La combinación de una sequía prolongada, una drástica reducción del hato ganadero y nuevas políticas arancelarias ha empujado el costo a niveles inéditos en más de siete décadas. Productores, consumidores y autoridades enfrentan un panorama complejo que podría tener efectos duraderos en la cadena cárnica y en el comercio internacional.
El precio de la carne de res en Estados Unidos alcanzó en junio de 2025 su nivel más alto desde 1951, marcando un punto de inflexión para el sector ganadero y para millones de consumidores.
De acuerdo con datos oficiales del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA), la carne molida se ubicó en 13,50 dólares por kilo, con picos regionales de hasta 15,20 dólares en ciudades del oeste. (Lea en CONtexto ganadero: Pronostican aumento del consumo de carne en EE. UU. en 2025)
La raíz de esta escalada de precios se encuentra en la drástica disminución del hato ganadero, que a inicios de 2025 cayó a 86,7 millones de cabezas, su punto más bajo en más de 70 años.
Según expertos de Kansas State University y Texas A&M expuestos en Infobae, la prolongada sequía que afecta a estados clave como Texas, Oklahoma y Nuevo México desde 2020 ha reducido significativamente la disponibilidad de pasturas, encareciendo la alimentación y obligando a los ganaderos a enviar más hembras al matadero.
Esta práctica, aunque sostenía la oferta a corto plazo, disminuyó la capacidad reproductiva del hato, generando un efecto dominó que ahora golpea al mercado.
Los especialistas notaron que la recuperación de la oferta tomará al menos dos años debido al ciclo reproductivo del ganado vacuno. Aunque avances genéticos han permitido mejorar el peso por animal, la caída del stock limita severamente la producción total de carne.
Impacto en el consumo
Este aumento de precios se produce en plena temporada de verano, el periodo de mayor demanda de carne por el auge de las barbacoas en el país. En regiones del sur, el precio promedio del kilo de carne molida es de 12,28 dólares, mientras que en los estados del oeste supera los 15 dólares, afectando de manera desigual a los consumidores.
El USDA proyecta que los precios de la carne de res y ternera aumentarán en promedio un 6,8 % en 2025, aunque en algunos casos el alza podría superar el 11 %.
Las cadenas de supermercados están comenzando a tomar acciones. Walmart, por ejemplo, inauguró su propia planta procesadora en Kansas para controlar costos y mantener abastecido su canal de distribución.
A pesar del aumento de precios, los consumidores aún no han migrado significativamente hacia otras proteínas como el pollo o el cerdo.
Esta fidelidad al consumo de carne de res refleja una demanda interna robusta que, sin embargo, se enfrenta a una oferta cada vez más limitada. El panorama se complica por la suspensión de importaciones clave y la reciente imposición de aranceles, que buscan proteger a los productores locales pero también encarecen el producto para el consumidor final.
En palabras de Augusto Beltrán Segrera, secretario técnico del Fondo de Estabilización de Precios de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), “el aumento de los niveles históricos de carne de res en EE.UU. refleja una serie de factores, como la mayor demanda interna, los costos de producción y las condiciones del mercado global”.
Beltrán advirtió que esta situación podría afectar el poder adquisitivo de las familias y generar cambios importantes en las decisiones de inversión de la industria ganadera.
Asimismo, el experto alertó sobre el efecto que pueden tener los aranceles en las relaciones internacionales. Si bien protegen al productor nacional frente a la competencia, también podrían generar represalias y tensiones comerciales con consecuencias a largo plazo. (Lea en CONtexto ganadero: Colombia intensifica esfuerzos para exportar carne a EE. UU.)