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En el Día Nacional de las Victimas, general (r) Luis Mendieta revive la historia de su secuestro

Angie Barbosa 09 de Abril 2026
General Mendieta y la toma de MituFoto: La fmEl 1.º de noviembre de 1998 quedó grabado en la memoria de Mendieta como el inicio de una pesadilla, cuando la guerrilla atacó el municipio.

Hoy, 9 de abril, Día Nacional de las Víctimas del Conflicto Armado, el mayor general (r) rememora la toma de Mitú, capital del departamento de Vaupés, en la que fue secuestrado hace casi 28 años. Recordó duros momentos vividos y lanzó duras críticas al sistema de justicia.



Cada 9 de abril, se conmemora el Dia Nacional de Víctimas del Conflicto Armado, una fecha en la que Colombia recuerda a millones de víctimas del conflicto, como Luis Herlindo Mendieta, quien era entonces comandante de la Policía en Mitú, en el departamento de Vaupés.

El 1 de noviembre de 1998 quedó grabado en la memoria de Mendieta como el inicio de una pesadilla, cuando la guerrilla atacó el municipio. Un día sin precedentes que dejó muertos, destrucción y una población civil atrapada en el fuego cruzado.

El ataque inició a las cuatro y media de la mañana y duró tres días... como resultado final fueron asesinados 17 integrantes de la Policía Nacional que estábamos allí”, recordó el general, al tiempo que describió cómo civiles también fueron ejecutados en plena vía pública.

Tras la toma, comenzó un largo secuestro. Durante casi 12 años, Mendieta permaneció en manos de las Farc bajo condiciones extremas. Fue un tiempo, según cuenta, en el que le tocó vivir enfermedades, trabajos forzados y vigilancia permanente, incluso por parte de menores reclutados.

“Fue una toma de rehenes donde siempre nos amenazaban con quitarnos la vida durante todos los días y casi durante las 24 horas. Fuimos internados en la selva de Colombia”, relató.

Las condiciones de encierro incluyeron cadenas, traslados constantes y largas caminatas en medio de la selva, lo que dejó huellas físicas y emocionales. Ese periodo lo define como una experiencia de violencia sistemática, donde cada día implicaba buscar la manera de sobrevivir.

“Al comienzo nos colocaron cordeles atados en el cuello y en las manos. Posteriormente en esa jaula de concentración cambiaron y nos colocaron cadenas y candados amarrados al cuello y cuando íbamos en caminatas nos amarraban a los árboles. Fue de tratos crueles, inhumanos, degradantes, de torturas por esas caminatas tan extenuantes, de enfermedades como el paludismo y la leishmaniasis”, recordó.


El día del rescate


El 13 de junio de 2010 parecía un día más en la selva, pero terminó siendo el momento de su liberación en la Operación Camaleón. Sin embargo, lo que para muchos sería un instante de esperanza, para él estuvo cargado de incertidumbre. Entre la vida y muerte, tomó una decisión que marcaría su destino:

Me fui hacia donde estaban los disparos porque pensé... en caso eventual de que muriera, al menos rescatarían mi cadena y se la entregarían a la familia”, contó, evidenciando el nivel de desgaste emocional tras casi 12 años de cautiverio.

Al encontrarse con soldados del Ejército, comprendió que finalmente estaba libre. Libertad inesperada que llegó en medio del caos del combate y que permitió el rescate de otros tres uniformados.

Cuando observo un casco arrastrándose por el piso inmediatamente pensé que era un soldado... ahí dije, ya me encuentro libre”, afirmó, recordando el instante en que todo cambió.


Justicia y memoria en deuda


A casi tres décadas del ataque, Mendieta mantiene una postura crítica frente a los procesos judiciales y los mecanismos de memoria. Justicia pendiente es, según él, la realidad que enfrentan las víctimas.

No hay verdad, no hay justicia, no hay reparación y no hay garantía de no repetición”, aseguró, cuestionando que las condenas no incluyan a los máximos responsables del ataque.

Además, expresó su preocupación por el relato histórico del conflicto. Memoria en disputa que, en su opinión, está siendo construida sin la voz suficiente de las víctimas.

Es abrupto que los victimarios vayan a contar la historia... quedando nosotros totalmente excluidos”, señaló, insistiendo en la necesidad de equilibrar las versiones y garantizar que quienes sufrieron el conflicto tengan un papel central.

En el Día Nacional de las Víctimas, su historia no solo recuerda la crudeza de la guerra, sino que también abre un debate sobre el presente: cómo se construye la memoria y si el país está realmente respondiendo a quienes más han sufrido.


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