La industria cárnica estadounidense enfrenta uno de sus momentos más complejos en décadas por la drástica reducción del hato y los altos costos para procesar. Mientras algunos operadores frenan actividades, otros apuestan por modernizarse para sortear la crisis.
Desde hace varios años, la industria procesadora de carne bovina en Estados Unidos atraviesa una crisis por cuenta de la reducción del ganado.
Ahora, los altos costos y los resultados financieros a la baja se suman a una tormenta perfecta que amenaza a la producción interna del país. (Lea en CONtexto ganadero: Argentina y EE. UU. pierden cabezas de ganado, mientras que Colombia toma impulso)
En este contexto, las dos gigantes de frigoríficos Tyson Foods y Cargill han tomado caminos distintos para enfrentar una de las peores reducciones del hato estadounidense en casi 75 años.
La sequía prolongada, que redujo pasturas y encareció los insumos, llevó a los rancheros a recortar sus inventarios. A esto se sumó la suspensión de las importaciones de ganado mexicano por riesgo sanitario, lo que apretó aún más la oferta disponible.
El resultado ha sido un mercado profundamente tensionado, con precios del ganado disparados y carne a valores récord para el consumidor.
Frente a esta realidad, Cargill aseguró que no planea cerrar ninguna de sus ocho plantas principales de procesamiento en Norteamérica. Por el contrario, la compañía afirmó estar “invirtiendo en ellas” y recordó que en junio destinó 90 millones de dólares para modernizar su planta de Fort Morgan, Colorado, con el fin de aumentar la automatización y el rendimiento.
El panorama es muy distinto para Tyson Foods, que anunció el cierre de su planta en Lexington, Nebraska, que emplea a unas 3.200 personas. También reducirá operaciones en su planta de Amarillo, Texas, que pasará a funcionar con un solo turno a plena capacidad.
Tyson justificó la decisión por la caída de la oferta de ganado y su impacto en los costos, que hundieron sus resultados: solo su división de carne bovina registró pérdidas ajustadas de 426 millones de dólares en el último año fiscal.
"Todos esperábamos que una planta cerrara en algún momento de 2026. Me sorprende un poco que lo hagan de forma preventiva”, dijo a agencia periodística Reuteurs Rich Nelson, estratega jefe de Allendale. (Lea en CONtexto ganadero: Qué países están capitalizando la escasez de ganado en Estados Unidos y cuanto se han beneficiado)
El cierre de la planta de Lexington, capaz de procesar unas 5.000 reses por día, golpeará con fuerza a la economía local y a los feedlots de la región. Autoridades y analistas han advertido que este ajuste marcará un antes y un después para el estado de Nebraska, tradicional corazón ganadero del país.
Mientras tanto, el gobierno estadounidense busca alternativas para contener los precios. El presidente Donald Trump ha insistido en aumentar las importaciones de carne desde países como Argentina y Brasil, medida que ha generado tensión con los productores locales y nuevas acusaciones contra los grandes empacadores por presunta manipulación del mercado.
La crisis del sector cárnico estadounidense apenas comienza a mostrar su impacto estructural, y todo indica que las decisiones de inversión o cierre tomadas hoy marcarán el futuro de la industria durante la próxima década.
Con información de Reuters y Reuters.



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