La Asociación de Bananeros del Magdalena y La Guajira (Asbama) alertó sobre los hechos presentados en zonas productivas del Magdalena y que han obligado a suspender operaciones generando pérdidas y temor en los trabajadores, así como afectaciones directas a la cadena exportadora.
El ruido de los camiones cargados de banano y el movimiento constante de trabajadores en las fincas de la Zona Bananera han comenzado a ser reemplazados por el miedo y la zozobra por cuenta de la violencia que acecha al territorio.
La creciente presencia de grupos armados ilegales en áreas productivas del Magdalena amenaza la seguridad de quienes trabajan en el campo y también tiene en vilo el sustento de miles de familias que dependen de una de las actividades económicas más importantes del departamento.
La Asociación de Bananeros del Magdalena y La Guajira, Asbama, encendió las alarmas tras denunciar una serie de hechos violentos registrados durante el primer semestre de 2026 en sectores como Río Frío y Orihueca.
Según el gremio, hombres armados que se identifican como integrantes de las denominadas Autodefensas de la Sierra han ingresado a fincas bananeras, intimidado y retenido trabajadores, además de hurtar vehículos, motocicletas y equipos de comunicación.
Más de 19.500 trabajadores
La tensa situación va mucho más allá, pues detrás de cada finca que suspende operaciones hay una historia de incertidumbre que golpea directamente a más de 19.500 trabajadores vinculados al sector bananero, quienes observan cómo la violencia amenaza la estabilidad de una actividad de la que dependen miles de hogares.
Los productores bananeros tampoco son ajenos a la crisis. A los retos asociados a los costos de producción, las exigencias de los mercados internacionales y las condiciones climáticas, ahora se suma una situación de inseguridad que altera la dinámica de las inversiones y dificulta la operación normal de las fincas.
¿Qué dice Asbama?
José Francisco Zúñiga Cotes, presidente ejecutivo de Asbama, advirtió la gravedad del escenario y pidió respuestas inmediatas de las autoridades.
“La asociación reitera que la violencia y la extorsión no pueden ni deben ser normalizadas. El campo colombiano merece paz, seguridad y condiciones dignas para producir. La inacción frente a esta crisis no solo afecta al sector bananero, sino que envía un mensaje equivocado a toda la sociedad y al empresariado nacional e internacional sobre las condiciones de inversión y trabajo en Colombia”, afirmó.
Motor económico bajo presión
La magnitud del problema se refleja por el peso del sector en la economía regional. Y es que el banano en el Magdalena genera exportaciones entre los 200 y 450 millones de dólares al año; aporta entre el 5 y el 6 % del Producto Interno Bruto departamental; representa cerca del 38,8 % de las exportaciones nacionales de este producto y moviliza alrededor de 50 millones de cajas de fruta anualmente.
En ese contexto, cada hecho de violencia no solo interrumpe la producción, también presiona una cadena económica que sostiene miles de empleos y define buena parte del desarrollo del Caribe colombiano.
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