banner

Cargando...

De ordeñar vacas a liderar una producción de quesos artesanales con apenas 20 años de edad

Angie Barbosa 27 de Febrero 2026
La joven que ahora dedica su vida a hacer yogures y quesos dentro de una ganaderíaFoto: Cortesía - laschivasdelllano.comÁngela creció en el campo. En su casa siempre hubo vacas para el consumo familiar, lo que le permitió aprender desde niña tareas básicas como ordeñar.

En la finca La Chamicera, en zona rural de Zipaquirá, Ángela Vanessa Rozo pasó de ser operario de ordeño a liderar la producción de Lácteos 2 Hermanos. A su corta edad, se encarga de elaborar yogures y quesos artesanales que hoy ganan reconocimiento entre los consumidores locales.



Dentro de la finca La Chamicera, en Zipaquirá (Cundinamarca), funciona una pequeña planta que transforma la leche recién ordeñada en yogures y quesos artesanales. Allí, en medio de baldes, moldes y termómetros, trabaja Ángela Vanessa Rozo, una joven que encontró en la transformación láctea su proyecto de vida y hoy es pieza clave de Lácteos 2 Hermanos.

Su cargo formal es auxiliar de producción, pero actualmente ejerce como operaria de planta. Está al frente de la elaboración de los productos y del control del proceso.

“Mis funciones son hacer el queso, el yogur y encargarme de que todo salga muy bien”, explica. (Lea en CONtexto ganadero: Ganaderos de La Mesa reconvertirán una planta de beneficio animal en una fábrica de productos lácteos)


Del campo a la transformación


Ángela creció en el campo. En su casa siempre hubo vacas para el consumo familiar, lo que le permitió aprender desde niña tareas básicas como ordeñar y atender a los animales. Ese conocimiento previo facilitó su llegada a La Chamicera hace tres años, cuando tenía 17.

Comenzó en el ordeño, pero el rumbo cambió cuando surgió la oportunidad de apoyar el área de lácteos. Allí empezó a involucrarse en una etapa distinta del negocio ganadero: la transformación en finca. “Cuando llegué no se hacía queso; solamente se procesaba la leche y se hacía yogur”, recuerda.

En 2024, tras recibir una capacitación de varios días con un instructor especializado en quesería, la empresa amplió su portafolio. Empezaron con pruebas pequeñas, vendiendo a clientes cercanos, y ajustaron detalles hasta consolidar nuevas referencias.


Aprender haciendo


Hoy la marca produce yogur griego, yogur líquido y quesos como doble crema, doble crema con finas hierbas, tipo holandés y pera. Cada uno requiere procesos y fermentos específicos. Detrás de cada pieza hay control de temperatura, tiempos exactos y seguimiento del pH.

Ángela reconoce que no es una labor sencilla. “Es bien difícil. Requiere mucha práctica, paciencia y constancia”, afirma. La mozzarella, por ejemplo, implica filtrar la leche, calentarla, adicionar los fermentos y el cuajo, esperar la cuajada, cortarla, batirla y dejarla reposar hasta alcanzar el punto exacto. Luego viene el lavado, la prueba de hilado a 85 grados, el moldeo y una refrigeración que puede tardar hasta dos días.

El proceso exige disciplina y atención permanente. Un descuido puede afectar textura o sabor. Por eso insiste en que la experiencia diaria ha sido su mejor escuela y que cada lote representa un nuevo aprendizaje.


Juventud con proyección


A sus 20 años, Ángela ha sorprendido a más de un cliente. En diciembre pasado, durante un encuentro comercial, varios compradores quedaron impactados al saber que ella lidera la producción. “Estaban felices e impresionados de que una ‘niña’ sea la que haga estos productos”, cuenta.

Aunque en un principio pensó que su futuro estaría solo en el ordeño, hoy se siente cómoda en su rol. Considera que este oficio puede abrir puertas a nuevos emprendimientos.

En tiempos donde se habla de relevo generacional en la ganadería, historias como la de Ángela muestran que el futuro también puede construirse desde la producción artesanal de derivados lácteos.


banner