Hoy el sector agropecuario colombiano no solo despide a una de las voces más grandes de la música popular; despedimos a un visionario de las botas puestas. Yeison Jiménez, quien falleció trágicamente el pasado 10 de enero de 2026, dejó un legado que resuena con la misma fuerza en las tarimas que en los potreros.
Un trabajador más en la finca
A pesar de su éxito internacional, Yeison nunca olvidó su esencia campesina. Era común verlo, en los pocos espacios de su agenda, recorriendo sus fincas a caballo, supervisando proyectos y trabajando codo a codo como un operario más. Su humildad fue su mayor activo: no temía aceptar sus errores, confesando que invirtió más en "ensayos de prueba y error" que lo que le hubiese costado una carrera universitaria, convirtiendo cada tropiezo en una lección de eficiencia ganadera.
El camino hacia la ganadería regenerativa
Yeison no solo quería tener ganado; quería transformar el campo. Encontró en la ganadería regenerativa un propósito de vida. Entre sus proyectos más ambiciosos destacaban:
Carbono Vivo: Había inscrito su finca en este proyecto, buscando mitigar el impacto ambiental.
Sello Carbono Positivo: Su meta era exportar carne con este sello, demostrando que Colombia puede liderar la sostenibilidad global.
Infraestructura Agroindustrial: Estaba en proceso de montar su propia planta para producir concentrados y sales minerales.
Diversificación: Ya era un exportador de miel, diversificando la economía de sus tierras.
Un adiós con botas puestas
Desde el Centro de Negocios Ganaderos, nos unimos al duelo nacional. Perdimos a un joven apasionado que, mediante el ejemplo, demostró que el campo es un negocio de oportunidades y un camino hacia la dignidad. Como bien señaló la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), su legado empresarial y su amor por la tierra seguirán vivos en cada hectárea que ayudó a transformar.
Despedimos a un colega, a un soñador y, sobre todo, a un gran trabajador del campo colombiano.
Foto: Cortesía


/?w=256&q=100)
/?w=256&q=100)
