El aumento sostenido en la producción de pollo y huevo fortaleció el consumo interno, ayudó a estabilizar precios para los hogares y abrió nuevas oportunidades comerciales para los productores de estas proteínas dentro y fuera del país.
En Colombia, el pollo y el huevo se han convertido en uno de los principales ejes de la alimentación diaria, una transformación que hoy se refleja en cifras, hábitos de consumo y en la estabilidad del mercado interno.
Durante 2025 el sector avícola alcanzó una producción cercana a 3,1 millones de toneladas de proteína animal, consolidándose como uno de los pilares del agro nacional y como un factor clave en la seguridad alimentaria del país. (Lea en CONtexto ganadero: Fenavi cierra 2025 por lo alto: Moreno va a la Vicepresidencia del Consejo Mundial del Pollo)
El pollo lideró ese crecimiento con una producción que rozó los dos millones de toneladas, mientras que el huevo superó los 19.400 millones de unidades, un volumen que permitió que el consumo por habitante llegara a 35,7 kilos de pollo al año y a 365 huevos.
Esto confirma que en el país ya se incorporó de forma natural el consumo diario de huevo, una práctica que tiene efectos directos en la nutrición de los hogares y en la disponibilidad constante de alimentos accesibles.
Este comportamiento explica por qué hoy más de la mitad de la carne que se consume en Colombia corresponde al pollo, una realidad que marca un cambio profundo en las preferencias del consumidor, impulsado por la facilidad de acceso, la regularidad en la oferta y la capacidad del sector para responder a la demanda sin generar presiones fuertes en los precios.
Precios estables y alivio para los hogares
El impacto del crecimiento avícola no se quedó en las granjas, llegó directamente al bolsillo de los colombianos. En un contexto de inflación alimentaria, el pollo y el huevo mostraron un comportamiento distinto al de otros productos de la canasta básica, con variaciones de precios más bajas e incluso reducciones, lo que ayudó a contener el gasto familiar y a sostener el consumo en todos los estratos.
Esta estabilidad estuvo respaldada por una estructura de costos más favorable, marcada por la reducción en los precios de los granos utilizados en la alimentación animal y por la dinámica de la tasa de cambio. Dichos factores que permitieron al sector mantener niveles de producción altos sin trasladar incrementos significativos al consumidor final, un resultado que pocas actividades agropecuarias lograron en el mismo periodo.
Del consumo interno a las vitrinas internacionales
Con una base productiva sólida y un estatus sanitario reconocido, la avicultura colombiana comenzó a dar pasos firmes hacia el comercio exterior. En 2025 el país logró abrir mercados que hasta hace poco parecían lejanos, con exportaciones de huevo hacia Cuba y Centroamérica, el ingreso del huevo colombiano al mercado estadounidense para uso industrial y el envío inicial de pollo a Japón, un destino exigente que reconoce la calidad y el cumplimiento técnico del producto nacional.
En total, se exportaron 185 contenedores de huevo, equivalentes a más de 64 millones de unidades, un volumen que marca el inicio de una etapa distinta para el sector, en la que el mercado internacional deja de ser una expectativa y se convierte en una realidad en construcción, apoyada en la articulación institucional y en el trabajo sanitario desarrollado durante años. (Lea en CONtexto ganadero: Huevo colombiano entra al mercado de EE. UU. en medio de un repunte histórico de la demanda)
Colombia cuenta con Sello Ambiental
Un factor diferenciador en este proceso ha sido el enfoque ambiental. Colombia es hoy el único país que cuenta con un Sello Avícola de Sostenibilidad, una certificación que respalda prácticas responsables en el uso del agua, el manejo de residuos, la relación con las comunidades y la reducción de impactos ambientales, un elemento que no solo fortalece la imagen del sector, también genera confianza en compradores y en el sistema financiero
Este reconocimiento ha facilitado el acceso a líneas de crédito orientadas a la modernización sostenible, permitiendo inversiones que fortalecen la competitividad y preparan al sector para nuevos desafíos.
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