Germán García, especialista con más de 25 años de experiencia explica por qué miles de agricultores siguen perdiendo toneladas por hectárea y anticipa lo que podrá conocerse en una capacitación práctica que comenzará el próximo 22 de julio para corregir esas fallas desde el establecimiento del cultivo.
En Colombia, agricultores y ganaderos continúan obteniendo bajos rendimientos de maíz pese a que invierten en tierra, semilla y trabajo. Germán García Borbón, zootecnista y director de Gestión Ganadera, atribuye parte del problema a prácticas deficientes. (Lea en CONtexto ganadero: El maíz en la ganadería, una fuente de alimentación para el bovino)
Su diagnóstico surge de más de 25 años como asesor de productores. Muchos conservan métodos tradicionales, pero necesitan ajustarse a tecnologías capaces de mejorar la productividad.
“Varios de ellos han venido sembrando maíz con tradiciones ancestrales, lo que hay que respetar, pero hay que ajustarse a las nuevas tecnologías”, afirmó García Borbón en dialogo con CONtexto ganadero.
A su juicio, aprender de personas con menor conocimiento técnico puede perpetuar cosechas reducidas.
Uno de los errores aparece antes de sembrar. Algunos productores compran maíz cosechado por un vecino y lo usan como semilla, aunque su germinación no garantiza el potencial productivo requerido y puede limitar las cosechas a apenas tres o cuatro toneladas por hectárea.
La preparación del terreno es otro punto crítico. Sembrar sin análisis de suelos ni revisión de la topografía impide detectar acidez, aluminio intercambiable, problemas de drenaje o deficiencias nutricionales.
“Mucha gente quiere sembrar en un suelo sin saber siquiera qué pH tiene”, señaló.
Corregir esas limitaciones exige inversión, pero ignorarlas puede comprometer toda la cosecha.
Ahorrar en fertilización
El deseo de gastar menos también lleva a reducir o aplazar la fertilización. Esa decisión afecta el desarrollo de la planta y puede dejarla sin nutrientes.
“El que no aplica abonos, el que no invierte plata en fertilización, no puede esperar buenas producciones”, sostuvo García Borbón. Ahorrar sin criterio técnico reduce el retorno de lo ya invertido.
La uniformidad también define el resultado. Diferencias en profundidad y distancia entre plantas generan emergencias desiguales, pérdida de semillas y dificultades para fertilizar, controlar plagas y programar la cosecha.
A ello se suma la resiembra tardía, que deja plantas en diferentes estados de desarrollo y complica el manejo del cultivo, especialmente cuando el destino es el ensilaje.
Cultivo con exigencia
El seguimiento no puede terminar después de sembrar. García Borbón recomendó recorrer el cultivo al menos dos veces por semana y revisar sus condiciones tras lluvias fuertes.
“El maíz es un cultivo que necesita ser consentido”, expuso. La tierra, la semilla y los insumos cuestan demasiado para abandonar el lote hasta la cosecha.
La planeación financiera resulta igualmente decisiva. Algunos productores comienzan sin reservar recursos para la segunda fertilización, el control sanitario o la recolección, y pierden parte de la inversión. (Lea en CONtexto ganadero: El futuro del maíz ya no depende del clima, sino de cómo se siembra y se fertiliza)
Capacitación para corregir fallas
Estas falencias motivaron el curso virtual ‘El cultivo del maíz: técnicas exitosas para mejorar los volúmenes de cosecha’, que se realizará del 22 al 31 de julio, de 7:00 a 9:00 de la noche. La capacitación está dirigida a productores que buscan fortalecer sus conocimientos en aspectos como nutrición, manejo del cultivo, plagas, enfermedades y planificación técnica.
Finalmente, los organizadores informaron que las inscripciones están abiertas y que la información puede solicitarse a través de las líneas de WhatsApp 311 532 3270 y 322 282 7150. La capacitación incluye clases en vivo, acceso a las grabaciones, material técnico de consulta y certificado de participación.
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