Álvaro Gómez Hurtado se refería en sus conversaciones cotidianas al ´talante’, a esa condición de hacer las cosas bien, más allá de la responsabilidad, del modo de ejecutar algo, del compromiso, del sentir, y lo relacionaba con la grandeza, con el cumplimiento de grandes metas. El ‘talante conservador´ implica defender el orden, hacer que las leyes se cumplan -el imperio de la ley-, en la firme defensa de los principios tradicionales, la moral, la ética, los valores familiares y religiosos.
Y ese talante conservador lo eleva a valor supremo hoy el presidente electo, Abelardo De La Espriella, quien ha señalado sin ambages, que lo aprendió de su gran maestro, el Dr. Álvaro Gómez Hurtado. Con orgullo me cuento entre los afortunados discípulos en el plano laboral del Dr. Álvaro, quien nos enseñó muchas cosas y sembró esa semilla de libertad tan necesaria para los tiempos difíciles que vive el país, en donde la anarquía y la inversión de valores ha querido ser impuesta a costa de ese preciado valor para los colombianos.
Talante que se empieza a avizorar en el presidente electo en la que podemos calificar como su primera intervención oficial ante los colombianos, el pasado 5 de julio, que marcó con decisión la directriz que nos gobernará, el hacia dónde vamos como país y como sociedad. Ha señalado con claridad que no tranza con la politiquería, ni con la corrupción, ni con quien actúan al margen de la ley; que fracturará el régimen, ese conjunto de componendas que se han enquistado en la vida política del país, y cuyo ejemplo más evidente quedó demostrado con la corrupción en la UNGRD, en donde políticos, altos funcionarios del gobierno, funcionarios regionales y contratistas, se amangualaron para apropiarse de unos recursos que destinados a una de las poblaciones más vulnerables del país.
Explicó, en esa primera intervención, los resultados de las primeras reuniones de empalme con el gobierno saliente, en donde hay gran preocupación por presuntos hallazgos de extrema gravedad en el campo de las finanzas públicas, que demostrarían que la situación fiscal es más grave de lo que ha informado el gobierno saliente, porque no están contempladas todas las deudas. A la par sentenció que nombrará una comisión de juristas que se encargará de instaurar las denuncias en casos de corrupción o detrimento del patrimonio de los colombianos y, como una vía de solución, ordenó a su ministro de Hacienda electo hablar con los organismos internacionales de crédito para empezar a recomponer las finanzas públicas y alejarnos de un default.
Sabemos los colombianos que la casa la entregarán con un alto grado de deterioro, que el decálogo de promesas que hiciera el gobernante actual cuando se posesionó no pasan un cuidadoso examen de cumplimiento y por el contrario los desbordó y profundizó los problemas y añadió a la relación entre los colombianos odio, atizándolo cada vez que podía, polarizando el país. Es necesario, por tanto, hacer un riguroso ‘corte de cuentas’.
No cabe duda. El presidente electo y su equipo tienen que hacer lo que la caquistocracia no hizo en los últimos cuatro años. Le corresponde la difícil tarea de reconstruir al país para llegar a la patria milagro.
El efecto de seguridad, tranquilidad y confianza que ha transmitido su modo de gerenciar la cosa pública, ya son ganancia para todos los colombianos y, lo más importante, que el ejercicio público hay que ejercerlo con dignidad y responsabilidad, además de elevar el espíritu colectivo para acompañar al nuevo presidente en esa misión y de acicate para alejar el leninismo puro, que era la otra opción para gobernar a Colombia. ¡Firme por la patria!


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