El alza de los fertilizantes y el aumento del salario mínimo elevaron los costos de producción, presionando el precio de la canasta familiar en Colombia, pero los expertos advierten que lo peor podría estar por venir por cuenta del fenómeno climático. Además de la escasez, existe el riesgo de especulación que podría agravar el golpe al consumidor.
El alza en los precios de los alimentos ha sido uno de los fenómenos que más inquieta a los colombianos en el arranque de 2026. Entre ellos, el limón tahití (92 %), tomate chonto (76 %) y maracuyá (44 %) han sido los de mayor crecimiento, mientras que desde el sector pecuario, carne, leche, huevos y pollo tuvieron alzas del orden de 3 a 6 %.
Parte del encarecimiento se explica por fenómenos climáticos y estacionales, sobre todo por el incremento de las lluvias en los primeros del año, pero también por factores geopolíticos, como el conflicto en Medio Oriente y el cierre del estrecho de Ormuz, que elevó el costo de los fertilizantes y, con ello, los costos de producción.
Pero ahora, el sector agropecuario mira con creciente preocupación la llegada de un fuerte fenómeno de El Niño (expertos ya hablan de “El Niño más fuerte del siglo” o de “súper Niño”), que podría agravar, aún más, una situación ya de por sí tensa para los bolsillos de los consumidores.
Óscar Cubillos, jefe de la Oficina de Planeación y Estudios Económicos de Fedegán-FNG, identifica al menos tres factores que explican el encarecimiento de los alimentos en el arranque de 2026.
"El tema de mayor precio de algunos insumos, especialmente de fertilizantes, con los vaivenes en el precio del petróleo, con presión hacia arriba, han hecho que los fertilizantes derivados de petróleo también tengan esa presión al alza. Los fertilizantes han subido por encima del 23 % en lo corrido de 2026", reveló
A lo anterior se suma el efecto del ajuste del salario mínimo (23 % para este año) que, según Cubillos, impulsó la demanda de alimentos, especialmente en el primer semestre, cuando el poder adquisitivo aún no ha sido erosionado por la inflación. El segundo semestre, anticipó, podría traer una desaceleración del consumo una vez los precios suban lo suficiente para frenar la demanda.
Desde los datos del sector ganadero, la carne subió 6,4 % entre enero y abril, la leche ronda el 5 % de incremento y los huevos y el pollo acumulan alzas cercanas al 3 %. Frente a este panorama ya difícil, la potencial llegada de El Niño añade más incertidumbre.
"Según la NOAA y el Ideam, la probabilidad en este momento es un poco superior al 80 % de que se presente un súper fenómeno de El Niño. Cuando empieza a presentarse, llega un día el sol y no se va en tres o cuatro meses”, explicó.
El experto advierte que la afectación más inmediata recaería sobre la leche y sus derivados (queso, yogures, entre otros), y que la magnitud del impacto dependerá de la duración e intensidad del fenómeno. Pero más allá de la escasez producida por la sequía, Cubillos señala un riesgo adicional que suele pasar desapercibido: la especulación.
"Llega un Niño, cae la producción de leche y le empiezan a subir el precio al consumidor, así existan inventarios de leche y así se pueda importar más. ¿Por qué? Porque aprovechan la situación para subir el precio a todo. Hay productos que pueden subir el 10 %, dependerá del nivel de oferta que se tenga en cada producto”, advirtió.
¿Cómo debe actuar el Gobierno?
Ante este escenario, Cubillos es claro sobre lo que el Gobierno debería hacer: garantizar la oferta hídrica, gestionar reservas de alimento para animales, articular bodegas para compartir excedentes y, sobre todo, vigilar que no se dispare la especulación.
"Muy importante es vigilar la especulación en los precios que se cobren al consumidor, porque estas épocas son en las que se dispara, teniendo como excusa el tema climático”, sentenció el directivo de Fedegán-FNG.
Con un pronóstico de inflación del 6,5 % para el cierre de 2026, los precios de la leche y la carne enfrentarían presiones que podrían sentirse hasta comienzos de 2027.
El bolsillo de los colombianos, en particular el de los hogares de menores ingresos, es el más resentido por una canasta que crece sin que nadie la detenga.



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