*Presidente de la Junta Directiva de Fundagán
Cada mañana, cuando muchos colombianos todavía están dormidos, en el campo ya empezó el día.
Antes de que amanezca, alguien ya está llenando una cantina de leche. Y en ese acto, que parece tan simple, hay algo muy profundo: ahí empieza a moverse el país.
Porque el campo no espera.
La ganadería no entiende de domingos ni festivos. Aquí se trabaja cuando toca, todos los días, con disciplina, con responsabilidad y con ese compromiso silencioso que no se ve, pero que sostiene a millones de familias.
En Colombia, más de 600 mil familias viven de la ganadería.
Tenemos un hato que supera los 29 millones de bovinos y cerca de 700 mil bufalinos, y con eso ayudamos a alimentar a más de 50 millones de personas.
Pero más allá de las cifras —que son importantes— hay algo que a mí me parece todavía más importante decir:
el verdadero corazón de la ganadería está en los pequeños productores.
El 78% tiene menos de 50 animales.
Son hombres y mujeres que conocen su tierra al detalle, que madrugan sin falta y que entienden que detrás de cada litro de leche o cada kilo de carne hay tiempo, esfuerzo y mucha constancia.
Ahí es donde cobra sentido lo que hacemos.
Desde Fundagán, apoyar a estos productores no es solo una tarea del sector. Es un compromiso con el país. Es reconocer su dignidad, cerrar brechas y acompañar a quienes han sostenido el campo incluso en los momentos más difíciles.
Porque la responsabilidad social no puede quedarse en palabras.
Tiene que verse en hechos, en presencia real, en trabajo cercano y en darle visibilidad a historias que durante mucho tiempo han pasado desapercibidas.
Como la de Luz Marina Torres, en Zipaquirá.
Una mujer que no es la excepción, sino el reflejo de miles de colombianos que todos los días construyen país sin hacer ruido, con disciplina y con amor por la tierra.
Ellos no solo producen alimentos.
Producen estabilidad, arraigo y esperanza.
Y por eso, cuando hablamos de apoyar a los pequeños productores, no estamos hablando únicamente de economía.
Estamos hablando de familias, de territorio y del futuro de un país que todavía le debe mucho a su campo.


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