La reprogramación de la Feria Agropecuaria e Industrial de Ibagué dejó en pausa una vitrina clave para ganaderos, productores ovino-caprinos, emprendedores y comerciantes del Tolima grande y regiones vecinas. Aunque el departamento conserva indicadores menos preocupantes que los de otras regiones del país, el sector advierte que la extorsión, el abigeato y la incertidumbre siguen golpeando la confianza rural.
La decisión de aplazar la 58ª Feria Agropecuaria e Industrial, Bovina Grado A, Equina y de Especies Menores de Ibagué encendió una alerta en el campo tolimense.
El evento, previsto para el puente de San Pedro, fue reprogramado tras recomendación del consejo de seguridad, en medio de las alertas nacionales por la segunda vuelta presidencial y la realización simultánea de actividades masivas del Festival Folclórico Colombiano. (Lea en CONtexto ganadero: Más de 300 bovinos llegarán a la 57 Feria Agropecuaria e Industrial de Ibagué)
La medida no solo cambia una fecha en el calendario, también expone la fragilidad de una economía rural que depende de estos espacios para vender animales, mostrar genética, mover emprendimientos, cerrar negocios y sostener tradiciones productivas.
Infibagué explicó que acató el llamado de las autoridades por responsabilidad institucional y anunció que dará a conocer una nueva fecha cuando exista viabilidad de seguridad para realizar el evento.
Carlos Gustavo Silva Villamil, gerente del Comité de Ganaderos del Tolima, calificó la decisión como fuerte para el sector, especialmente porque la feria coincide con una temporada de alta actividad cultural y comercial en el departamento.
“Muchos ganaderos nos han llamado, y no solamente de ganadería bovina, porque Ibagué se volvió un referente muy importante para la ganadería ovino-caprina”, señaló en CONtexto.
La afectación alcanza a productores que durante meses prepararon animales, productos transformados, muestras comerciales y procesos de alistamiento para participar en la feria.
Seguridad con matices
Silva reconoció que Tolima mantiene indicadores de seguridad relativamente favorables frente a otras zonas del país, gracias a la articulación entre Gobernación, Ejército, Policía y Fedegán con sus Frentes Solidarios de Seguridad y Paz.
Sin embargo, advirtió que esos indicadores no eliminan las preocupaciones que persisten en el campo, especialmente frente a extorsión y abigeato.
“Tenemos que ser muy críticos respecto a temas como el abigeato que se ha incrementado y la extorsión, que en buena parte proviene de las cárceles”, afirmó.
El sur del departamento concentra las mayores preocupaciones por su cercanía con Huila, Meta y Cauca, corredores donde las autoridades han intentado con moderado éxito, contener la entrada de estructuras ilegales.
En varios municipios, según Silva, algunos productores han pasado de recibir llamadas extorsivas a ser citados o presionados por personas que son, o se hacen pasar por grupos armados.
El abigeato también continúa siendo una amenaza recurrente, especialmente en modalidades como carneo y arreo en zonas del centro del Tolima.
“Hay una zona gris entre Ibagué y Alvarado donde existen bandas dedicadas a ese flagelo”, explicó.
Aunque se han logrado capturas con apoyo del CTI y la Policía Metropolitana, el dirigente insistió en que la judicialización sigue siendo uno de los puntos más complejos.
Prevenir para no perder
Frente a este panorama, el Comité de Ganaderos insiste en reforzar la prevención desde las propias fincas. Cámaras, comunicación entre vecinos, grupos de WhatsApp bien controlados y contacto directo con la Policía local hacen parte de las recomendaciones. (Lea en CONtexto ganadero: La incómoda verdad de la paz: el crimen sigue siendo más rentable)
Silva también destacó la importancia de trabajar con el ICA en herramientas como microchips para identificar animales robados y mejorar la trazabilidad.
Además, se evalúan medidas sobre movilidad nocturna de animales, aunque con ajustes para no afectar ferias clave como la del Guamo, que abastece parte de la ternerada para el centro del país.
Pero el fondo del debate es más amplio. Sin seguridad física jurídica para las fincas y la red vial, la inversión agropecuaria queda en riesgo.
“Sin seguridad no hay absolutamente nada”, advirtió.
Tolima es un corredor estratégico del país, clave para la movilidad entre regiones y para el comercio hacia el centro y el Pacífico.
Por eso, cualquier deterioro del orden público termina afectando no solo al ganadero, sino al empleo rural, la comercialización y el desarrollo económico regional.



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