Incremento en los casos confirma las alertas que el sector ganadero había emitido hace más de dos años. Casos recientes, como el secuestro del ingeniero Nadín Ortiz y de su hermano en Cúcuta, incluso en entornos urbanos, profundizan la alarma. Conozca algunas recomendaciones para prevenir y reaccionar ante este creciente flagelo.
El secuestro vuelve a posicionarse como una amenaza creciente en Colombia durante 2025 y lo corrido de 2026, con un impacto particular en las zonas rurales. Ganaderos y comunidades campesinas enfrentan un escenario de mayor riesgo, en medio de cambios en las dinámicas del delito y cuestionamientos sobre la capacidad del Estado para contenerlo.
Según advirtió a CONtexto el general (r) Fernando Murillo, líder de los Frentes Solidarios de Seguridad y Paz (FSSP), el incremento en los casos confirma las alertas que el sector ganadero había emitido hace más de dos años. Hoy, esa preocupación se traduce en hechos concretos que afectan directamente la estabilidad del campo. (Lea en CONtexto ganadero: Secuestro de ganadero en el Cesar reaviva alertas por seguridad en el campo)
Distinto a una de las de las épocas más cruentas del país, a finales de los años 90, el aumento en las cifras presenta transformaciones relevantes. Ahora, con nuevas tácticas, grupos armados ilegales, estructuras del crimen organizado y delincuencia común han retomado el secuestro como fuente de financiación ampliando su alcance tanto en zonas rurales como urbanas.
Para el experto, el problema trasciende los números. La percepción de inseguridad se ha instalado nuevamente en el país, generando un impacto profundo en la confianza, la inversión y la actividad productiva, especialmente en el sector agropecuario.
Impartir miedo
El impacto del secuestro en el sector ganadero va más allá de la afectación individual, pues cada caso genera un efecto dominó que se traduce en incertidumbre, reducción de inversiones y debilitamiento del tejido productivo.
“Cuando ocurre un secuestro, se pierde la percepción de seguridad y volvemos a escenarios de hace más de 30 años”, señaló Murillo.
Casos recientes, como el secuestro del ingeniero Nadín Ortiz y de su hermano en Cúcuta, incluso en entornos urbanos, profundizan la alarma. Que estos hechos ocurran a plena luz del día, como quedí evidenciado en un video que circula por redes sociales, revela, según el general (r) Murillo, una mayor capacidad de acción de los delincuentes y una preocupante pérdida de control por parte del Estado. Esto, a su vez, proyecta una imagen negativa del país en términos de confianza para el turismo y la inversión. (Lea en CONtexto ganadero: ¡Ganaderos en la mira! Las nuevas formas de extorsión y secuestro que azotan al campo)
¿Nuevas modalidades?
Aunque han surgido nuevas formas de operación como el secuestro exprés, en el que las víctimas son engañadas para prestar servicios en zonas rurales, el mayor temor radica en el regreso de prácticas tradicionales. “Lo preocupante no son solo las nuevas modalidades, sino que vuelvan las antiguas”, advierte.
El riesgo de que reaparezcan fenómenos como las “pescas milagrosas” o los secuestros masivos genera alarma en el sector. Para Murillo, esto indicaría un deterioro aún más profundo del control territorial y de la capacidad de disuasión del Estado frente a las estructuras criminales.
Prevención y reacción
Frente a este panorama, la prevención se convierte en un factor determinante. La articulación entre comunidades rurales y autoridades, a través de esquemas organizados de vigilancia y comunicación como los FSSP, permite anticipar riesgos y reducir la vulnerabilidad.
El líder de los FSSP destacó que la información oportuna es fundamental. Identificar movimientos sospechosos, verificar contactos antes de cerrar negocios y mantener canales de comunicación activos son prácticas esenciales para mitigar el riesgo.
Cuando el secuestro ocurre, la reacción inmediata es decisiva. Murillo insistió en que las familias deben acudir directamente a los grupos especializados del Gaula y evitar intermediarios o decisiones improvisadas. La asesoría técnica permite manejar la situación con mayor probabilidad de preservar la vida de la víctima.
Asimismo, subrayó que las amenazas de los captores para impedir la denuncia no deben frenar el contacto con las autoridades. El objetivo de los delincuentes es mantener con vida a la víctima, lo que abre espacio para la intervención especializada. En este contexto, cada minuto cuenta.
Realidad vs cifras
Uno de los principales desafíos es la diferencia entre los datos oficiales y lo que ocurre en el terreno. Según Murillo, existe un subregistro importante debido a la falta de denuncias y a la desconfianza en las instituciones.
La información recopilada directamente en el sector ganadero evidencia una realidad más compleja, con cifras que superan las estadísticas oficiales. Esta brecha limita la comprensión del fenómeno y dificulta la implementación de respuestas efectivas.
El contraste con años anteriores, cuando el tema ocupaba un lugar prioritario en la agenda estatal, marca una diferencia significativa. Hoy, señaló, la respuesta institucional depende en gran medida del esfuerzo operativo, pero carece de un direccionamiento político contundente.



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