La eliminación definitiva del cupo de importación de leche en polvo desde Estados Unidos marca un punto de quiebre para el sector lechero colombiano. Aunque el panorama genera preocupación, líderes gremiales y analistas coinciden en que la crisis también puede convertirse en una oportunidad para transformar el negocio, agregar valor y replantear el modelo productivo.
El reloj llegó a cero para uno de los mecanismos de protección más importantes que tuvo la lechería nacional en los últimos años. El contingente arancelario de leche en polvo importada desde Estados Unidos bajo el Tratado de Libre Comercio (TLC), fijado para 2025 en 18.987 toneladas, se agotó el pasado 31 de octubre. (Lea en CONtexto ganadero: Se acabaron los contingentes de leche en polvo de EE. UU.: ¿qué viene ahora para los ganaderos?)
Este hecho no es menor. Se trata del último año en el que Colombia contó con un cupo limitado y escalonado para el ingreso de lácteos estadounidenses. A partir del 1.º de enero de 2026, la importación de leche en polvo desde ese país será ilimitada y sin aranceles, un escenario que obliga al sector ganadero a prepararse para una competencia mucho más intensa.
Estados Unidos ha sido históricamente el principal proveedor de leche en polvo y derivados importados por Colombia, llegando a representar entre el 50 y el 55 % del total. Durante más de 13 años, desde la firma del TLC en mayo de 2012, los contingentes funcionaron como un freno parcial al ingreso masivo de producto extranjero. Ese freno desaparece en 2026.
“Comienza una nueva era”
Para muchos productores, el fin del contingente marca el inicio de una etapa desconocida. Un ganadero lechero, que pidió reserva de su nombre, lo resumió así: “Estamos entrando en la etapa final del TLC con Estados Unidos y esto significa que, a partir de 2026, la leche en polvo podrá ingresar libremente. Es un reto que debemos entender todos: ganaderos, industria y Gobierno”.
La preocupación no es infundada. Óscar Cubillos Pedraza, jefe de la Oficina de Planeación y Estudios Económicos de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán-FNG), advirtió que el país no tomó medidas frente al incremento de aranceles decretado por el expresidente Donald Trump en abril de este año, lo que terminó favoreciendo la continuidad de las importaciones.
“En medio de la tensión comercial no hicimos nada para disminuir ese 10 % por temor a represalias mayores, y mientras tanto el TLC siguió su curso y las importaciones de leche en polvo continuaron”, señaló el economista, citado por Contexto Ganadero.
Cubillos explicó que la tasa de cambio y la caída de los precios internacionales han sido factores clave para incentivar las compras externas. “No se va a acabar el sector lechero, pero sí habrá mayor presión de oferta importada. Con un dólar alrededor de $3.800 o $3.900, y no a $5.000 como hace dos años y medio, la probabilidad de importar más leche aumenta”, concluyó.
¿Solo una amenaza o también una oportunidad?
Aunque el escenario parece desalentador, dentro del gremio empieza a tomar fuerza la idea de que la crisis puede abrir nuevas oportunidades. El presidente ejecutivo de Fedegán, José Félix Lafaurie, ha insistido en que el sector lechero debe replantearse y avanzar hacia esquemas de mayor valor agregado, en lugar de depender únicamente de la venta de leche cruda.
Entre las propuestas que se han puesto sobre la mesa está la creación de un fondo tripartita, con aportes del Estado, la industria y los productores, que permita estabilizar ingresos, apoyar la transformación de la leche y fortalecer la competitividad del sector frente a las importaciones.
Otra alternativa es impulsar con mayor fuerza la producción de quesos con denominación de origen y otros derivados diferenciados, donde la leche importada en polvo no puede competir fácilmente. La transformación, el maquilado y las alianzas regionales aparecen como caminos viables para pequeños y medianos ganaderos.
Asimismo, Lafaurie ha planteado la necesidad de encontrar mecanismos para comercializar la leche nacional dentro del Programa de Alimentación Escolar (PAE), garantizando mercado y precios justos para los productores, al tiempo que se mejora la calidad nutricional de los alimentos que reciben millones de niños en el país.
Llamado a organización y eficiencia
El fin del contingente arancelario es un hecho irreversible. La leche estadounidense llegará en mayores volúmenes y a precios competitivos, y el mercado interno sentirá esa presión. Sin embargo, el mensaje que se repite entre los analistas es que el sector lechero colombiano no está condenado a desaparecer, pero sí obligado a transformarse.
Mayor eficiencia en las fincas, reducción de costos, asociatividad, gestión empresarial y apuesta por productos con valor agregado serán claves en esta nueva etapa. La apertura total puede ser el golpe más duro en años para la lechería nacional, pero también puede convertirse en el punto de partida para un sector más fuerte, moderno y competitivo.



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