El violento ataque que acabó con la vida del empresario Óscar Arévalo y su hijo Juan Diego evidencia la crítica situación de inseguridad en zonas rurales. Ambos fueron víctimas de un atentado mientras transitaban por una vía donde hay presencia de grupos armados ilegales. La conmoción es profunda en Ocaña, mientras crece la preocupación en el sector ganadero por los riesgos crecientes en el campo.
En la mañana del domingo 24 de enero, la violencia volvió a golpear con crudeza al gremio ganadero del nororiente colombiano.
Óscar Arévalo, reconocido comerciante y empresario del sector bovino en Ocaña, y su hijo Juan Diego, estudiante de psicología, perdieron la vida tras la detonación de un artefacto explosivo mientras se movilizaban en una camioneta por una zona rural del municipio de Pailitas, al sur del departamento del Cesar. (Lea en CONtexto ganadero: ¡Cuidado ganaderos! El robo de ganado se dispara en fin de año, siga estas recomendaciones)
El hecho, que conmocionó a la comunidad local, revela una vez más el deterioro del orden público en corredores rurales estratégicos dominados por estructuras armadas ilegales.
Arévalo no era un nombre desconocido para quienes trabajan la tierra y crían ganado en Norte de Santander. Empresario próspero, conocido por su compromiso con el desarrollo del sector ganadero y su liderazgo en iniciativas comunitarias, su muerte representa una pérdida irreparable no solo para su familia, sino también para un gremio que cada vez se siente más amenazado por la inseguridad rural.
Su hijo, Juan Diego Arévalo, apenas comenzaba a construir su camino profesional. El estudiante de psicología acompañaba a su padre aquel domingo, sin imaginar que ambos serían víctimas de un atentado brutal que truncaría sus vidas de manera repentina.
El ataque ocurrió en la vereda La Paz, en una vía terciaria de Pailitas. Según las autoridades, el vehículo en el que se desplazaban fue alcanzado por la detonación de dos cilindros explosivos, presuntamente cargados con amonal y activados de forma remota.
Violencia en el sur del Cesar
La región donde tuvo lugar el atentado ha sido reportada como una zona de tránsito frecuente de grupos armados ilegales. Corredores rurales del sur del Cesar se han convertido en escenarios recurrentes de disputas territoriales, amenazas a líderes comunitarios y ataques a civiles.
Aunque las investigaciones aún no confirman si Arévalo y su hijo eran el objetivo directo del ataque o víctimas colaterales de una acción violenta más amplia, el hecho revive la preocupación de los ganaderos que a diario deben movilizarse por estas zonas para cumplir con sus labores productivas.
La Policía Nacional confirmó que, tras recibir información sobre la explosión, se desplegó un operativo conjunto con el Ejército Nacional para asegurar el área. Técnicos antiexplosivos verificaron la escena, descartando la presencia de otros artefactos. Según el informe oficial, los cilindros fueron detonados de forma remota y cargados con explosivos improvisados.
“La Policía Nacional rechaza categóricamente estos hechos que atentan contra la seguridad y convivencia de los ciudadanos en el Cesar”, expresó la institución.
Además, informó que fue conformado un grupo especial de inteligencia y policía judicial para dar con los responsables, e hizo un llamado a la ciudadanía a brindar cualquier información que contribuya a la investigación.
Incertidumbre en el gremio
El atentado no solo enluta a una familia y a una ciudad, sino que lanza una alerta a un sector que sigue siendo motor económico del país, pero que se enfrenta cada vez más a escenarios de violencia que amenazan su sostenibilidad. De persistir esta inseguridad, el temor podría empujar a muchos productores a abandonar sus tierras, poniendo en riesgo la estabilidad y el crecimiento económico de las zonas rurales. (Lea en CONtexto ganadero: Secuestran a cinco policías en Norte de Santander; autoridades activan operativo de búsqueda)



/?w=256&q=100)
/?w=256&q=100)

