Humedales, prácticas informales y producción rural configuran un escenario vulnerable en el noroccidente del país. Autoridades, gremios y productores avanzan en acciones preventivas para evitar un impacto que podría golpear la seguridad alimentaria y la economía regional.
El Urabá antioqueño enfrenta un riesgo latente de influenza aviar debido a condiciones ambientales, prácticas productivas y dinámicas ilegales que favorecen la propagación del virus. En respuesta, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), junto con Fenavi y autoridades locales, ha intensificado jornadas sanitarias en municipios como Carepa y San Pedro de Urabá para contener una posible emergencia que afectaría la avicultura regional. (Lea en CONtexto ganadero: Ganaderos de Córdoba claman por acciones inmediatas tras devastadora ola invernal)
En el mapa sanitario del país, el Urabá antioqueño aparece como una zona de especial vigilancia. El ICA ha sido claro en su diagnóstico asegurando que “el Urabá antioqueño es considerado una zona de alto riesgo para la presentación de la influenza aviar, por factores como humedales, la alta cantidad de aves de traspatio y el movimiento constante de gallos de pelea, que, aunque es un tema ilegal, el departamento sigue registrando este tipo de eventos”.
La combinación de estos elementos configura un entorno propicio para la circulación de patógenos. Los humedales, por ejemplo, facilitan el contacto entre aves migratorias, que son portadoras naturales de virus, y explotaciones domésticas. A esto se suma la crianza de traspatio, una práctica extendida en zonas rurales donde las medidas de bioseguridad suelen ser limitadas.
El componente más crítico, sin embargo, sigue siendo el movimiento clandestino de gallos de pelea. Aunque ilegal, esta actividad persiste y representa un canal de transmisión difícil de controlar, ya que implica movilización constante de animales sin protocolos sanitarios.
Frente a este panorama, la respuesta institucional se ha enfocado en la prevención. El ICA ha liderado jornadas sanitarias en la subregión con el objetivo de fortalecer el conocimiento de los productores y reducir los factores de riesgo.
En municipios como Carepa y San Pedro de Urabá, más de 52 usuarios avícolas han participado en estos espacios, donde se abordan temas clave como bioseguridad, identificación temprana de enfermedades y manejo adecuado de las aves.
Para el ICA, la prevención comienza en cada predio. Contar con herramientas básicas, como controles de ingreso, manejo de residuos y separación de especies, puede marcar la diferencia entre un brote contenido y una crisis sanitaria.
El trabajo articulado entre el ICA, Fenavi y las administraciones municipales ha permitido ampliar el alcance de las acciones. Estas entidades han asumido un rol activo en la convocatoria de productores y en la promoción de prácticas responsables.
Fenavi, en particular, ha sido clave en la sensibilización del sector productivo, mientras que los gobiernos locales han facilitado la logística y el acceso a las comunidades rurales. Este enfoque colaborativo busca no solo atender la coyuntura, sino también construir una cultura sanitaria sostenible en el tiempo.
Bioseguridad
Uno de los casos priorizados durante las jornadas fue el de Avícola El Darién, una empresa con dos granjas en la zona y una población cercana a las 130.000 aves. Allí se adelantó un proceso de certificación como granja libre de Salmonelosis Tíficas, un estándar que fortalece las barreras sanitarias en entornos de alto riesgo.
Este tipo de certificaciones no solo elevan la calidad productiva, sino que también funcionan como escudos frente a enfermedades de alto impacto. En regiones como Urabá, donde los traspatios avícolas son numerosos, estas medidas adquieren una relevancia estratégica.
El riesgo no es hipotético, debido a que en 2022, Colombia registró su primer foco de influenza aviar en el Urabá chocoano, una zona limítrofe que comparte condiciones geográficas y productivas con el Urabá antioqueño. (Lea en CONtexto ganadero: Influenza aviar y sus consecuencias en la producción avícola, economía y salud pública nacional)
Ese antecedente encendió las alarmas y dejó como lección la detección temprana y la acción coordinada son fundamentales para evitar la propagación.
Hoy, las jornadas de comunicación del riesgo lideradas por el ICA se convierten en una herramienta clave para anticiparse a un posible brote. La apuesta está en la educación comunitaria, entendida como el primer eslabón de la cadena sanitaria.
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