El secreto de las 3 hojitas

25 de Marzo 2014
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Queda poca virtud en el criterio de tener días fijos de descanso de la pradera para el próximo pastoreo. Mida la altura de la pradera, constate cuantas hojas vivas tiene, y con base en unos criterios que aquí se exponen conozca el momento óptimo de pastorear.
 
Se ha observado, en diversos eventos que ha realizado la Oficina de Investigaciones Económicas de Fedegán-FNG, con ganaderos, que pese a la amplia experiencia de muchos de ellos en el tema de las praderas, el suministro de forraje se da en forma indiscriminada y sin orden, ofreciendo más de lo que los bovinos necesitan y en no pocos casos, con bajos contenidos nutricionales.
 
También se ha observado que muchos de los que hacen rotación de praderas, lo hacen religiosamente con un número fijo de días (35 días, 45 días, 70 días, etc.), y con una misma carga. De esta manera, las producciones de leche se basan en la programación de praderas para todo el año en función de los días de descanso de los potreros, ocasionando bajas producciones de leche por el uso indiscriminado de forraje y con efectos secundarios como la degradación de las praderas. (Lea: Forraje y pastoreo, conceptos ligados a una mejor producción ganadera)
 
Lo anterior lleva a concluir que existe un vacío de conocimiento respecto a la dinámica de crecimiento de las praderas. Este crecimiento no es constante durante todo el año y fluctúa de acuerdo a la variabilidad climática y ambiental, lo cual significa que hay que establecer el momento en el cual, la pradera ofrece la mayor cantidad de nutrientes, y con base en ello instaurar, criterios de pastoreo, momentos prácticos y fácilmente medibles, que reflejan lo que está pasando con los nutrientes de la planta, dejando así a un lado el simple criterio de pastoreo por número de días de descanso de la pradera.
 
Uso eficiente de las praderas
 
Iván Dario Calvache García, Z. MSc Producción animal, investigador docente de la Facultad de Ciencias Agropecuarias, Universidad de La Salle, nos dice, en un artículo
publicado en Carta Fedegán[1], que el “conocer la dinámica de crecimiento de la pradera nos permite calcular el momento del pastoreo, optimizar la deposición de nutrientes con relación a la disponibilidad de forraje, y asegurar el rebrote de la misma en la próxima cosecha, permitiendo de esta forma, proyectarse en el año y en la capacidad de carga de la finca”. (Galería: Planeación forrajera, clave en la nutrición bovina)
 
Las plantas forrajeras que componen una pradera, bien sea con una sola especie (monofitica) o con varias especies en asociación (polifitica) tienen la capacidad de sobrevivir y crecer bajo un sistema de defoliación permanente (caída de las hojas), el cual está basado más en la fisiología de crecimiento de la pradera que en los días de rotación de los potreros. Esta capacidad está dada por la ubicación de sus “puntos de crecimiento” que se encuentran muy cercanos al suelo y protegidas del daño directo del pastoreo animal o del corte mecánico (Balocchi, et al., 2007).
 
Más sentido común que ciencia
 
La defoliación de las praderas y la velocidad con que se produce, son un componente fundamental en la sobrevivencia y permanencia de la pradera. La velocidad de crecimiento de la pradera aumenta en periodos invernales, por lo que ésta necesita ser defoliada para asegurar su supervivencia. De lo contrario, empiezan a morir hojas del mismo macollo que debieron ser consumidas y afecta los puntos de crecimiento, haciendo que la planta trate de salir más hacia la superficie a buscar luz y que desarrolle más tallo en su parte inferior. Lo anterior ocasiona que las praderas se empiecen a volcar porque el tallo no es capaz de sostener las hojas vivas totalmente elongadas y empieza a haber una competencia entre la misma pradera por captación de luz.
 
El crecimiento de las praderas, descartando las variables de manejo como fertilización y tipo de suelo, está ligado entonces, a tres factores ambientales muy importantes: temperatura, precipitación y luminosidad. Esto hace que el crecimiento o la curva de crecimiento de la pradera durante el año sea distinto, sin tener días fijos de crecimiento así como de pastoreo, puesto que la interacción de estos tres factores afectan el crecimiento y la velocidad de la pradera.
 
La precipitación, el factor clave
 
Los países ubicados en el trópico disponen de luminosidad constante, presentando pequeñas variaciones estacionales de diferencia lumínica (de 15 a 30 minutos). La temperatura, por su parte, es constante con variaciones normales entre estaciones pero sin recaer en periodos invernales prolongados de temperaturas bajo los dos grados.
 
Lo anterior permite concluir que el factor preponderante en el crecimiento de las praderas es la precipitación. En efecto, cuando las lluvias se incrementan, y la temperatura y la luminosidad se mantienen, el crecimiento de la pradera es más rápido. En épocas de verano, donde se presenta restricción de lluvias, se sigue con iguales temperaturas y horas luz pero la velocidad de crecimiento de la pradera se hace más lenta, lo cual hace que los días no se conviertan en un criterio de pastoreo, pues no es lo mismo el crecimiento de la pradera en invierno que en verano, épocas marcadas por el volumen de lluvias.
 
