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Encapuchados atacaron la Universidad Sergio Arboleda y desataron ola de violencia en el norte de Bogotá

Juan Pablo Sánchez M 06 de Mayo 2026
defaultFoto: Universidad Sergio ArboledaEn la noche del pasado martes 5 de mayo, un grupo de encapuchados atacó las instalaciones de la Universidad Sergio Arboleda.

Vandalismo, ataques a buses y caos en la movilidad marcaron la noche del 5 de mayo en el norte de la capital del país, reavivando preocupaciones por la seguridad, la radicalización de protestas y el reiterado señalamiento contra instituciones académicas.


Una nueva jornada de disturbios encendió las alarmas en Bogotá. En la noche del pasado martes 5 de mayo, un grupo de encapuchados atacó las instalaciones de la Universidad Sergio Arboleda, en medio de protestas que se desarrollaban presuntamente por personas de la Universidad Pedagógica, en el norte de la ciudad.

Los hechos, que quedaron registrados en múltiples videos, muestran a más de diez personas lanzando objetos contundentes contra la infraestructura universitaria, generando momentos de alta tensión. La situación no se limitó al campus: estaciones de TransMilenio y buses del SITP también fueron blanco de actos vandálicos, lo que agravó el caos en la movilidad del sector.

La magnitud de los daños y la violencia evidenciada en las imágenes han generado preocupación entre ciudadanos, estudiantes y autoridades.


Llamados a la autoridad y control


Tras conocerse los hechos, la concejal Diana Diago reaccionó con contundencia y exigió acciones firmes por parte de la administración distrital. A través de sus redes sociales, pidió al alcalde Carlos Fernando Galán mayor determinación para enfrentar a los responsables.

“El plan es acabar con todo; los vándalos ahora atacan a la Universidad Sergio Arboleda (...) el vandalismo hizo carrera en la ciudad, es hora de despertar, señor alcalde, pues se necesita firmeza para hacer respetar a Bogotá”, señaló Diago.

El llamado refleja un sentimiento creciente en distintos sectores: la percepción de que la violencia urbana, escudada en la protesta, está desbordando la capacidad de respuesta institucional.


Patrón que se repite


Lo ocurrido no es un hecho aislado. La Universidad Sergio Arboleda ha sido blanco de ataques en varias ocasiones durante los últimos años. En 2018, estudiantes permanecieron encerrados durante horas debido a enfrentamientos protagonizados por encapuchados, quienes, incluso, dirigieron ataques directos contra la institución.

Posteriormente, en 2022, se registraron nuevos hechos de violencia en los alrededores, incluyendo daños a un hotel cercano y a un auditorio vinculado a la universidad, donde se iba a realizar un evento internacional.

Estos antecedentes refuerzan la preocupación sobre la reiteración de ataques contra este centro académico, que ha sido objeto de señalamientos políticos y estigmatización.


Debate por estigmatización y libertad académica


Más allá de los daños materiales, el episodio reabre un debate de fondo: ¿puede una universidad desarrollar sus actividades académicas, recibir invitados o prestar sus instalaciones sin convertirse en blanco de ataques?

La institución, fundada, entre otros, por el líder político Álvaro Gómez Hurtado, asesinado en los años noventa, ha estado en el centro de controversias por su relación con figuras del espectro político colombiano como el expresidente Iván Duque, el exfiscal Francisco Barbosa y el hoy candidato presidencial Abelardo de la Espriella.

Sin embargo, expertos advierten que normalizar este tipo de agresiones implica un riesgo mayor: la erosión de la libertad académica y el debilitamiento del Estado de derecho.


Alerta sobre rumbo de la ciudad


Los hechos del 5 de mayo no solo dejan daños materiales, sino una señal preocupante sobre el deterioro del orden público en Bogotá. La recurrencia de estos actos, sumada a la sensación de impunidad, plantea interrogantes urgentes sobre la capacidad de las autoridades para garantizar la seguridad y el respeto por las instituciones.

Mientras tanto, la ciudad vuelve a enfrentar una pregunta incómoda: ¿hasta cuándo la violencia seguirá marcando el pulso de la protesta?


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