El histórico líder gremial hace un balance de la floricultura colombiana en el que cuestiona la relación con el Gobierno y advierte sobre los retos en competitividad, logística y estabilidad para uno de los sectores agrícolas más dinámicos del país.
Tras un cuarto de siglo al frente de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores), Augusto Solano cierra un ciclo con una visión clara: el sector ha alcanzado su punto más alto, pero enfrenta desafíos que pondrán a prueba su sostenibilidad. Su salida marca el fin de una etapa en la que, según él mismo resume, su tarea principal fue superar obstáculos y consolidar una plataforma de crecimiento para los productores.
Balance del sector
Durante su gestión, la floricultura colombiana no solo se consolidó como potencia exportadora, sino que fortaleció una estructura logística difícil de replicar. Solano destacó que uno de los mayores activos del sector es su capacidad para llegar al mercado estadounidense con eficiencia.
“La floricultura es 50% agricultura y 50% logística. Y allí hay una logística muy sincronizada, casi perfecta, porque la cadena de frío está a lo largo de toda la cadena. En un San Valentín, en cualquier rincón de los Estados Unidos, usted va a encontrar flores colombianas”, dijo.
El exdirigente resaltó que esta infraestructura ha permitido que el país mantenga una posición dominante, incluso frente a competidores tradicionales. A lo anterior se suma el acceso a mercados internacionales sin aranceles, resultado de acuerdos comerciales que han fortalecido la presencia global del sector.
Sin embargo, advirtió que el momento actual es complejo. Factores como la revaluación del peso, el aumento en los costos laborales y las tensiones comerciales afectan la competitividad.
“La floricultura está en su nivel más alto de exportaciones, pero también en un momento difícil porque están confluyendo muchos factores que nunca habían coincidido”, señaló.
Relación con el Gobierno
Uno de los puntos más críticos en su balance es la relación con el actual Gobierno, que calificó como distante y poco interesado en el sector empresarial agrícola.
“El gobierno no tuvo ningún interés en la floricultura. Nos tratamos de acercar en varias ocasiones, pero no hubo visitas a cultivos, ni interés real. Se enfocaron en otros temas y no en el empresariado agrícola que genera empleo y divisas”, aseguró.
Solano fue más allá al calificar el periodo reciente como un “cuatrienio perdido” para el agro colombiano. A su juicio, decisiones como el aumento del salario mínimo y los cambios en la jornada laboral impactaron de forma desproporcionada a un sector intensivo en mano de obra.
“Medidas como el incremento del salario mínimo al 23%, sumado a la reducción de la jornada, terminan siendo un aumento cercano al 28% en los costos. Eso le hace perder competitividad a un sector como este”, explicó.
No obstante, reconoció el papel del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) como aliado institucional clave para el desarrollo de la actividad.
Lo que viene
De cara al futuro, Solano plantea la necesidad de un cambio en el enfoque gubernamental hacia el sector productivo, con mayor estabilidad normativa e incentivos claros.
“Este próximo presidente tiene que ser cercano, ayudar a construir país y entender que el creador de riqueza es el sector privado. La riqueza no se decreta”, afirmó.
Entre los principales retos, señaló la urgencia de mejorar la infraestructura, especialmente en materia aeroportuaria. El crecimiento del sector ha superado la capacidad instalada, lo que genera cuellos de botella logísticos.
“El aeropuerto El Dorado es el mismo de hace 15 años y el terminal de carga ya es estrecho. Se necesitan decisiones urgentes como el proyecto El Dorado Max, pero el gobierno no ha definido nada”, advirtió.
Además, mencionó la necesidad de fortalecer la comunicación sobre el valor del sector, no solo en términos económicos sino también emocionales y ambientales. Para él, es clave que la industria transmita su compromiso con la sostenibilidad y contrarreste percepciones erróneas.
Finalmente, subrayó tres desafíos estructurales: la disponibilidad de mano de obra, la tecnificación y la productividad. “El sector tiene que tecnificarse más para enfrentar los costos laborales y los temas cambiarios. Ese es el camino para sostener su competitividad”, concluyó.
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