130 pequeños productores ubicados en zonas cercanas a áreas de alta importancia ecológica iniciaron una transición técnica que busca reducir la presión sobre territorios estratégicos del país. La iniciativa, respaldada por cooperación internacional, demuestra que mejorar la productividad también puede significar conservar y asegurar ingresos en el largo plazo.
En las zonas de amortiguación del Parque Nacional Natural Alto Fragua Indi Wasi, en Caquetá, y del Santuario de Flora Plantas Medicinales Orito Ingi Ande, en Putumayo, 130 familias ganaderas comenzaron este año un proceso de transformación productiva liderado por Agrosavia, en alianza con Parques Nacionales Naturales de Colombia y Patrimonio Natural. (Lea en CONtexto ganadero: Reforestación agroecológica: siga estos pasos para un procedimiento exitoso)
El objetivo es reducir la presión histórica sobre ecosistemas estratégicos mediante modelos resilientes, sostenibles y económicamente viables, demostrando que la actividad pecuaria puede convertirse en aliada de la protección ambiental.
Caquetá y Putumayo han sido durante décadas territorios marcados por la expansión de la frontera agropecuaria. La relación entre producción bovina y pérdida de cobertura vegetal ha alimentado un debate que suele presentar a los productores como antagonistas de la conservación.
Sin embargo, la realidad en campo es más compleja, ya que pequeños ganaderos asentados en áreas colindantes con parques enfrentan limitaciones técnicas, baja productividad y escaso acompañamiento.
En ese contexto surge el Plan de Vinculación Territorial para la Promoción de Sistemas de Ganadería Sostenible, enmarcado en Herencia Colombia y financiado por el Gobierno de Alemania a través del BMZ y el Banco de Desarrollo KfW. Más que un proyecto ambiental, se trata de una estrategia económica que apunta a mejorar la eficiencia productiva mientras disminuye la presión sobre los ecosistemas
Productividad con criterios
El núcleo de la intervención es la firma de acuerdos de conservación voluntarios, en donde cada productor se compromete a transformar al menos 1,5 hectáreas de pasturas hacia esquemas sostenibles, con un impacto mínimo proyectado de 195 hectáreas.
Desde la sede Florencia–Costayaco, el grupo de investigación de Agrosavia acompaña con asistencia técnica especializada. Se implementan planes nutricionales y sanitarios, mejoras en bienestar animal y manejo eficiente de recursos. En la práctica, esto se traduce en sistemas silvopastoriles, rotación de praderas, cercas eléctricas fotovoltaicas y acueductos ganaderos que optimizan el uso del agua.
Para la entidad, la clave no es reducir la actividad pecuaria, sino hacerla más eficiente. La opinión institucional es que al aumentar productividad por hectárea y mejorar la gestión predial, se disminuye la necesidad de expandir la frontera. Es decir, producir más y mejor en la misma área se convierte en herramienta concreta de protección territorial.
El proceso no se limita a infraestructura, pues talleres, intercambios de experiencias y jornadas de actualización fortalecen capacidades técnicas, permitiendo que los productores comprendan el valor económico de adoptar prácticas sostenibles
Además, el proyecto contempla inversión en insumos básicos para facilitar la transición desde esquemas tradicionales hacia modelos de conservación productiva. A esto se suman acciones de restauración ecológica complementaria, como el aislamiento de fuentes hídricas, que mejoran la conectividad del paisaje ganadero y reducen riesgos ambientales.
Todas las actividades se desarrollan bajo un Marco de Gestión Ambiental y Social que prohíbe el uso de pesticidas peligrosos incluidos en los Convenios de Rotterdam y Estocolmo, así como la introducción de especies exóticas invasoras. Este componente garantiza estándares altos y coherencia entre producción y conservación. (Lea en CONtexto ganadero: Colombia: el camino a la reforestación de los 180 millones de árboles antes de 2022)



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