¿Cuándo entonces pastorear?
 
El Rye Grass presenta su mejor contenido nutricional en estado vegetativo, en el momento en el que cada macollo alcanza a tener tres hojas vivas, totalmente expandidas y fotosintéticamente activas. Cuando empieza a nacer la cuarta hoja, la primera empieza a morir, la cual debió ser consumida por el animal porque son nutrientes que se estarían perdiendo. (Lea: Conozca un poco más sobre el pastoreo rotacional)
 
En el Kikuyo se presenta cuando cada estolón en sus yemas alcanza a tener cinco hojas vivas, totalmente expandidas y fotosintéticamente activas. Aquí pasa lo mismo cuando empieza a aparecer la sexta hoja viva nueva, la primera está muriendo y existe una pérdida de nutrientes en la planta, porque las hojas que están en el medio de la primera hoja que está muriendo y la nueva hoja que está saliendo, siguen su proceso normal de crecimiento volviéndose más maduras y disminuyendo su contenido nutricional.
 
Cuando se trata de una pradera compuesta por Rye Grass + Kikuyo, el mejor contenido nutricional de la pradera se presenta cuando los macollos han llegado a tener tres hojas vivas. De ahí en adelante la calidad nutritiva de la pradera empieza a disminuir, pero el número de hojas empieza a aumentar, demostrando que el mejor balance entre calidad nutritiva de la pradera y volumen de forraje es en tres hojas vivas.
 
La altura de la pradera
 
Este es uno de los criterios más fáciles de medir, pues con que se realicen unas mediciones manuales desde el suelo hasta la parte superior de la última hoja nacida y se estandarice un sistema de medida como el tamaño de las botas del operario o simplemente una barra medidora, funciona muy bien para programar el pastoreo. El método se fundamenta en que existe una relación del 95% de confianza que cuando las praderas polifíticas alcanzan una altura entre 15 y 20 cm de altura, cada macollo tiene entre 2,5 y 3 hojas vivas lo cual está asegurando la máxima calidad nutritiva de la pradera sin perder el desbalance entre contenido nutricional y biomasa forrajera.
 
Los kilogramos de materia seca por hectárea
 
En concordancia con el número de hojas vivas y altura de la pradera, entra a jugar el último criterio de pastoreo y tal vez el más importante para programar el modo de pastoreo: los Kilogramos de materia seca por hectárea. (Galería: Así funciona el pastoreo rotacional, fundamental para optimizar la ganadería)
 
Estudios en Nueva Zelanda, sur de Chile y en Colombia realizados por la Universidad de La Salle, han demostrado la correlación fuerte que existen entre estos tres criterios de pastoreo, denotando que bajo esa altura y ese número de hojas vivas en praderas polifíticas se puede encontrar una producción de 2.200 y 2.300 Kilogramos de materia seca por hectárea. Los estudios se han realizado utilizando nuevas técnicas de aforo, como lo es el “Rising Plate Meter”, el cual es una técnica no destructiva, de fácil uso y con un grado de confiabilidad del 90%, claro está previamente estandarizado para praderas de trópico alto.
 
En resumen: mida la altura de la pradera (proceda a medir directamente unos 5 a 10 macollos en todo el potrero a pastorear; constate cuantas hojas vivas tiene, y si se cumple con los criterios anteriormente establecidos, es el momento óptimo de pastorear. Sí se tiene los animales en otro potrero que cumplió simultáneamente con los mismos criterios, se debe tomar la decisión de cosecharlo con máquina y conservarlo, que posteriormente servirá como una fuente de suplementación para los animales, y lo mejor, es que el corte le hace más saludable la pradera y asegurará la persistencia de la misma pues de conservar los criterios de corte siempre se mantendrá en estado vegetativo.
 
Efecto del clima sobre el crecimiento de la pradera
 
Ø  Temperatura
 
Las praderas tienen una temperatura base de crecimiento. Para el Rye Grass es de 5°C y para el Kikuyo es de 7°C. Cuando estas praderas se someten a temperaturas por debajo de su base de crecimiento, el desarrollo de la planta va a ser 0, debido a que la planta inhibe sus funciones fisiológicas de crecimiento y bloque la deposición de nutrientes en sus hojas, aun así estén las otras variables como precipitación y luminosidad constantes.
 
Ø  Precipitación
 
El efecto de la precipitación sobre la calidad nutritiva de la pradera es indirecto, ya que en la medida que se inicia el período de déficit hídrico disminuye la tasa de crecimiento de la pradera, la que puede llegar a valores cercanos a cero en casos extremos. Incluso, sequías severas pueden ocasionar la muerte de plantas, incrementando por tal efecto el contenido de especies no deseadas, como arvenses de raíz profunda.
 
Ø  Luminosidad
 
La luz tiene un efecto directo sobre las praderas, debido a que la velocidad de crecimiento de las praderas se basa en qué tan activa es fotosintéticamente, lo cual va bien ligado a la disponibilidad y a la capacidad de captación de luz de la pradera en función del largo y ancho de sus hojas.