Aunque las lluvias han disminuido, productores, ganaderos y comunidades rurales entran en la fase más crítica: reconstruir sin capital, con deudas acumuladas y con una respuesta estatal que no avanza al ritmo de las pérdidas.
La temporada de lluvias que golpeó al departamento de Córdoba en febrero dejó de ser noticia, pero no dejó de ser crisis. Hoy, mientras el nivel del agua baja y los suelos comienzan a secarse lentamente, miles de productores enfrentan la realidad de la recuperación económica y social tras un desastre que arrasó cultivos, afectó fincas y dejó al sector ganadero en una situación crítica. (Lea en CONtexto ganadero: Más de $2.100 millones: así se mueve la reconstrucción en Córdoba)
Leonardo de las Salas, coordinador de Fedegán-FNG en Córdoba, explicó que las lluvias más intensas ya pasaron y las precipitaciones actuales, propias de una época seca, han sido “controladas” y hasta han ayudado a que la tierra empiece a limpiarse y recuperarse. Sin embargo, esa aparente calma es engañosa.
“La inundación se dio inicialmente por la cantidad de agua que cayó, y luego se agravó cuando hubo el desbordamiento del río”, explicó. Hoy, el problema no es el agua, es lo que dejó.
Reconstrucción
En las zonas urbanas, la recuperación avanza con mayor rapidez. Barrios como Rancho Grande en Montería muestran señales de normalización con viviendas reparadas, comercios abiertos y una dinámica económica que comienza a reactivarse.
Pero en el campo, la historia es distinta. Allí, la recuperación depende del tiempo que tarde la tierra en secarse completamente. Solo entonces será posible volver a sembrar o reactivar sistemas productivos. Mientras tanto, los cultivos de maíz, algodón, plátano, yuca, ñame y berenjena, todos gravemente afectados, siguen representando pérdidas sin compensación inmediata.
Según De las Salas, “donde la gente ha podido regresar, ya empiezan a preparar la tierra, pero esto va mucho más lento”. La consecuencia es una recuperación desigual que amplía la brecha entre lo urbano y lo rural.
Realidades
Las autoridades locales han anunciado medidas. La Alcaldía de Montería y la Gobernación de Córdoba avanzan en la limpieza de canales de drenaje y en la intervención de puntos críticos. Además, se han planteado ayudas de hasta dos salarios mínimos para la autoconstrucción de viviendas, con una meta inicial de mil hogares.
Sin embargo, en el terreno económico, especialmente en el sector agropecuario, las respuestas siguen siendo insuficientes.
“Se debería hacer más por parte del gobierno nacional, menos anuncios y más acciones”, sostuvo De las Salas. La necesidad, insiste, no es solo reconstruir infraestructura, sino reactivar la producción: adecuación de tierras, repoblamiento ganadero y apoyo a cultivos.
Para el profesional en región, el Ministerio debe disponer recursos urgentes para evitar un colapso productivo.
Ante la lentitud institucional, la respuesta más efectiva ha venido desde la articulación local. Fedegán, junto a otras organizaciones como Federación Ganadera de Córdoba (Ganacor) y el Comité de Cebuinos Lecheros y Cruces (CCLC), ha asumido un rol operativo clave en la distribución de ayudas humanitarias.
A través de alianzas como la del Minuto de Dios, se han entregado mercados, colchonetas, carpas, tanques de almacenamiento de agua y sistemas de filtración. Más recientemente, se han diseñado kits para el retorno a los hogares y paquetes básicos para la reactivación agropecuaria.
“Las necesidades son muchas, pero seguimos gestionando y entregando ayudas”, afirmó el coordinador.
Además, ya se estructuran proyectos para la adecuación de tierras y la entrega de insumos a pequeños productores, en el marco de mesas técnicas lideradas por la Gobernación.
Resiliencia
A pesar de todo, la capacidad de respuesta de las comunidades ha sido notable. “La resiliencia que han mostrado los cordobeses es impresionante”, destacó De las Salas. La gente ha regresado, ha reconstruido y ha reactivado sus economías sin esperar soluciones externas inmediatas.
Pero esa resiliencia tiene un límite. El impacto económico ha sido profundo. Productores y familias enfrentan deudas, pérdida de capital y una creciente presión financiera. El propio De las Salas expresó desde su experiencia personal, que “todos mis ahorros me los gasté recuperando mi casa, las tarjetas de crédito las tengo a tope. Si no fuera por mi trabajo, estaría en la quiebra”.
Hoy, Córdoba ya no está bajo el agua. Pero está en riesgo de algo igual de grave: una crisis económica en el campo.
El llamado es urgente. Se requieren recursos, alivios financieros y medidas concretas como la condonación de intereses y capital para productores afectados. Sin eso, la recuperación será lenta, desigual y, en muchos casos, inviable. (Lea en CONtexto ganadero: ¡Córdoba bajo el agua en pleno verano! Grave emergencia moviliza al gremio ganadero)



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