Agrosavia advierte que el diagnóstico oportuno, el uso de material vegetal certificado y el monitoreo permanente son determinantes para contener uno de los problemas fitosanitarios más costosos para los productores.
La yuca es uno de los cultivos más importantes para la seguridad alimentaria y el ingreso de miles de familias rurales en Colombia.
Sin embargo, detrás de su capacidad para adaptarse a diferentes condiciones de suelo y clima, existe una amenaza fitosanitaria que puede pasar inadvertida durante meses y provocar pérdidas severas en la cosecha: la enfermedad conocida como cuero de sapo. (Lea en CONtexto ganadero: Nueva variedad de yuca promete transformar la producción en la Orinoquía)
La enfermedad se asocia a un complejo virus, siendo el principal el denominado Cassava Frogskin Disease (CFSD).
Estos virus se transmiten principalmente por estacas o material de siembra infectado, injertos entre plantas y algunos insectos vectores, especialmente moscas blancas.
Aunque su presencia ha sido documentada en distintas zonas productoras del país, el mayor riesgo sigue siendo su detección tardía.
De acuerdo con Agrosavia, cuando la enfermedad avanza sin ser identificada ni controlada oportunamente, la productividad del cultivo puede verse seriamente comprometida y facilitar la propagación del problema a nuevos lotes.
La principal preocupación radica en que el cuero de sapo no solo afecta el rendimiento del cultivo, sino que también incrementa los costos para el productor, quien puede terminar utilizando material de siembra contaminado sin saberlo y extender la enfermedad al siguiente ciclo productivo.
Enemigo activo
La importancia de esta enfermedad se entiende al observar la afectación que genera en la yuca. El cultivo, que está presente en los 32 departamentos y constituye una fuente esencial de alimento y materias primas para diferentes cadenas agroindustriales es fuente de ingreso para miles de productores del campo.
"El conocimiento de los productores y asistentes técnicos permite generar esquemas de manejo enfocados en el monitoreo permanente, el desarrollo de acciones integrales de prevención y la aplicación de técnicas de manejo y control que reduzcan la afectación y eviten la diseminación en la zona de cultivo", señala la entidad.
Detección previa
Uno de los mayores desafíos es que la enfermedad puede permanecer sin manifestaciones evidentes durante parte de su desarrollo, lo que dificulta identificar plantas afectadas al usar únicamente medidas de inspección visual.
Esa condición convierte al diagnóstico oportuno en una herramienta decisiva para evitar que el material infectado continúe utilizándose en nuevas siembras y aumente el problema dentro de la finca o hacia otros predios. (Lea en CONtexto ganadero: ¿Quiere cultivar yuca? Aquí se explica qué necesita para hacerlo)
En ese sentido, Agrosavia destaca que "aunque las técnicas moleculares son costosas y meticulosas, debido a la naturaleza asintomática de la enfermedad, constituyen, por ahora, una de las herramientas más útiles para lograr un diagnóstico temprano".
Prevenir antes que corregir
Frente a una enfermedad de comportamiento complejo, los investigadores de Agrosavia insisten en que no existe una medida única capaz de resolver el problema. El éxito depende de integrar diferentes acciones dentro del sistema productivo.
Entre ellas sobresalen el uso de material de siembra sano, la renovación periódica de las plantas madre, el seguimiento permanente del cultivo, el manejo nutricional adecuado y la eliminación de fuentes potenciales de infección.
El cuero de sapo representa un riesgo para la sostenibilidad económica de la producción de yuca. Cada decisión relacionada con la selección de semilla, el monitoreo del lote o la renovación del material vegetal puede marcar la diferencia entre conservar el potencial productivo o enfrentar reducciones severas en el rendimiento.



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