Los ataques recientes en Chocó, abre los ojos sobre los cambios en las formas de operar de los grupos armados ilegales. Germán Rodríguez, senador electo y exoficial de la Armada, advierte que delincuentes usan esta tecnología barata y de alto impacto para ampliar su capacidad de ataque en zonas rurales.
Los ataques con drones cargados con explosivos registrados en el Chocó, entre muchos otros que se vienen presentado en el país, hacen necesario una pregunta incómoda para Colombia: ¿está preparada la Fuerza Pública para enfrentar una guerra en la que los grupos armados ilegales ya no solo disputan la tierra, sino también el aire?
Para Germán Rodríguez, senador electo y exoficial de la Armada Nacional, el uso de drones evidencia una nueva etapa del conflicto armado, marcada por tecnología de bajo costo, economías ilegales fortalecidas y mayor riesgo para militares y civiles. (Lea en CONtexto ganadero: En 2026 van más de 90 ataques con drones el Valle del Cauca)
Rodríguez conoce de cerca la zona, pues según contó, hace ocho años fue oficial de operaciones y segundo comandante del Batallón de Infantería de Marina No. 22, la misma unidad a la que pertenecen los infantes de marina afectados recientemente por ataques con drones.
“Si no se le pone freno ya mismo a los ataques con drones, vamos a ver escaladas terroristas con enjambres organizados con inteligencia artificial”, advirtió.
Sostuvo que esta tecnología representa una amenaza especialmente compleja porque es más barata que los medios aéreos convencionales y puede ser adaptada con rapidez por las estructuras ilegales.
En su análisis, la guerra cambió porque el dominio aéreo dejó de depender exclusivamente de aviones o helicópteros.
Ahora, pequeños equipos comerciales modificados pueden alterar el equilibrio operativo en zonas selváticas y rurales.
Con más recursos
Rodríguez atribuyó el fortalecimiento de estas organizaciones a la expansión de economías ilegales y al debilitamiento de la presión militar en varios territorios.
A su juicio, grupos como el ELN, las disidencias de las Farc y el Clan del Golfo han aprovechado rentas criminales derivadas del narcotráfico y la minería ilegal para financiar nuevas capacidades a la hora de armarse.
“No solo hacen control territorial con drones; también hacen inteligencia y hoy los están usando para lanzar explosivos”, señaló.
El riesgo, según su lectura, es que estas estructuras pasen de ataques aislados a operaciones más coordinadas, con drones capaces de transportar varias cargas explosivas.
También cuestionó la capacidad actual de respuesta del Ministerio de Defensa y afirmó que algunas compras o estrategias antidrones no han logrado cerrar la distancia tecnológica. (Lea en CONtexto ganadero: Entre cifras oficiales y temor en la ruralidad: así está la inseguridad en el Atlántico)
“Estamos en pañales. Cada vez que nosotros hacemos algo, la subversión lleva años luz de ventaja”, afirmó.
Para él, el país debería acelerar alianzas y procesos de aprendizaje con naciones que han enfrentado guerras modernas con drones, como Ucrania, Israel o Estados Unidos.
Comunidades atrapadas
El uso de drones no solo afecta a la Fuerza Pública. En regiones como Chocó, Cauca, Valle del Cauca y Nariño, las comunidades enfrentan confinamientos, desplazamientos y restricciones a la movilidad por cuenta de la presión armada.
En territorios selváticos, donde el desplazamiento de tropas es difícil y las vías son escasas, la superioridad tecnológica de los grupos ilegales aumenta la sensación de abandono estatal.
Rodríguez expresó que recuperar presencia institucional exige proteger jurídicamente a los uniformados, fortalecer capacidades aéreas y retomar operaciones sostenidas contra las estructuras armadas.
Debate político
El diálogo con CONtexto también tuvo un fuerte componente electoral. En ese sentido, Rodríguez sostuvo que la política de seguridad del próximo gobierno será determinante para contener o profundizar esta nueva fase del conflicto.
Al final, su advertencia va más allá, pues si el Estado no responde con rapidez, los drones podrían convertirse en el símbolo de una guerra más silenciosa, más barata y más difícil de contener en las zonas rurales del país.



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