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A conectar el campo

por: Maria Helena Latorre- 31 de Diciembre 1969

En los tiempos que corren -en los que la pandemia ha alterado cada una de las actividades que regían al mundo tal y como lo conocíamos-, el estar conectado con nuestros pares, es una necesidad que cobra inmensa importancia.

Una conexión que no solo alivia la necesidad del contacto y relacionamiento con los individuos de nuestra especie, sino que es un imperativo para alcanzar el progreso de las personas y sus comunidades.

Por supuesto, esta necesidad no es algo nuevo. El surgimiento de la especie humana contó con esa capacidad de conexión como la piedra angular para entender el mundo y conquistarlo. La pandemia, lo que ha hecho, es evidenciar que juntos somos más fuertes y que de nada sirve triunfar si lo haces como individuo y no como comunidad. No será sustentable.

Al campo en Colombia le urge la necesidad de estar conectado: tanto los productores entre sí, como con los demás eslabones que componen la cadena agrícola.

Nuestros productores deben conocerse entre sí, no solo por la confianza que genera saber quiénes son sus vecinos, sino también para compartir información y buenas prácticas que los permitan fortalecerse como comunidad. Que le vaya bien a uno, debe significar que les vaya bien a todos.

De igual manera, es necesario fortalecer la conversación entre todos los actores del sector agrícola para que este pueda desarrollar su inmenso potencial. Nuestro campo tiene una riqueza que, de ser aprovechada de la manera correcta, debe significar una reducción rotunda de la pobreza e informalidad rural.

Dos ejemplos para evidenciar esta necesidad. Por un lado, Galápp, una aplicación que permite que los productores del campo compartan, entre otras cosas, los precios y lugares donde compran sus insumos; esto les permite tomar decisiones basados en la información y evita posibles especulaciones con los precios de los insumos.

Por otro lado, ‘El Agricultor Primero’, una campaña digital que invita a las personas a conectarse con los productores del campo para reconocer el valor de su trabajo y, de paso, agradecer por su determinante labor.

Y así como la pandemia nos ha retado, también debemos aprovechar las enseñanzas que nos deja. Hemos descubierto que abundan las herramientas tecnológicas que favorecen esa conexión, está en nosotros promoverlas y utilizarlas para crecer.

No podemos seguir pensando en el campo como una región ajena a lo que sucede en las ciudades. Es nuestra tarea reconocer el valor de nuestra agricultura, tal y como se lo merece e integrarlo, apoyados en los avances de la tecnología, para desarrollar de una vez por todas su inmenso potencial.