Una escuela de la que salen pocos toreros

Por: 
Isabelle Ligner / AFP
12 de Junio 2018
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Niños entre 10 y 19 años acuden regularmente al Centro Francés de Tauromaquia. Foto: Anne-Christine Poujoulat / AFP.
Sin toro, pero con capote o espada en mano, niños y adolescentes aprenden los gestos de la corrida en una de las pocas escuelas de tauromaquia francesas, cerca de Nîmes.
 
Pocos son los que un día terminarán siendo toreros.
 
Wynona, de 11 años, es la única chica entre los 15 alumnos de entre 10 y 19 años que acuden regularmente al Centro Francés de Tauromaquia (CFT), donde se forma desde hace dos años. (Lea: La naturaleza de los toros de lidia)
 
"Quiero ser torera", afirma la niña, oriunda de Montpellier (sur).
 
La niña, que además practica danza, efectúa con gracia los gestos de un torero, con un capote rosa. Uno de sus compañeros maneja una carretilla que hace las veces de toro.
 
"La tauromaquia me gusta y me ayudó mucho a concentrarme en la escuela", asegura la aprendiz.
 
Junto a la niña, otros alumnos se entrenan a clavar la espada en un balde que representa el bulbo raquídeo, que al romperse provoca la muerte del toro. (Lea: ʿEnamórate de la Tauromaquiaʾ)
 
"Aquí les enseñamos los gestos, pero después tienen que ponerse delante del animal", explica el torero de Nimes, Juan Villanueva, de 56 años, profesor en el CFT.
 
"Sabemos que la mayoría de los alumnos no serán toreros, pero cada niño que pasa por aquí utiliza lo aprendido para su vida: lo que aprenden aquí es a superar el miedo", afirma el también exalumno del centro fundado en 1983 por el matador Christian Lesur.
 
Nino, de 15 años, comenzó la escuela taurina a los 9, luego de practicar artes marciales, y espera convertirse en un gran torero: "Estoy dispuesto a hacer los sacrificios que hagan falta", asegura el adolescente. "Cuanto más se avanza, más difícil es, el toro, la plaza, el público, hay muchas emociones que llegan al mismo tiempo y que hay que aprender a controlar".
 
Ambición y humildad
 
Más de 1.000 alumnos pasaron por el CFT de Nimes, que presume de ser la escuela de tauromaquia más antigua y frecuentada de Francia. La mayoría no acabó como torero; tiró la toalla por el camino, abandonó el aprendizaje al verse delante de vaquillas, novillos o incluso toros de más de 400 kg. (Lea: La tienta, práctica infaltable en las ganaderías de lidia)
 
"Hay niños que hacen buenos pases, que viven el aspecto espectáculo, pero luego el toro los coloca en su lugar, ya solo con el ruido que hace cuando sopla...", agrega Juan Villanueva.
 
"El toro es el verdadero profesor, luego está la prueba de la sangre, cuando se empiezan a recibir cornadas", dice otro profesor, el matador Patrick Varin, de 62 años. Para ser torero, dice, "hay que tener pasión y a la vez una enorme ambición y mucha humildad respecto a la profesión, al toro, respetar al ser humano y respetar al animal".
 
Los dos monitores destacan "la importancia de transmitir una cultura" para que siga viviendo, y no comprenden a los que se oponen a las corridas.
 
"En estas supuestas escuelas donde se aprende a herir y a matar, los niños son sometidos a un verdadero condicionamiento", denuncia la presidenta de la Alianza Anticorrida, Claire Starozinski, que acusa además a estos centros de vivir de subvenciones públicas.
 
por Isabelle Ligner / AFP.