La temporada, que quedó activada desde el 1 de junio hasta el 30 de noviembre, se perfila como una de las más intensas de los últimos años con pronóstico de hasta 19 tormentas tropicales y 10 huracanes. Carlos Restrepo, ingeniero ambiental especialista en gestión del riesgo, entrega a los productores varias recomendaciones para proteger cultivos, ganado e infraestructura.
El reloj ya está corriendo. Desde el pasado 1 de junio y hasta el 30 de noviembre, Colombia atraviesa, oficialmente, la temporada de ciclones tropicales en el océano Atlántico, el mar Caribe y el golfo de México.
Las proyecciones del Centro Nacional de Huracanes (NHC) anticipan una temporada más activa de lo habitual, con entre 13 y 19 tormentas tropicales, de las cuales entre 6 y 10 podrían convertirse en huracanes y 5 alcanzarían categoría mayor.
Para el campo colombiano no es solo una cifra meteorológica: es una advertencia que exige preparación.
La región Caribe, especialmente La Guajira y el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, concentra la mayor exposición directa. Pero los efectos indirectos (lluvias torrenciales, inundaciones repentinas, vientos fuertes y deslizamientos) pueden extenderse hacia zonas de piedemonte y las sabanas de los Llanos Orientales.
Para el sector agropecuario, que opera en campo abierto y con activos biológicos difíciles de mover, la prevención no puede esperar a que los vientos se presenten.
Carlos Restrepo, ingeniero ambiental y especialista en gestión del riesgo, advierte que la mayor vulnerabilidad del productor rural no es la tormenta en sí misma, sino la falta de preparación previa.
"El error más frecuente en el campo es esperar la alerta oficial para empezar a actuar, cuando, en realidad, las medidas más efectivas son las que se toman días o semanas antes del evento. Con un ciclón, el tiempo entre la alerta y el impacto puede ser muy corto", explicó.
No lo deje para después
La primera línea de defensa, según Restrepo, es la información y el monitoreo permanente. Sintonizarse con los boletines del IDEAM, seguir los comunicados de la Mesa Técnica de Alerta por Ciclones Tropicales y mantener contacto con los Consejos Municipales de Gestión del Riesgo es, para el especialista, una práctica que debería ser tan cotidiana como revisar los precios del mercado.
"Un productor que sabe lo que viene con 72 horas de anticipación tiene opciones; otro que se entera cuando ya está lloviendo a cántaros, no tiene ninguna", dijo.
En materia ganadera, Restrepo es enfático en la importancia de revisar y fortalecer la infraestructura antes de que empiece la temporada.
En ese sentido, asegurar techos de establos, corrales y bodegas de almacenamiento de insumos, verificar el estado de cercas en zonas de rivera y revisar los canales de drenaje son tareas que, realizadas a tiempo, pueden marcar la diferencia entre una pérdida menor y una catástrofe.
"Una cerca caída en plena creciente es un animal ahogado o desaparecido. Es tan simple como eso", aseguró.
Para los productores agrícolas, el especialista recomienda planificar los calendarios de siembra teniendo en cuenta las ventanas climáticas de la temporada.
Evitar sembrar cultivos de ciclo corto en zonas inundables durante junio y julio, ajustar las fechas de cosecha para no dejar productos en campo cuando el pronóstico sea adverso, y contar con plásticos o coberturas disponibles para proteger semilleros y cultivos jóvenes son medidas que no requieren grandes inversiones, pero sí anticipación.
Restrepo también hace hincapié en la necesidad de garantizar el acceso a agua potable y a forraje de reserva para el ganado.
"En una inundación, los potreros quedan bajo el agua durante días. Si el productor no tiene reserva de heno, silo o suplementos, sus animales van a entrar en estrés nutricional justo cuando más los necesita fuertes", indicó.
Almacenar alimento para al menos diez días y tener identificados los potreros más altos y seguros del predio para refugio del hato son pasos que todo ganadero de zona de riesgo debería tener protocolizados.
Prioridades claras
Cuando la alerta ya está activa y el fenómeno se acerca, el margen de maniobra se reduce y las decisiones deben ser rápidas.
Restrepo establece una jerarquía clara: primero las personas, luego los animales, luego los bienes.
"Ningún cultivo ni ningún animal vale una vida humana. Eso tiene que estar clarísimo en la mente del productor y de su familia antes de que el evento ocurra", afirmó.
En lo que respecta al ganado, el especialista recomienda movilizar el hato hacia zonas altas del predio con la mayor anticipación posible, evitar dejar animales atados o encerrados en estructuras que puedan inundarse o colapsar, y suspender el ordeño si las condiciones de seguridad no están garantizadas para los trabajadores.
"Un animal suelto en terreno alto tiene más posibilidades de sobrevivir que uno bien atado en un establo que se está inundando", señaló Restrepo.
Para los cultivos, la recomendación es no intentar intervenciones de emergencia durante el momento de mayor intensidad del fenómeno.
Proteger lo que ya estaba cubierto, documentar el estado de los cultivos antes del evento con fotografías y evitar transitar por zona de derrumbes o ríos crecidos son instrucciones que el especialista repite con insistencia.
"El momento de la tormenta no es el de salvar la cosecha; es el de proteger la vida", dijo.
La temporada de ciclones es un recordatorio anual de que el campo colombiano opera en uno de los trópicos más complejos del mundo. Con información oportuna, preparación previa y decisiones ordenadas, los productores pueden reducir significativamente el impacto de estos fenómenos.
Lo que no se puede hacer, advierte el especialista, es esperar a que la tormenta decida por ellos.



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