurológica debe activar una respuesta rápida para la visita al predio, la toma de muestras y el diagnóstico oficial.
2. Vacunación y comunicación del riesgo
La vacunación contra la rabia debe mantenerse como una prioridad en las zonas definidas por el ICA. Esta medida debe complementarse con campañas pedagógicas dirigidas a productores, trabajadores rurales y propietarios de perros y gatos, especialmente en áreas con antecedentes de circulación del virus o presencia constante del murciélago hematófago.
3. Control selectivo y técnicamente autorizado
Cuando se confirme un brote y el análisis epidemiológico determine la necesidad de intervenir, el control del Desmodus rotundus debe realizarse exclusivamente por personal capacitado, mediante métodos selectivos y bajo los lineamientos del ICA y de la autoridad ambiental.
Esta intervención no puede confundirse con la eliminación indiscriminada de murciélagos. Muchas especies cumplen funciones esenciales como la polinización, la dispersión de semillas y el control natural de insectos. La gestión sanitaria debe concentrarse en el vector de importancia epidemiológica sin afectar innecesariamente a las demás especies.
4. Articulación bajo el enfoque de Una Salud
El ICA, Corporinoquia, la Gobernación de Vichada, las secretarías de Salud y Agricultura, los municipios, los gremios ganaderos y las instituciones prestadoras de servicios de salud deben trabajar sobre una misma hoja de ruta.
La rabia no puede ser atendida desde competencias aisladas. La información epidemiológica animal debe conectarse con la vigilancia en salud pública, las campañas de vacunación de perros y gatos, la educación comunitaria y la capacidad de atención de las personas expuestas.
Gestión antes que improvisación
El llamado del sector productivo no es a desconocer la legislación ambiental ni a intervenir indiscriminadamente la fauna silvestre. Es una solicitud para que la institucionalidad actúe con oportunidad, sustento técnico y presencia real en el territorio.
La conservación ambiental y la sanidad pecuaria no deben presentarse como objetivos incompatibles. Por el contrario, una gestión responsable de la rabia protege simultáneamente a las personas, los animales de producción, la fauna y los ecosistemas.
Cada animal vacunado, cada sospecha notificada y cada intervención ejecutada correctamente reduce la posibilidad de un brote. Pero cada alerta ignorada, cada demora institucional y cada actuación improvisada amplían el riesgo.
La rabia no reconoce linderos municipales, límites prediales ni competencias administrativas. Vichada necesita prevención, vigilancia, vacunación y coordinación. En otras palabras, necesita gestión integral antes de que una amenaza controlable se convierta en una emergencia sanitaria.


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