Secuestro de carbono en tierras rurales

Por: 
CONtexto ganadero
12 de Agosto 2019
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Con sus excedentes de carbono, Brasil, Paraguay y Uruguay podrían compensar en casi un 7 %, 74 % y 9 %, respectivamente, las emisiones de los restantes sectores de la economía. Facsímil caratula documento

Prólogo y resumen del documento “Emisiones, secuestro y balance de carbono en ambientes rurales del Mercosur: en busca del “eslabón perdido” de carbono”, de Ernesto F. Viglizzo y M. Florencia Ricard GPS/SRA/CONICET.

 

En un trabajo reciente, Papendiek & Idígoras (2017) señalan que un desafío mayor que deberán enfrentar la producción y el comercio internacional de alimentos será garantizar al mismo tiempo la seguridad alimentaria (en términos cuantitativos y cualitativos) y la seguridad ambiental, especialmente en relación a su impacto sobre el cambio climático global. El debate en torno a las emisiones de carbono se traslada, en ese contexto, al centro de la escena.

 

Sin duda la problemática del carbono gravita de manera creciente debido a la importancia que la ciencia le asigna al calentamiento del planeta y al cambio climático global (IPCC, 2014, Le Quéré, 2016).

 

En términos de seguridad alimentaria, basados en datos de FAO del 2015, Regúnaga y Elverdín (2017) demuestran que los cuatro países del MERCOSUR (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) juegan un rol clave en la seguridad alimentaria global por su participación en el comercio internacional de alimentos.

 

Esta región provee aproximadamente, entre otros productos, el 20 % de los cereales, el 47 % de las oleaginosas, el 41 % de los azúcares y el 25 % de las carnes que se comercializan en el mundo. Y las proyecciones indican que esa participación se incrementará en las próximas décadas.

 

Ahora bien, ¿cómo incide esta posición dominante en el mercado de alimentos sobre las emisiones regionales de gases de efecto invernadero (GEI)?

 

Hay que destacar que hoy los países son evaluados con particular meticulosidad mediante indicadores que los “rankean” de acuerdo a su posición relativa en las emisiones globales. Sin embargo, no hay referencias explícitas que se ocupen de “rankear” la capacidad de esos países para capturar y almacenar carbono en sus tierras.

 

En alguna medida ese sesgo es distorsivo, ya que ordena a los países en función de sus emisiones, pero no en función de su secuestro de carbono. Por ejemplo, mientras los cuatro países del MERCOSUR registran menos del 3 % de las emisiones globales de carbono, algunos indicadores le asignan una emisión per cápita mayor que las de China e India, dos naciones que se cuentan entro los más grandes emisores mundiales.

 

Los números se ordenan de manera radicalmente distinta cuando esas emisiones son expresadas por hectárea de tierra y no por habitante (Viglizzo, 2015).

 

Si evaluamos a los países productores de alimentos en función de sus emisiones agropecuarias sin tener en cuenta la capacidad de secuestro de sus tierras rurales, nos hemos resignado a ver solo una parte de la realidad.

 

Los protocolos del IPCC evalúan con meticulosidad las emisiones GEI, pero imperfectamente la captura y secuestro de carbono. Los inventarios GEI no parecen reflejar hoy adecuadamente el balance de carbono, y el secuestro se convierte en un “eslabón perdido” dentro la 4 economía del carbono, poniendo en desventaja a los países que tienen mayor capacidad para capturarlo y almacenarlo en sus tierras.

 

De aquí surgen algunas preguntas inevitables ¿Cuánto carbono puede ser capturado y secuestrado en las tierras rurales del MERCOSUR? ¿Qué balance de carbono se generaría si computáramos con mayor rigor y meticulosidad la captura y secuestro? ¿Es necesario un cambio de paradigma en la forma que hoy medimos el carbono?

 

Las estrategias de mitigación de emisiones apuntan prioritariamente al reemplazo de las energías convencionales por las renovables y a la incorporación de tecnologías que mejoren la eficiencia de uso de los combustibles fósiles. Sin duda, son dos caminos lógicos y racionales.

 

Pero también debemos admitir que hay muchos intereses estratégicos, económicos y comerciales detrás de esta visión. Sin soslayarlos, ¿debemos por ello ignorar el potencial mitigador de nuestras tierras rurales y naturales?

 

La lógica y la razón indican que no y el argumento es claro: los sectores no rurales tienen una capacidad muy limitada para capturar y secuestrar carbono. Estas razones justifican el objetivo de este estudio, que consiste recalcular los balances de carbono a través de una metodología alternativa para evaluar la captura y secuestro de carbono en las tierras rurales y naturales de la región del MERCOSUR.

 

Resultados

 

Los cuatro países y en la región el balance general del sector rural sería positivo de acuerdo al método aplicado; es decir, el secuestro parece ser mayor que la emisión de carbono, lo cual contradiría las estimaciones que muestran a este sector como un emisor neto de carbono.

 

Este es un hallazgo novedoso que puede ser explicado enteramente por las diferencias entre el método aplicado en este estudio y el aplicado en los inventarios que han seguido los protocolos recomendados por el IPCC (1996, 2006). Sin duda, estos resultados tan contrastantes requieren una validación que los confirme o ignore.

 

¿Qué implicancias prácticas tendrían estas estimaciones si el método fuera validado?

 

La implicancia más inmediata es que el sector rural de los cuatro países en particular, y de la región en general, estarían demostrando un crédito a favor de carbono, es decir que es el sector rural es capaz de secuestrar la totalidad del carbono que emite a través de la ganadería, la agricultura de cosecha y los cambios producidos en el uso de la tierra.

 

Una implicancia extra sería que el sector rural de los países y de la región, con su crédito debido al carbono excedente, podría subsidiar a los otros sectores emisores de la economía, como el energético, el industrial, el de gestión de residuos.

 

Con sus excedentes de carbono, Brasil, Paraguay y Uruguay podrían compensar en casi un 7 %, 74 % y 9 %, respectivamente, las emisiones de los restantes sectores de la economía. Un caso muy particular es el de la Argentina, cuyo sector rural está fuertemente traccionado por sus tierras de pastoreo. Su crédito de carbono podría compensar holgadamente las emisiones de los sectores no rurales. Si estas cifras fueran debidamente validadas, Argentina podría potencialmente ser calificado como “país carbono neutro” debido a los créditos de carbono que genera su sector agropecuario.

 

Fuente: Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales.