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“Vi desaparecer 26 años de trabajo”: una avalancha dejó a un ganadero de Tame sin finca, ganado ni cultivos

Luis Humberto Caballero 17 de Julio 2026
Vi desaparecer 26 años de trabajoFoto: cortesíaLa tragedia le arrebató su patrimonio y la fuente de ingresos con la que sostenía a su esposa e hijos.

El desbordamiento del río Lopeño arrasó, en minutos, el patrimonio que Néstor Daniel Cobos construyó desde el año 2000 en Arauca. La emergencia destruyó su vivienda, sepultó 14 hectáreas bajo más de metro y medio de lodo y acabó con bovinos, cultivos y la única fuente de ingresos de su familia.



Durante 26 años, Néstor Daniel Cobos Rincón madrugó todos los días con el mismo propósito: hacer crecer la finca que había construido con esfuerzo para sacar adelante a su familia.

Compró las 14 hectáreas de El Descanso, en la vereda El Pesebre, zona rural de Tame (Arauca), en el año 2000. Desde entonces levantó cercas, sembró pasturas, estableció cultivos, conformó un pequeño hato ganadero y convirtió el predio en el patrimonio familiar.

Todo desapareció el pasado 9 de julio, cuando una avalancha provocada por el desbordamiento del río Lopeño sepultó la finca bajo una inmensa masa de lodo.

“En un abrir y cerrar de ojos, la felicidad de estar construyendo un patrimonio propio, algo con lo que había soñado desde niño, se desvaneció y se convirtió en desesperanza”, relató el productor a CONtexto Ganadero.

A sus 49 años, asegura que por su cabeza nunca pasó la posibilidad de perder, en un santiamén, el trabajo de más de un cuarto de siglo.


Una vida construida sobre el campo


Junto a su esposa, Aura María Neira, levantó una familia de cuatro hijos.

Ledys Tatiana, de 26 años, es microbióloga; Andrea Carolina, de 24, ingeniera agrícola; Laura Liseth, de 20, estudia Biología; y Juan Felipe, de apenas 13 años, todavía acompaña a sus padres en las labores del campo.

Todos crecieron viendo cómo la finca se transformaba poco a poco gracias al trabajo permanente de sus padres.

El predio era mucho más que una propiedad.

Era el sustento económico de la familia y el proyecto de vida construido durante décadas.

Al regresar, ya no existía

La tragedia ocurrió mientras la familia se encontraba en el casco urbano de Tame atendiendo una cita médica de Aura María.

Mientras estaban fuera, varias avalanchas descendieron desde la parte alta de la cuenca del río Lopeño.

Al regresar encontraron una escena imposible de imaginar.

La casa había desaparecido. Los corrales ya no existían. Los potreros quedaron cubiertos por más de metro y medio de lodo.

“Prácticamente la finca desapareció. Todo quedó debajo del barro. Perdí el trabajo de muchos años”, cuenta.

Hoy el terreno permanece completamente inutilizable.

“No se puede ni caminar dentro de la finca”, afirma.


El lodo enterró toda la producción


La corriente destruyó la vivienda principal, los cercados, los corrales y la infraestructura productiva.

También acabó con los cultivos establecidos durante años. En la finca había una hectárea de maíz que estaba próxima a cosecharse.

“Ya estaba marzorqueando”, recuerda.

La avalancha también destruyó árboles de limón y maracuyá, más de 200 plantas de cacao, alrededor de 200 matas de piña y un estanque donde cultivaba cerca de 500 cachamas.

Las gallinas desaparecieron con la fuerza del agua.

El ganado, bajo el barro.

Entre las mayores pérdidas figura el hato bovino. En el predio permanecían 13 bovinos, registrados ante el ICA y el Sistema Nacional de Identificación e Información del Ganado Bovino (Sinigán), entre vacas, novillas y animales de levante.

Cada uno representaba años de ahorro e inversión.

“Siempre hemos tenido pocos animales, pero eran una bendición porque ayudaban a sostener el hogar”, dice.

De todos ellos no quedó rastro.

La única excepción fue ‘Tapetusa’, un caballo criollo de cinco años.

El animal quedó atrapado en el barro hasta la barriga y solo pudo ser rescatado al día siguiente.


Comenzar desde cero


Tras la emergencia, la familia se refugió en una pequeña vivienda que permanecía abandonada junto a la carretera.

Allí sobreviven mientras intentan definir cómo reconstruir su vida.

El problema ya no es únicamente la pérdida del patrimonio. También desapareció la única fuente de ingresos del hogar.

“La finca no sirve para nada”, afirma mientras observa el enorme manto de lodo que cubre lo que durante 26 años fue su proyecto de vida.

Hoy, Néstor Daniel Cobos no solo enfrenta la reconstrucción de un predio.

También intenta recuperar la esperanza de volver a producir y sostener a su familia, mientras espera apoyo para empezar nuevamente desde cero.


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