La lechería estadounidense duplicó su productividad por vaca, redujo el número de explotaciones y consolidó un modelo basado en genética, tecnología y eficiencia. Expertos consideran que esa transformación deja lecciones para enfrentar los desafíos de la producción lechera colombiana.
La lechería de Estados Unidos atraviesa una de las transformaciones más profundas de su historia. Lo que durante décadas fue una actividad sustentada en pequeñas explotaciones familiares hoy es una industria altamente tecnificada, con mayores niveles de productividad, costos más eficientes y una creciente participación en el comercio internacional.
Para Mauricio Moreno Roa, reconocido ganadero santandereano y expresidente de Asocebú, analizar esa evolución permite identificar varios de los retos que Colombia deberá enfrentar si aspira a fortalecer su competitividad en la producción de leche.
Menos fincas, más productividad
En las últimas décadas, Estados Unidos redujo significativamente el número de explotaciones lecheras, aunque mantuvo relativamente estable el inventario de vacas en producción.
Incluso, recientemente registró un ligero incremento al pasar de 9,4 a 9,5 millones de vacas en ordeño.
El cambio más profundo ocurrió en la estructura del negocio.
Hace cuatro décadas predominaban las explotaciones familiares con entre 100 y 150 vacas, atendidas principalmente por padres, hijos y otros miembros de la familia.
Hoy ese modelo prácticamente desapareció y dio paso a explotaciones especializadas que pueden albergar hasta 20.000 vacas.
Según Moreno, esa transformación respondió a la necesidad de producir mayores volúmenes con menores costos.
Además de abastecer su mercado interno, Estados Unidos destina actualmente cerca del 18 % de su producción de leche al mercado internacional.
Genética y ambiente: bases del cambio
Moreno identifica dos factores como pilares del crecimiento de la lechería estadounidense: el mejoramiento genético y el manejo del ambiente.
Las explotaciones modernas incorporaron sistemas para controlar variables como temperatura, ventilación, humedad y confort animal, condiciones que influyen directamente sobre la productividad.
La alimentación también evolucionó gracias a décadas de investigación orientadas a formular dietas más eficientes y a mejorar la calidad composicional de la leche, especialmente en proteína y grasa. Sin embargo, el mayor salto ocurrió en genética.
En 1972, una vaca Holstein producía en promedio 6.500 kilos de leche al año. Actualmente esa cifra alcanza cerca de 14.000 kilos: más del doble.
Ese avance ha sido posible gracias a programas permanentes de mejoramiento genético y, más recientemente, al uso de herramientas genómicas que permiten predecir desde edades tempranas el potencial productivo de cada animal.
Esta tecnología facilita seleccionar con mayor precisión los mejores reproductores y optimizar las decisiones dentro de las fincas.
El auge del ‘Beef-on-dairy’
Uno de los desarrollos más recientes es el denominado ‘Beef-on-dairy’, sistema que combina producción de leche y carne.
Las vacas con mayor mérito genético se inseminan con semen sexado para producir reemplazos lecheros, mientras que el resto se cruza con razas cárnicas, principalmente Angus, para obtener animales con mayor valor comercial destinados al mercado de carne.
Este modelo permite diversificar los ingresos y mejorar la rentabilidad de las explotaciones.
El reto colombiano
La realidad de Colombia es muy diferente. Más de la mitad de las lecherías continúan operando bajo sistemas tradicionales de pequeña escala, con ordeño manual y producciones promedio entre cinco y siete litros diarios por vaca, niveles que limitan su competitividad frente a otros países productores.
Para Moreno, las limitaciones no son únicamente tecnológicas.
La falta de investigación aplicada, las deficiencias sanitarias, las restricciones en alimentación y el desplazamiento de la ganadería hacia zonas más cálidas también condicionan el desempeño del sector.
A nivel del trópico húmedo y caliente los cruces Taurus por Indicus son imprescindibles con las condiciones actuales.
Si encontramos formas económicas y prácticas para explotar razas Taurus en estos medios, sus niveles de producción y persistencia en las lactancias serían deseables.
Pero si continuamos con las condiciones tradicionales, los cruces son necesarios.
No obstante, considera que existen oportunidades importantes.
El acceso a genética avanzada, semen sexado, transferencia de embriones y otras biotecnologías podría acelerar el mejoramiento de los hatos, siempre que esos avances vayan acompañados de mejoras en nutrición, sanidad, manejo y administración de las explotaciones.
Referencia para el futuro
La experiencia de Estados Unidos muestra que la transformación de una lechería no depende de una única tecnología, sino de una estrategia de largo plazo basada en investigación, innovación, mejoramiento genético y eficiencia productiva.
Para Mauricio Moreno, ese proceso ofrece una referencia valiosa para Colombia.
El desafío, señala, consiste en adaptar esas herramientas a las condiciones tropicales y fortalecer la productividad de los sistemas nacionales para competir en el cada vez más exigente mercado internacional.



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