Una vez más el gobierno de Gustavo Petro Urrego amenaza llevarse por delante el esfuerzo productivo de miles de ganaderos, a su cadena de comercialización incluyendo a la industria de la exportación, y deteriorar uno de los objetivos estratégicos de la ganadería colombiana para consolidar su futuro, como es la búsqueda de mercados externos.
El nuevo decretazo, anunciado a todo el país en su alocución televisada el pasado 7 de abril -de prohibir exportar carne bovina y ganado en pie-, hace parte de su ‘genial’ solución para contrarrestar la política de estabilización de precios del Banco de la República, al que le endilga la crisis de intereses altos en la economía omitiendo los efectos del cambio de la deuda externa a tasas especulativas, la cual tendrán que pagar, esa sí, todos los colombianos.
Y es que, desde la pataleta de Germán Ávila, su ministro de Hacienda, en la Junta Directiva del Banco de la República, el primer mandatario no ha cesado su monserga contra esta entidad, a la que acusa de haber provocado una crisis al subir la tasa de interés de política monetaria en 100 puntos básicos, situándola en 11,25 %, en cumplimiento de su función constitucional de mantener el control de la inflación, entre otras.
No es una amenaza de poca monta contra el sector ganadero, de las que ya las pataletas de Petro nos tiene acostumbrados con su tono dictatorial (Porque lo ordena el presidente), porque una medida de tal naturaleza no solo le sirve a su sucesor para asegurar su residencia en la casa de Nariño en la medida en que toca el bolsillo de los colombianos y su comida, sino porque expolia a una parte de un sector empresarial agropecuario que él considera sus enemigos y promotores de la desigualdad, y porque le sirve, además, para desviar la atención de otros problemas, esos sí urgentes que tiene el país como los casos de corrupción en Ecopetrol y en la UNGRD o los gestores de paz.
“…, la exportación de carne no puede seguir. Y quiero ser claro, aquí no tenemos excedentes de carne. Al exportar a China, etcétera, como un gran logro, lo que sucede es que sube el precio de la carne, como sucedió el año pasado, nos eleva entonces la tasa de inflación de alimentos y va contra la política del gobierno. El desestimulo (SIC), y más si se exporta en vivo y más si lo que se exporta son vacas y terneras, estamos acabando nuestro hato ganadero. Luego aquí también vamos a actuar de forma firme. A pesar de que sacrificamos balanza comercial, es preferible que baje el precio de alimentos, baje el precio de la carne para todas las y los colombianos, todas las familias. Y eso no se puede hacer si se sigue permitiendo la exportación”, fue la sentencia de Petro.
La teoría de los excedentes está mandada a recoger hace muchos años. Es enfático en señalar que prefiere sacrificar los ingresos por exportaciones de carne y ganado, que es como patear la lonchera. Esa posición contrasta con los objetivos estratégicos del sector y las tareas que los ganaderos llevan realizando hace más de 30 años para mejorar la competitividad y controlar la fiebre aftosa para competir en mercados internacionales y llevar la carne y la leche a otros consumidores del mundo (desde la creación del Fondo Nacional del Ganado y el Fondo de Estabilización de Precios). La de exportar carne y ganado en pie no ha sido una tarea fácil, con altibajos propios del mercado, pero nunca ha sido obstruida con una medida en contra como la que propone Petro.
Llevar inversión al campo tampoco ha sido fácil; tener una ganadería sostenible con investigación aplicada y desarrollada en Colombia y que hoy es modelo para el mundo, tampoco ha sido fácil. Han sido años de investigación para poner en las manos de ganaderos modelos de producción ganadera positivos en la captura de carbono.
Tampoco ha sido fácil convencer a inversionistas extranjeros a que vengar a invertir en ganadería. Con esa alocución hoy el gobierno le dice a Minerva Food, una multinacional exportadora de carne, que ya no puede exportar, que las plantas que adquirió deben producir para el mercado interno y que muchas gracias por los modelos de ordenamiento de la producción ganadera que ha implementado. ¡Eso se llama seguridad jurídica!
Pero, además, como bien lo advierte Miguel Ángel Lacouture en su columna Cerrar exportaciones no baja el precio de la carne (CONtexto ganadero, 18 de febrero 2026), suspender exportaciones no incrementa la oferta interna estructural, ni reduce costos de producción. Sí reduce empleo rural, liquidez en finca y confianza inversionista. Pretender que cerrar mercados externos abarata la carne es un argumento políticamente útil en año electoral, pero técnicamente equivocado.
Lejos está Petro de la realidad del negocio ganadero, pues el efecto de suspender exportaciones no se traduce en una reducción automática del precio al consumidor, sino que produce una fractura de la dinámica productiva. Además, como lo explica muy bien Lacouture, el precio al consumidor final depende de transporte, intermediación, procesamiento, carga tributaria y costos logísticos urbanos, por lo que la participación del precio de la materia prima (ganado en pie) dentro del precio final de la carne es solo una fracción del valor total en góndola. Todo ello sin contar con el efecto del incremento desorbitado del salario mínimo que, a muy corto plazo, disparará los precios de los bienes y alimentos, es decir, la inflación, que es lo que trata de controlar el Banco de la República.
Que pereza escuchar a Petro para sumarle otro problema, y más grave, a los ganaderos. No le basta la inseguridad y violencia que prohíja con su fallido proceso de paz y su continua exacción de rentas para subsidiar todo lo que se le ocurre, o mejor, todo lo que le convenga.
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