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La sequía descapitaliza la ganadería de La Guajira: cae la leche y aumenta la venta de animales

Melanny Orozco 10 de Julio 2026
Sequía en La GuajiraFoto: Contexto ganaderoEn la Alta y Media Guajira, pequeños y medianos productores enfrentan escasez de agua, pérdida de pasturas y deterioro acelerado de sus animales.

Productores de varias zonas del departamento reportan menos producción, animales flacos y jagüeyes seco. La emergencia golpea con más fuerza a pequeños y medianos productores, así como a indígenas que enfrentan mayores costos y menor capacidad para resistir.


La sequía en La Guajira dejó de ser un verano fuerte para convertirse en una amenaza directa contra la ganadería del departamento.

En la Alta y Media Guajira, pequeños y medianos productores enfrentan escasez de agua, pérdida de pasturas y deterioro acelerado de sus animales. (Lea en CONtexto ganadero: Tres municipios colombianos rompieron récords históricos de temperatura y aumentan las alertas para el sector agropecuario)

El problema ya no se mide solo en milímetros de lluvia que no caen. Hoy se expresa en leche perdida, ganado vendido antes de tiempo, deudas para comprar alimento y fincas que dependen de apoyos externos para sostener sus hatos.

Diovides Armenta, profesional regional de desarrollo de Fedegán en La Guajira, advirtió que la situación no golpea igual a todo el territorio, pero sí marca una línea crítica en las zonas más vulnerables.

“En varios municipios la situación ya puede catalogarse como una crisis productiva”, señaló.

El primer golpe está en las fuentes hídricas. Productores reportan jagüeyes secos, pozos con bajos caudales y recorridos más largos para llevar el ganado a beber.

Esa falta de agua activa una cadena de pérdidas. Sin líquido suficiente, las praderas no se recuperan, el animal consume menos, pierde condición corporal y baja su rendimiento productivo.

En los sistemas de doble propósito, la disminución de leche suele ser una de las primeras señales visibles.

El estrés térmico y la mala alimentación reducen los litros diarios y golpean directamente el flujo de caja familiar.


Impacto a la caja familiar


El impacto económico aparece cuando el productor empieza a comprar lo que antes producía o encontraba en su predio. Heno, silo, concentrados, transporte de agua y arriendo de pasturas elevan los costos.

Para muchos pequeños ganaderos, esa carga no se cubre con ingresos corrientes. La solución a la crisis termina siendo endeudarse, vender animales o reducir el hato para aliviar la presión sobre las praderas.

La mortalidad es el desenlace más dramático, pero no siempre el primero. Antes aparece el deterioro corporal, la caída reproductiva y la descapitalización silenciosa de la finca.

“Muchos productores sienten que han debido enfrentar la situación principalmente con recursos propios”, indicó Armenta, al referirse a quienes compran alimento, transportan agua o venden parte del hato mientras esperan las lluvias.


No todos resisten igual


La afectación cambia entre predios y municipios. Explotaciones con reservorios, pozos, bancos de proteína, ensilajes o sistemas silvopastoriles tienen mayor capacidad de respuesta.

En cambio, las fincas que dependen casi exclusivamente de las lluvias quedan más expuestas. El golpe es mayor entre productores indígenas con sistemas extensivos de rebusque, donde la oferta natural define la supervivencia del animal. (Lea en CONtexto ganadero: Atlántico, el departamento con mayor riesgo de incendios forestales en la región Caribe)

El problema tampoco es solo la duración de esta sequía. La acumulación de veranos más intensos, lluvias irregulares y temperaturas altas impide que pasturas y reservas de agua se recuperen completamente.

Armenta lo cataloga como un desgaste acumulado, “el problema ya no es únicamente la duración del verano, sino la acumulación de sequías recurrentes”.


Soluciones de fondo


La respuesta institucional aparece como otro punto sensible. Según reportes recibidos por Armenta, algunos productores indígenas aseguran no haber recibido ayudas en alimentos como heno o ensilaje para sus animales.

La dispersión de predios, la extensión territorial y las condiciones climáticas dificultan la atención inmediata.

Sin embargo, cuando el apoyo llega tarde o no alcanza, la crisis climática se vuelve crisis productiva.

Si no hay ayudas oportunas, los próximos meses pueden traer más venta forzada, caída en leche y carne, mayor endeudamiento y reducción del inventario bovino.

La salida no está solo en apagar incendios. Almacenamiento de agua, reservas forrajeras, sistemas silvopastoriles y manejo sostenible aparecen como medidas urgentes para que la ganadería guajira no viva cada verano al borde del colapso.


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