Mientras organismos internacionales destacan los avances de la ganadería sostenible, la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán) sostiene que el país pudo haber llegado mucho más lejos con un respaldo decidido del Estado. Dos décadas después de iniciar este proceso, el reto sigue siendo escalar un modelo que ya muestra resultados en miles de fincas.
La paradoja es evidente. Mientras Colombia es reconocida internacionalmente por sus avances en ganadería sostenible, miles de productores continúan enfrentando dificultades asociadas a la inseguridad, las limitaciones de infraestructura y la falta de apoyo estatal para ampliar las transformaciones que ya están en marcha.
Organismos internacionales han financiado proyectos que hoy muestran resultados concretos en el territorio. Sin embargo, desde el sector ganadero persiste la percepción de que el acompañamiento del Gobierno Nacional no ha avanzado al mismo ritmo de los esfuerzos realizados por los productores ni de las exigencias del mercado mundial.
“Hay una deuda histórica muy grande con el sector ganadero por parte de los apoyos reales del Estado”, afirmó Manuel Gómez Vivas, director del área de Ganadería Sostenible de Fedegán, quien ha acompañado durante más de dos décadas los procesos de transformación productiva en el campo colombiano.
Su planteamiento revive una discusión que sigue vigente. Mientras los gobiernos promueven la transición productiva y la acción climática (al menos en el discurso), miles de ganaderos comenzaron a adoptar prácticas sostenibles mucho antes de que estos temas ocuparan un lugar central en las agendas públicas.
“Nuestra lucha comenzó mucho antes de que la sostenibilidad se convirtiera en una bandera política o en una exigencia de los mercados internacionales”, señala.
Dos décadas transformando fincas
La transformación empezó a hacerse visible en fincas de distintas regiones del país. Los árboles regresaron a los potreros, las cercas vivas sustituyeron extensos tramos de alambre, se protegieron nacederos y fuentes hídricas, y los sistemas silvopastoriles comenzaron a expandirse.
Al mismo tiempo, la productividad dejó de medirse únicamente por el número de animales para incorporar variables relacionadas con la conservación, el cuidado de los recursos naturales y la biodiversidad.
Con el paso de los años, esa apuesta técnica se convirtió en una estrategia de alcance nacional. Y es que actualmente, más de 341.000 hectáreas han sido intervenidas bajo modelos sostenibles, cerca de 49.000 hectáreas operan con sistemas silvopastoriles y más de 40.000 hectáreas están destinadas a procesos de conservación y restauración ambiental.
A lo anterior hay que sumarle la capacitación de más de 65.000 productores y actores rurales.
“Durante muchos años se habló de la ganadería como parte del problema. Lo que pocas veces se contó es que miles de productores ya estaban trabajando para convertirse en parte de la solución”, sostiene Gómez.
Retos que siguen pendientes
Una de las particularidades de este proceso es que gran parte de los recursos han llegado desde la cooperación internacional.
Entidades como el Banco Mundial, el Fondo Verde para el Clima, la Unión Europea y los gobiernos de Alemania, Reino Unido y Japón han respaldado iniciativas dirigidas a fortalecer la sostenibilidad de la producción ganadera en Colombia, muchas de ellas impulsadas desde Fedegán.
Para el gremio, este respaldo externo contrasta con las necesidades que aún persisten en la ruralidad colombiana.
“Hay muchos avances, muchas políticas y muchas metas medibles. Lo que sigue faltando son estas transformaciones a una escala mucho mayor en materia de inversión, carreteras, seguridad, infraestructura, créditos, educación y promoción”, asegura el directivo.
Fedegán considera que todavía existen barreras que limitan la expansión de modelos productivos que hoy son observados internacionalmente como referentes de sostenibilidad.
Más que una discusión ambiental
El debate también tiene un fuerte componente social. La ganadería continúa siendo el sustento de más de 750.000 familias colombianas y genera más de 1,1 millones de empleos directos, además de miles de puestos de trabajo indirectos.
Por ello, los reclamos del sector no se limitan a los temas ambientales. También incluyen demandas históricas relacionadas con vías terciarias, acceso a financiación, seguridad y mayor presencia institucional en las zonas rurales.
Después de dos décadas de trabajo, la sostenibilidad dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad visible en miles de fincas del país.
La discusión ahora gira en torno a si esta experiencia será fortalecida mediante una política pública de largo plazo o si continuará avanzando, principalmente, gracias a la iniciativa de los productores y al respaldo de la cooperación internacional, con la silla del Gobierno de turno vacía.



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