Mientras varias zonas enfrentan inundaciones, los modelos internacionales anticipan meses de déficit hídrico, altas temperaturas y estrés productivo. Fabio Martínez, investigador de Agrosavia explica por qué ambos escenarios pueden coexistir y cuáles territorios deberán prepararse con mayor urgencia.
El fenómeno de El Niño ya está presente en Colombia. Sin embargo, en departamentos como Arauca, Casanare y otras regiones del oriente del país las lluvias continúan provocando inundaciones, pérdida de infraestructura, afectaciones a la ganadería y miles de familias damnificadas.
Para muchos productores la pregunta resulta inevitable: ¿cómo es posible que el país esté entrando en un periodo de sequía mientras algunas zonas permanecen bajo el agua?
La respuesta está en la compleja interacción de fenómenos atmosféricos que operan simultáneamente sobre el territorio nacional.
Así lo explicó Fabio Martínez, ingeniero agrónomo, investigador PhD de Agrosavia y especialista en ecofisiología y micrometeorología aplicada a la gestión de riesgos agroclimáticos, quien aseguró que las lluvias actuales no contradicen la llegada de El Niño, sino que forman parte de un comportamiento climático normal para un país con la diversidad geográfica de Colombia.
El Niño ya comenzó
Según Martínez, las principales agencias internacionales de monitoreo climático y el Ideam coinciden en que el fenómeno ya se instaló en el océano Pacífico ecuatorial y evolucionará hacia una categoría fuerte o muy fuerte durante los próximos meses.
“Efectivamente ya el Ideam, los modelos globales y diferentes entidades internacionales nos indican que el fenómeno es un hecho. Esperamos que su mayor intensidad comience a sentirse con mayor fuerza durante octubre, noviembre, diciembre, enero y febrero”, señaló.
Esto significa que gran parte del país enfrentará una reducción de las precipitaciones, incremento de las temperaturas y mayores riesgos para las actividades agropecuarias.
No obstante, el impacto no será uniforme ni inmediato.
¿Por qué sigue lloviendo?
El investigador explicó que El Niño es un fenómeno climático de escala planetaria que modifica la circulación atmosférica global, pero sobre Colombia también actúan procesos regionales y locales capaces de generar lluvias intensas durante periodos cortos.
“El fenómeno ya se puso, ya se instaló, pero adicionalmente existen otros más pequeños que están ocurriendo al mismo tiempo y son los que traen esos coletazos de lluvia y esos cambios que muchas veces no esperamos”, indicó.
Entre esos procesos se encuentran las ondas tropicales, sistemas convectivos y otras dinámicas atmosféricas que continúan aportando humedad sobre determinadas regiones.
A lo anterior se suma la complejidad geográfica del país.
“Tenemos una enorme diversidad de microclimas. Las tres cordilleras, los grandes valles interandinos y las extensas cuencas hidrográficas generan comportamientos muy diferentes entre una región y otra”, explicó.
Por esa razón, mientras algunos territorios registran precipitaciones por encima de lo normal, otros comienzan a experimentar déficits de humedad característicos de El Niño.
Los territorios más vulnerables
Aunque los efectos del fenómeno alcanzarán buena parte del país, Martínez advirtió que algunas regiones presentan una exposición particularmente alta.
Entre ellas mencionó amplios sectores de la región Andina, la Costa Caribe, zonas del Pacífico, así como departamentos como Santander, Norte de Santander, Tolima, Huila y Nariño.
Sin embargo, aclaró que el impacto dependerá en gran medida de la preparación previa de cada sistema productivo.
No será igual una explotación ganadera con árboles, reservas de agua y manejo técnico adecuado que otra con potreros degradados y escasa infraestructura.
“Si tienes un sistema ganadero bajo un modelo silvopastoril, con cobertura arbórea, sombra para los animales, fuentes de agua y asistencia técnica, seguramente el impacto será menor que en una finca donde no exista un solo árbol y el productor esté completamente expuesto”, afirmó.
También advirtió que los cultivos de secano y los sistemas productivos con problemas de fertilidad o degradación de suelos enfrentarán mayores dificultades durante los meses más críticos.
El reto no es reaccionar, sino anticiparse
Para Agrosavia y Fedegán, la principal tarea consiste ahora en preparar a los productores antes de que las condiciones climáticas se intensifiquen.
Las recomendaciones incluyen almacenar agua, garantizar reservas de alimento para los animales, fortalecer la sanidad de los hatos, mejorar la cobertura vegetal, proteger los suelos y avanzar en sistemas silvopastoriles que reduzcan el estrés térmico.
Martínez considera que el país debe dejar de interpretar estos fenómenos como eventos excepcionales.
“Una señal muy relevante para los ganaderos es entender que esto ya no es algo extraordinario. El Niño y la Niña hacen parte de la nueva normalidad climática y prácticamente todos los años debemos prepararnos para enfrentar alguno de los dos”, advirtió.
Herramientas para reducir el riesgo
El investigador recordó que los productores cuentan hoy con instrumentos que permiten anticipar decisiones y disminuir pérdidas.
Entre ellos mencionó los seguros agropecuarios, líneas especiales de crédito para infraestructura hídrica, asistencia técnica especializada y plataformas tecnológicas como AgroRAC, desarrollada por Agrosavia, que permite consultar pronósticos climáticos detallados para cada municipio.
A su juicio, la ventana para actuar ya está abierta.
“Estamos en la época de preparación. Tenemos una oportunidad para acumular agua, proteger los suelos, almacenar alimento y gestionar los riesgos que vienen de aquí en adelante”, concluyó.
Mientras las inundaciones continúan afectando regiones como Arauca y Casanare, los expertos insisten en que el verdadero desafío para el sector agropecuario apenas comienza: prepararse para un fenómeno que promete marcar el comportamiento climático del país durante los próximos meses.
Finalmente, invitó a los ganaderos a mantenerse informados y aprovechar los espacios de capacitación que realizan conjuntamente Fedegán y Agrosavia.



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